EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Parlamento Europeo ha autorizado este jueves iniciar los trílogos sobre el euro digital con 416 votos a favor, 169 en contra y 22 abstenciones.
- ¿Quién está detrás? La Eurocámara, con el PPE como principal impulsor. El eurodiputado español Fernando Navarrete (PPE) liderará las negociaciones con los Estados miembros.
- ¿Qué impacto tiene? España, como país de la zona euro, deberá garantizar el efectivo y permitir pagos digitales gratuitos. Las empresas tendrán que aceptarlo, salvo microempresas y autónomos sin medios digitales previos.
Bruselas ha dado este jueves un paso decisivo hacia la moneda única digital. El pleno del Parlamento Europeo aprobó por amplia mayoría —416 votos a favor, 169 en contra y 22 abstenciones— el inicio de las negociaciones interinstitucionales con el Consejo sobre el euro digital, la nueva forma electrónica de dinero emitida por el Banco Central Europeo. El español Fernando Navarrete Rojas (PPE) encabezará el equipo negociador de la Eurocámara.
La votación despeja el camino para el trílogo, la negociación a tres bandas entre Comisión, Consejo y Parlamento que definirá el diseño final de la moneda. El respaldo fue contundente, pese a la impugnación presentada por los grupos de Patriotas por Europa y Conservadores y Reformistas Europeos contra dos de los expedientes del paquete legislativo. La impugnación fue rechazada y el tercer expediente —relativo al curso legal de los billetes y monedas en euros— ni siquiera fue impugnado, por lo que las negociaciones también arrancarán, según el artículo 72 del reglamento del Parlamento Europeo.
La Eurocámara avala el trílogo con los Estados miembros
La decisión de la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios de abrir negociaciones interinstitucionales, adoptada el 23 de junio, fue ratificada por el hemiciclo con un voto que superó las divisiones habituales. Los 416 votos a favor incluyen a populares, socialistas, liberales de Renew y parte de los Verdes. Los 169 votos en contra proceden de Patriotas, Conservadores y Reformistas y el grupo de las Naciones Soberanas. El de los 22 eurodiputados que optaron por la abstención refleja que el debate no es técnico: toca la soberanía monetaria y la privacidad de los ciudadanos.
El eurodiputado Navarrete, ponente de los tres textos legislativos, destacó en su intervención que el euro digital «no sustituye al efectivo, sino que lo complementa» y que las transacciones «se verificarán sin revelar datos personales, que solo se tratarán en la medida estrictamente necesaria para el funcionamiento del sistema». La posición negociadora del Parlamento, que puedes consultar aquí, incluye garantías de privacidad, gratuidad de los servicios básicos y la obligación de que la mayoría de las empresas acepten pagos en euros digitales.
Qué cambia para los ciudadanos y las empresas españolas
El euro digital aterrizará en la zona euro con un mandato claro: los bancos y proveedores de servicios de pago de cualquier país de la UE, incluso de los que no comparten la moneda única, podrán distribuirlo. Para España, eso significa que los turistas de fuera del euro también podrán pagar con euros digitales sin cambiar divisa, un espaldarazo para el sector servicios. Los servicios básicos —apertura de cuenta, mantenimiento y un instrumento de pago— serán gratuitos, y existirá un límite máximo al número de euros digitales que cada persona podrá mantener, para proteger el sistema financiero.
Las obligaciones para el tejido empresarial español son inmediatas: la mayoría de las empresas tendrán que aceptar pagos en euros digitales. Quedan exceptuados los trabajadores por cuenta propia y las microempresas que ya no acepten otros medios de pago digitales, una exención que fue celebrada por asociaciones de autónomos. Los Estados miembros deberán garantizar el acceso al dinero en efectivo y supervisar periódicamente su disponibilidad, con especial atención a los grupos vulnerables, como las personas mayores o quienes no tienen acceso al sistema bancario tradicional.

El euro digital no es un apéndice técnico: es la respuesta de Bruselas a la dependencia de proveedores extracomunitarios y la apuesta por una soberanía de pagos con sello europeo.
El Eje del Poder Europeo
La luz verde al trílogo del euro digital desnuda las tensiones que habitan el proyecto. La Comisión Europea y el BCE llevan años empujando la idea como contrapeso al dominio de Visa y Mastercard, pero los Estados miembros se dividen entre los que temen una desintermediación bancaria y los que ven una oportunidad estratégica. Francia y Alemania, los dos motores del euro, han mostrado cautela ante los límites de tenencia y el impacto en sus sistemas financieros nacionales. Los países del norte, con Países Bajos a la cabeza, insisten en que la privacidad debe quedar garantizada sin fisuras, mientras que los del sur, incluida España, ponen el foco en la inclusión financiera y en la gratuidad de los servicios.
Para España, la presencia de Navarrete como jefe negociador de la Eurocámara sitúa a Madrid en el centro del tablero. El eurodiputado del PP tendrá que conciliar la posición maximalista del Parlamento (servicios gratuitos, aceptación obligatoria) con la resistencia de algunos Estados miembros a financiar la infraestructura. La primera ronda de negociaciones, que comenzará próximamente bajo la presidencia irlandesa del Consejo, será crucial para ver si el eje franco-alemán acepta la senda pactada o si, como observamos en otros trílogos, los grandes Estados ralentizan el proceso para cuando vuelvan a casa. El calendario es apretado: la presidencia belga del segundo semestre de 2026 quiere cerrar el acuerdo antes de que acabe el año.
El euro digital aspira a ser la versión europea de una CBDC (moneda digital de banco central) con altos estándares de protección de datos. Cabe recordar que el BCE ya avanza en paralelo en la fase de prototipo, y que los test técnicos han mostrado la viabilidad de pagos offline —una funcionalidad que el Parlamento quiere incluir por ley—. Lo que está en juego va más allá de la tecnología: se trata de decidir si la Unión Europea quiere tener su propio instrumento de pago paneuropeo o si, por el contrario, prefiere seguir dependiendo de pasarelas estadounidenses para el día a día de sus ciudadanos.
