Trump evaluará la venta de F-35 a Turquía: el movimiento que altera el equilibrio en el Mediterráneo, zona clave para España

La posible venta de cazas de última generación a Ankara reabre el debate sobre la seguridad marítima y energética. La estabilidad del Mediterráneo oriental es vital para las rutas comerciales y el suministro de gas a España.

El tablero del Mediterráneo Oriental está a punto de moverse. El anuncio de que Donald Trump evaluará la venta de cazas F-35 a Turquía puede reconfigurar el equilibirio militar en una región que España vigila con atención: sus rutas comerciales y el suministro de gas natural pasan por allí.

Indignómetro

Nivel de impacto para España: 8/10. La decisión afecta a la estabilidad de una zona estratégica para la economía española y podría tensar la cohesión de la OTAN, de la que España es miembro fundador.

El Mediterráneo que nos importa: energía, comercio y proyección de España

Para España, el Mediterráneo es mucho más que un destino turístico. Más del 40% del gas natural que consume llega por barco desde Argelia, cruzando un mar donde las disputas territoriales entre Grecia, Turquía y Chipre han estado a punto de escalar en los últimos años. Si Turquía recibe los F-35, el caza furtivo más avanzado de Estados Unidos, la balanza de poder podría inclinarse de forma peligrosa, avivando viejas tensiones y poniendo en jaque la seguridad de las rutas de suministro.

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La presencia de España en la Alianza Atlántica la convierte en un actor con intereses directos. Cualquier movimiento que altere la disuasión en el flanco sur de la OTAN repercute en la capacidad de respuesta colectiva y, por tanto, en la imagen del país como socio fiable y en la estabilidad de sus mercados de exportación.

De la prohibición a la posible luz verde: el laberinto del F-35

La historia viene de lejos. En 2017, Turquía compró el sistema de defensa aérea ruso S-400, lo que llevó a Washington a expulsar a Ankara del programa F-35 y a imponer sanciones bajo la ley CAATSA. Ahora, la Administración Trump quiere desbloquear la venta, pero necesita que el Congreso modifique la Ley de Autorización de Defensa Nacional y que Turquía acepte algún tipo de supervisión estadounidense sobre los S-400. La negociación avanza sobre una promesa de cinco aviones que, según el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, ya se le hicieron en el pasado. El propio Trump afirmó este martes, sentado junto a Erdogan, que la decisión ‘se va a tomar’ y que no tiene ‘ninguna preocupación’ por el sistema ruso.

En juego no está solo un puñado de cazas: Turquía quiere 40 F-35A y otros 40 F-16V, además de motores GE Aerospace F110 para su avión de combate nacional Kaan. Es una modernización masiva que convertiría a su fuerza aérea en la segunda más potente de la OTAN, solo por detrás de Estados Unidos. Un salto tecnológico que ningún otro socio mediterráneo de la Alianza puede igualar a corto plazo. Y es precisamente ese desfase el que inquieta a los estrategas españoles, conscientes de que la brecha de capacidades podría traducirse en una menor influencia en las decisiones de la Alianza.

Para España, la noticia añade una variable estratégica en un momento en que el Gobierno revisa su propia inversión en defensa. La exigencia de Trump de que los aliados destinen el 5% del PIB al gasto militar resuena con fuerza en los pasillos de la cumbre de Ankara. España, que históricamente ha estado por debajo del objetivo del 2%, deberá evaluar si este nuevo reparto de cartas en el Mediterráneo acelera la necesidad de reforzar sus capacidades.

Lecciones de un pasado que España ya conoce

No es la primera vez que una transferencia de armas sofisticadas redibuja el mapa de influencias en el Mediterráneo. Basta con recordar la crisis del gas de 2020, cuando los sondeos turcos en aguas reclamadas por Grecia y Chipre estuvieron respaldados por una marina renovada y, meses después, por la adquisición de fragatas y drones de combate. España, que entonces medió discretamente, vio cómo la tensión encarecía el gas y ralentizaba proyectos energéticos en los que participaban empresas españolas.

Ahora, la posibilidad de que Ankara opere cazas de quinta generación puede animar a otros actores regionales a buscar contrapesos, acelerando una carrera armamentística cuyo coste económico y político se dejará sentir en toda la ribera del Mare Nostrum. Para España, que se ha consolidado como un puente entre el norte de África y Europa, la pérdida de estabilidad en el Mediterráneo oriental se traduce en mayores primas de riesgo energético y en una menor capacidad de influencia diplomática.

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La posible entrega del F-35 a Turquía añade una variable estratégica en un momento en que el Gobierno revisa su propia inversión en defensa.

Mientras tanto, en la cumbre de la OTAN se respira una cordialidad que no se veía desde hace años. Trump es el primer presidente estadounidense que pisa Ankara en 17 años; Erdogan le ha recibido con honores militares y promesas de cooperación energética en el Cáucaso y Oriente Medio. Pero la paz en los salones contrasta con la tensión que se acumula bajo la superficie del mar que compartimos.

Los próximos meses serán decisivos. Si el Congreso estadounidense levanta el veto y los F-35 llegan a manos turcas, el Mediterráneo cambiará de dueño en el aire. Y España, quiera o no, tendrá que leer ese cambio en clave de seguridad nacional.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: Donald Trump ha abierto la puerta a vender aviones F-35 a Turquía, país excluido del programa desde 2017 por haber comprado el sistema ruso S-400.
  • Datos importantes: Turquía solicita 40 F-35A, 40 F-16V y motores para su caza nacional Kaan. La OTAN debate elevar el gasto militar al 5% del PIB.
  • Resumen: La venta modificaría el equilibrio de poder en el Mediterráneo Oriental, zona vital para el suministro energético de España y la estabilidad de sus rutas comerciales.