Marruecos desarticula célula del Estado Islámico que planeaba atentados desde el Sahel

El Buró Central de Investigaciones Judiciales intercepta a diez yihadistas con explosivos y un vehículo suicida. La célula operaba en siete ciudades y recibía instrucciones directas de la franquicia del Estado Islámico en el Sahel. La operación reactiva las alertas sobre la expan

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Marruecos ha desmantelado una célula del Estado Islámico que preparaba atentados en varias ciudades del país. Diez personas han sido detenidas y se ha incautado armamento, explosivos y un vehículo preparado para un ataque suicida.
  • ¿Quién está detrás? La operación la ha ejecutado el Buró Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ), en coordinación con servicios de inteligencia del Sahel. La célula recibía instrucciones directas de la rama yihadista del Estado Islámico en el Sahel.
  • ¿Qué impacto tiene? La célula desarticulada evidencia la expansión de la amenaza yihadista hacia el Magreb y, por extensión, hacia las fronteras de España y el sur de Europa. Refuerza la alerta sobre la inestabilidad en el Sahel como incubadora de atentados en suelo europeo.

El Buró Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ) de Marruecos ha detenido este lunes a diez presuntos miembros de una célula yihadista vinculada al Estado Islámico en el Sahel, que se encontraba en una fase avanzada de preparación de atentados con artefactos explosivos y un vehículo suicida. Las detenciones se produjeron en redadas coordinadas en Agadir, Taroudant, Casablanca, El Hajeb, Tetuán, Fqih Ben Salah y Safi, según ha confirmado el organismo antiterrorista marroquí.

La operación, fruto de meses de seguimiento, ha permitido incautar armas, productos químicos, equipos para fabricar bombas, cuchillos, uniformes militares, manuscritos extremistas con instrucciones detalladas para el ensamblaje de explosivos, material informático y dos grabaciones con juramentos de lealtad al Estado Islámico. Durante el registro de un almacén en la ciudad de Inezgane, los agentes hallaron un vehículo cuyo depósito de combustible había sido modificado para funcionar con gas butano, listo para ser utilizado en un atentado suicida o en un atropello masivo contra objetivos sensibles.

Una célula teledirigida desde el Sahel

El BCIJ ha señalado que los detenidos recibían orientación y apoyo directo de la filial del Estado Islámico en el Sahel, la provincia del grupo que opera en la volátil región del trifinio entre Malí, Níger y Burkina Faso. Esta rama, junto con el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM, por sus siglas en árabe), vinculado a Al Qaeda, ha intensificado sus ataques contra objetivos militares y civiles en los últimos meses, aprovechando la debilidad de los Estados centrales.

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No es la primera vez que Marruecos frustra planes de esta naturaleza. En 2023, un ataque reivindicado por el Estado Islámico en Casablanca acabó con la vida de un policía. En febrero de 2025, el BCIJ desmanteló una célula de doce miembros leales al grupo que proyectaba atentar contra intereses nacionales y extranjeros. Y en julio del año pasado, cuatro presuntos extremistas fueron arrestados entre Tetuán y Chefchaouen. El jefe de la lucha antiterrorista marroquí, Habboub Cherkaoui, ha advertido recientemente de que las ramas africanas del Estado Islámico han reclutado a más de 130 marroquíes en los últimos años, una cifra que ilustra el riesgo de retorno de combatientes y la radicalización endógena.

El Sahel como amenaza para la seguridad europea

Las advertencias del Consejo de Seguridad de la ONU y de numerosos think tanks coinciden: los grupos yihadistas del Sahel buscan ampliar su radio de acción más allá de sus feudos tradicionales. La célula ahora desarticulada había planificado atentados en Marruecos, país que actúa como dique de contención entre el Sahel y Europa. El hallazgo de un vehículo suicida en Inezgane, a apenas 300 kilómetros de Canarias y a 1.500 de la Península, subraya la proximidad de la amenaza.

El modus operandi —células durmientes con directrices externas, adiestramiento remoto y material explosivo artesanal— es un patrón que los servicios de inteligencia europeos consideran perfectamente replicable en suelo comunitario. España, con sus ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y su condición de punto de entrada al espacio Schengen, se sitúa en la primera línea de ese riesgo. En los últimos años, la cooperación antiterrorista con Rabat ha sido clave para interceptar a combatientes retornados y desarticular redes.

Equilibrio de Poder

La operación marroquí llega en un momento de máxima tensión en el Sahel, donde la retirada de las fuerzas francesas y la frágil presencia de la UE dejan un vacío que Moscú intenta explotar con propaganda y su proxy Wagner. No obstante, la capacidad del BCIJ para neutralizar una célula con conexiones tan directas con el comando central del Estado Islámico en el Sahel demuestra que el reino alauita sigue siendo el socio más fiable de Occidente en la región. Para España, esa fiabilidad es estratégica: más del 40% del gas que llega a la Península cruza el Magreb, y la estabilidad de Marruecos es la primera barrera frente a flujos migratorios descontrolados y atentados.

Sin embargo, la expansión yihadista no se frena solo con operaciones policiales. Mientras los estados del Sahel sigan colapsados y la cooperación internacional se limite a la contención, las células seguirán brotando. Rabat ha hecho los deberes: su gasto en seguridad interior y su red de inteligencia en el Magreb son la envidia de muchos países europeos. Pero la ecuación de seguridad no puede descansar únicamente en la eficacia marroquí. Si el flanco sur se derrumba, ni el SIVE ni el sistema antiaéreo Patriot evitarán las reverberaciones en territorio español.

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La frontera sur de Europa se defiende a 1.500 kilómetros de Algeciras, en los polígonos industriales de Inezgane y en los callejones de Agadir.

La administración Trump, centrada en la competición con Pekín y en la redefinición de su compromiso con la OTAN, mira al Sahel con desinterés táctico. Bruselas, por su parte, sigue diseñando misiones de entrenamiento mientras los yihadistas entrenan sobre el terreno. La desarticulación de ayer es una victoria, pero también un recordatorio de que el tiempo juega en contra. La próxima célula que cruce el Estrecho no traerá un cinturón de explosivos: llegará con un pasaporte europeo y un plan más silencioso.