Feijóo enmienda a Vox: promete respetar el Estatuto de Gernika para atraer al PNV

El líder popular escenifica en Bilbao su defensa del Estado autonómico ante empresarios vascos y marca una línea roja territorial para un posible gobierno de coalición. La maniobra busca ensanchar la base electoral del PP captando al centroderecha nacionalista.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Feijóo promete respetar el Estatuto de Gernika y las foralidades vascas durante un acto con empresarios en Bilbao, marcando una línea roja frente a Vox.
  • ¿Quién está detrás? El presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, escenifica en el País Vasco su apuesta por el autonomismo y la seducción del voto centroderecha del PNV.
  • ¿Qué impacto tiene? Refuerza la posición del PP como garante del Estado autonómico, ensancha su base electoral más allá de la derecha y fija un límite claro para un posible gobierno de coalición con Abascal.

Alberto Núñez Feijóo ha dado este martes en Bilbao un paso estratégico en su carrera hacia la Moncloa: prometer el respeto escrupuloso del Estatuto de Gernika y las foralidades vascas, en un claro desmarque de la política territorial de Vox. La maniobra, ejecutada ante un auditorio de empresarios cercanos al PNV, busca seducir a la base centroderecha del nacionalismo vasco y afianzar la idea de que un gobierno del PP, incluso con la presencia de Santiago Abascal, no alteraría la arquitectura autonómica.

La escenificación no es casual. Feijóo eligió la factoría de Petronor —vinculada históricamente al PNV— y el Círculo de Empresarios de Bizkaia para lanzar un mensaje diáfano: la defensa del autogobierno vasco no es incompatible con un proyecto de centro-derecha nacional. Fuentes presentes en la jornada aseguran que los empresarios le trasladaron su hartazgo con el Gobierno de Sánchez, especialmente por la presión fiscal y la Agenda 2030, y el líder popular les tendió una red de medidas de competitividad industrial y desregulación burocrática.

Esta jugada se suma a las líneas rojas que Génova ya había esbozado en febrero con un documento marco para homogeneizar los pactos con Vox: antes fueron la ley del aborto y los derechos LGTBI; ahora, el modelo territorial. Feijóo, que hace unas semanas reconoció por primera vez la posibilidad de una coalición de gobierno con Abascal en El Hormiguero, trata de tranquilizar al centro político mientras sus barones negocian in extremis en Andalucía.

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Precisamente en Andalucía, la negociación con Vox ha superado el reparto de sillones y las capitulaciones programáticas, pero se ha encallado en el control de los medios públicos. Los de Abascal presionan para incrementar su presencia en el Consejo de Administración de RTVA y así influir en los informativos regionales. Aunque la dirección nacional del PP ha marcado pautas comunes, el presidente Juanma Moreno estudia ceder —o no— bajo la atenta mirada de Génova, que no quiere que el pulso mediático empañe la estrategia territorial de Feijóo.

La promesa de Feijóo no es un simple guiño al PNV; es la constatación de que el PP asume el Estado autonómico como pilar de su oferta de gobierno, incluso con Vox en el Consejo de Ministros.

El núcleo duro del discurso en Bilbao fue una enmienda a la totalidad del centralismo de Vox sin citarlo expresamente: «Aquellos que dicen que quieren mucho a España, pero no están dispuestos a defender el Estado de las autonomías, ni los estatutos de de las comunidades autónomas, ni las foralidades de esta comunidad junto con Navarra, es que no la quieren mucho». Con esta frase, Feijóo sitúa a su hipotético socio de gobierno en la diana del anticonstitucionalismo, al tiempo que se presenta como el guardián del diseño territorial de 1978.

No faltó una alusión a su propia trayectoria. «A veces escucho eso de que tengo una visión centralista, pero yo vengo de jugar desde el córner», dijo Feijóo, en referencia a sus años como presidente de la Xunta, donde gestionó un Estatuto de autonomía de primera generación. El mensaje caló entre los mandos populares consultados: «Por su origen gallego y por la estructura real del país, prometió que nada cambiará aunque Vox esté en el gobierno». La dirección nacional interpreta que este aval tranquiliza a la casta empresarial vasca y al electorado moderado del PNV.

La paradoja es evidente: mientras Génova normaliza los pactos con Vox y acepta que Abascal pueda ser vicepresidente, Feijóo dedica jornadas enteras a limar las aristas más ásperas para el votante de centro. Es el juego del palo y la zanahoria que definirá los próximos meses. Con el gesto de Bilbao, el PP fija una frontera ideológica clara en el capítulo autonómico y se coloca en el espacio del constitucionalismo pragmático, justo el caladero que el PNV abandonó durante la legislatura de Sánchez.

El Eje del Poder Popular

La visita al País Vasco y la defensa explícita del Estatuto de Gernika revelan un reposicionamiento estratégico que va más allá de una simple declaración. Feijóo necesita a los barones territoriales alineados, y un PP que abandere las foralidades vascas envía un mensaje de coherencia a autonomías tan dispares como Galicia o Andalucía. Isabel Díaz Ayuso, que ha coqueteado ocasionalmente con críticas al modelo autonómico, se beneficiará de un relato que despeje las acusaciones de centralismo. Juanma Moreno, por su parte, podrá justificar sus concesiones a Vox en Andalucía como puramente pragmáticas, sin que ello erosione el discurso autonomista del partido.

En el terreno práctico, la promesa de Feijóo funciona como un ancla para futuros pactos postelectorales. Si el PP logra formar gobierno, el respeto a los estatutos —incluido el vasco— será un requisito no negociable que Vox deberá aceptar para entrar en el Ejecutivo. Con esta maniobra, Feijóo se blinda: si Abascal cede, el PP habrá impuesto su agenda constitucional; si se niega, el PP podrá presentarse como la única opción de gobierno que respeta la pluralidad territorial.

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El flanco débil, sin embargo, sigue siendo la negociación en Andalucía, donde las concesiones a Vox en medios públicos pueden enturbiar el mensaje de autonomía imperturbable lanzado en Bilbao. Si Moreno termina cediendo el control informativo en RTVA, los rivales del PP —y los socios que se pretenden seducir— tendrán un argumento para acusar de incoherencia. Génova lo sabe y aprieta discretamente para que el cierre del acuerdo no desdibuje la línea roja que el propio Feijóo acaba de pintar sobre el mapa autonómico.

La lectura a medio plazo es que Feijóo apuesta por un PP mayoritario y transversal, capaz de crecer por el flanco centro sin perder la alianza con la derecha de Vox. En el País Vasco, un territorio donde el voto popular sigue siendo residual, el presidente nacional ha plantado una bandera simbólica que, de cuajar, podría cambiar las dinámicas electorales en las próximas generales. La cuestión es si Abascal aceptará el envite o si, por el contrario, hará del rechazo al concierto vasco una nueva trinchera de desgaste.

🏛️ El Apunte de Génova

  • Mensaje fuerza: El PP es el único partido que defiende de forma coherente el Estado autonómico y los estatutos que lo conforman, incluidos los forales, frente al centralismo de Vox y la deriva de Sánchez.
  • Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del PP).
  • Próximo hito: Cierre de la negociación autonómica en Andalucía sobre los medios públicos, esperado en los próximos días, que pondrá a prueba la consistencia del discurso territorial popular.