Meta invertirá miles de millones en un centro de datos de IA fuera de Estados Unidos

Meta construye en Alberta su primer centro de datos de IA fuera de Estados Unidos, con una inversión de 13.000 millones de dólares canadienses. La jugada refleja las presiones energéticas y sociales que empujan a las tecnológicas a buscar suelo fuera de casa.

Meta ha anunciado este martes la construcción de su primer centro de datos de inteligencia artificial en Canadá, un proyecto de 13.000 millones de dólares canadienses (unos 9.300 millones de euros) que subraya la creciente apuesta de los gigantes tecnológicos por desplegar infraestructura digital más allá de sus fronteras. Una inversión que, a su vez, plantea preguntas estratégicas para Washington y para países como España.

Un gigavatio en las praderas de Alberta

La compañía de Mark Zuckerberg ha elegido el condado de Sturgeon, en la provincia de Alberta, para levantar un campus de 1 gigavatio optimizado para IA. Las cifras son elocuentes: más de 3.000 empleos en la fase de construcción y alrededor de 300 puestos operativos permanentes. Además, Meta destinará 60 millones de dólares canadienses a mejoras en infraestructuras locales –carreteras, saneamiento– y a subvenciones para entidades sin ánimo de lucro de la zona.

El proyecto es el número 33 de la flota global de centros de datos de Meta y el primero que instala en suelo canadiense. Una decisión que, según fuentes de la empresa consultadas por Moncloa.com, responde tanto a la creciente presión energética y regulatoria en Estados Unidos como a la disponibilidad de suelo, agua y electricidad en la región.

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Energía 100% renovable y cero agua operativa

Meta ha asegurado que toda la electricidad consumida por el centro de datos estará respaldada por fuentes 100% limpias y renovables. A eso se suma un sistema de refrigeración líquida en circuito cerrado con enfriamiento seco, que elimina por completo el uso de agua en los procesos de climatización. El consumo hídrico se limitará a usos domésticos, protección contra incendios y mantenimiento de equipos.

No es un detalle menor. Los centros de datos de IA consumen cantidades gigantescas de energía y agua. Según el Environmental and Energy Study Institute, una instalación de gran tamaño puede llegar a utilizar hasta 19 millones de litros de agua al día, el equivalente al consumo de una ciudad de entre 10.000 y 50.000 habitantes. Meta rompe con ese modelo y apuesta por una refrigeración que no competirá con los recursos hídricos de la comunidad.

Meta busca en Canadá lo que ya no encuentra fácilmente en casa: electricidad verde abundante, un clima favorable y vecinos más receptivos.

La lógica de Washington

Del otro lado de la frontera, el ambiente para nuevos centros de datos se ha enrarecido. Una encuesta de Gallup publicada en mayo reveló que 7 de cada 10 estadounidenses rechazan la construcción de estas instalaciones en sus comunidades locales. Y el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, llegó a sugerir el pasado 30 de junio que se “prohíban” los centros de datos de IA en zonas rurales de su estado, vinculando esa oposición a los “valores del este de Texas”. No es una anécdota: Texas es uno de los grandes polos tecnológicos del país.

Ese rechazo local, unido a las crecientes dificultades para garantizar suministro eléctrico estable y suficiente en algunas regiones, empuja a las tecnológicas a buscar alternativas. Y Canadá —con sus vastos recursos energéticos, regulaciones más previsibles y un gobierno provincial conservador que da la bienvenida a la inversión— se presenta como un socio ideal. Washington, por ahora, observa sin intervenir. La Casa Blanca no ha emitido ninguna declaración sobre el proyecto, y la legislación federal no penaliza la construcción de centros de datos en el extranjero. Pero en los pasillos del Congreso ya hay quien ve con recelo que infraestructura estratégica para la IA se levante fuera del territorio estadounidense.

Para España, la operación tiene una lectura doble. Por un lado, confirma que la batalla por atraer inversión en infraestructura digital es global y que compite con destinos como Alberta, que ofrecen energía abundante y barata. Por otro, refuerza el atractivo de las regiones españolas que están apostando por parques tecnológicos y redes de energía renovable —Aragón, Castilla-La Mancha— y que ya han captado proyectos de centros de datos de empresas como Amazon, Google o la propia Meta. La jugada canadiense no debe verse como una amenaza sino como un espejo: si Meta valora el acceso a electricidad limpia y la cooperación institucional, España tiene argumentos para subir la apuesta. El riesgo es que la fragmentación regulatoria o las demoras administrativas en Europa dejen pasar el tren.

Ficha del Caso

  • El caso: Meta anuncia la construcción de un centro de datos de IA de 1 GW en Alberta, Canadá, con una inversión superior a 13.000 millones de dólares canadienses.
  • Datos clave: 3.000 empleos en construcción, 300 permanentes; 60 millones en infraestructura local; energía 100% renovable; sistema de refrigeración sin consumo de agua operativa.
  • Para España: La decisión evidencia la competencia global por la infraestructura de IA y subraya la necesidad de agilizar la oferta de suelo y energía limpia en el país para no perder terreno frente a otras regiones.