Madrid renueva los paneles de vidrio del Viaducto de Segovia con 23.000 €

La intervención, que durará entre 10 y 12 días, devolverá la transparencia a los 240 metros lineales de mamparas. Los trabajos están incluidos en el contrato de limpieza municipal y no suponen un gasto extra para las arcas públicas.

Con paciencia de artesano y rascador en mano, dos operarios retiran las viejas láminas protectoras de los paneles del Viaducto de Segovia. El vinilo, opaco por años de sol, lluvia y actos vandálicos, sale a tiras. Detrás queda el cristal, listo para recibir una nueva piel. La intervención, que comenzó ayer 8 de julio, supone una inversión de 23.000 euros y devolverá la nitidez a uno de los balcones más transitados hacia Madrid Río.

Según ha informado ABC, el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, supervisó el arranque de los trabajos junto al concejal de Centro, Carlos Segura. La operación afecta a los 240 metros lineales de mamparas de vidrio (120 por cada sentido) y se prolongará entre 10 y 12 días, sin que ello suponga un gasto extra para las arcas municipales porque está incluida en el contrato de limpieza.

Por qué el viaducto vuelve a mudar de piel

Los paneles de cristal que hoy protegen a peatones y conductores se instalaron a finales de los años 90 con una doble misión: impedir los suicidios que durante décadas hicieron tristemente célebre el enclave y garantizar la seguridad de quienes cruzan el puente. En 2019 se añadieron los primeros vinilos protectores para evitar que los grafitis dañaran directamente el vidrio y facilitar su limpieza. Aquella lámina se renovó en 2023 y ahora, en 2026, vuelve a cambiarse.

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Carabante lo explicó con una metáfora doméstica: “Es como el protector que ponemos en la pantalla del móvil”. El símil es certero. El vinilo soporta el desgaste diario, las pintadas y las inclemencias meteorológicas. Cuando se opaca o se llena de arañazos, se retira y se coloca uno nuevo, sin necesidad de sustituir el cristal, lo que ahorra costes y residuos.

Lo que el peatón gana en transparencia (y lo que no pierde durante las obras)

El proceso, que los operarios repiten cada media hora por mampara, consta de varios pasos: retirada del vinilo viejo con rascadores, aplicación de un líquido para disolver los restos de adhesivo, limpieza con agua y jabón, y colocación del nuevo material. La última pasada con espátula elimina las burbujas y pliegues. El resultado es un panel cristalino que devuelve las vistas despejadas hacia la cornisa oeste de la capital.

Mientras duran los trabajos, ni el tráfico ni el paso peatonal se interrumpen. Los operarios actúan panel a panel sin invadir la calzada. De hecho, la única molestia para los viandantes es el fuerte olor químico del adhesivo, que el calor de julio vuelve más penetrante. Nada que un paseo rápido no solvente.

La lámina antigua presentaba numerosos arañazos, marcas y un deterioro que dificultaba parcialmente la visión desde el mirador. Una vez concluida la renovación —prevista para el 19 o 20 de julio—, las fotografías y los selfis recuperarán la nitidez que el paso de los meses había ido robando.

El Viaducto de Segovia es mucho más que un puente: es un balcón con historia que cada pocos años necesita un lavado de cara para seguir siendo el mirador perfecto de Madrid Río.

23.000 euros bien empleados: ¿mantenimiento inteligente o solución de usar y tirar?

En esta redacción hemos consultado con fuentes municipales y la cifra se ajusta a lo esperado: 23.000 euros para renovar 240 metros lineales de vinilo equivale a unos 96 euros por metro. Teniendo en cuenta que el contrato de limpieza absorbe el coste sin generar partidas nuevas, la operación es económicamente eficiente. Sin embargo, queda en el aire una pregunta: ¿por qué los vinilos apenas duran tres años si están diseñados para soportar la intemperie?

El Ayuntamiento no ha detallado si se ha valorado el uso de materiales más duraderos. En ciudades como Barcelona, algunos miradores expuestos al vandalismo han optado por tratamientos antigrafiti integrados en el propio vidrio, lo que evita la sustitución periódica de láminas. Madrid, de momento, prefiere la solución de quita y pon, que aunque barata a corto plazo, obliga a intervenir cada poco tiempo.

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Cabe recordar que el viaducto no solo es patrimonio histórico —se construyó hace más de 150 años con estructura de hierro y se forró de hormigón cuatro décadas después— sino también una de las principales puertas de entrada al centro y un símbolo de la capital. Mantenerlo impecable es una obligación. La próxima renovación, si se mantiene la cadencia actual, tocará en 2029. Para entonces, tal vez convenga preguntarse si no hay una alternativa que dure más de tres años.