El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha presionado al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para que retire las tropas de Siria y comience el repliegue desde el sur del Líbano, según reveló el portal Axios y confirmaron fuentes oficiales de ambos países a Moncloa.com. La exigencia, trasladada durante una conversación telefónica mantenida la semana pasada, tensa aún más la relación entre Washington y Tel Aviv y apunta a un rediseño radical de la arquitectura de seguridad en el Levante.
El mensaje de Trump: sacar a Israel de Siria y Líbano
Según el relato de Axios, Trump fue directo: ‘No te quieren allí. Deberías retirarte’, le espetó a Netanyahu durante una llamada telefónica mantenida el jueves pasado. La Casa Blanca declinó comentar los detalles de la conversación pero no desmintió el relato, limitándose a reiterar su apoyo a la seguridad de Israel. No es la primera vez que el presidente critica a Netanyahu: en las últimas semanas ha arremetido contra él en privado, según fuentes citadas por medios estadounidenses, llegando a calificarlo de ‘loco’ y acusándolo de tener ‘un juicio terrible’.
La presión de Trump se produce apenas unos días después de que el presidente estadounidense se reuniera con su homólogo sirio, Ahmad al-Sharaa, en los márgenes de la cumbre de la OTAN celebrada en Turquía a principios de julio. Ese encuentro, el primero de alto nivel entre ambos países desde la fractura de la guerra civil, ha sido el disparador del nuevo acercamiento de Washington a Damasco. La Administración Trump lleva meses tratando de negociar un acuerdo de seguridad entre Israel y Siria que estabilice la zona y aleje a Damasco de la órbita iraní.
En paralelo, la Casa Blanca intenta poner en marcha el acuerdo marco alcanzado el mes pasado entre Israel y Líbano. Ese pacto compromete a las FDI a retirarse de dos ‘zonas piloto’ en el sur del país y permitir el despliegue del ejército libanés. Hasta la fecha, sin embargo, Israel no ha iniciado el repliegue. El marco libanés se considera crucial para evitar que Hezbolá aproveche el vacío de seguridad, pero la falta de avances está frustrando los esfuerzos diplomáticos de Washington.
Israel justifica su permanencia militar en ambos territorios como una medida necesaria para prevenir ataques transfronterizos similares al del 7 de octubre de 2023. Varios miembros del Gobierno de Netanyahu, incluidos altos cargos, han abogado por una presencia indefinida e incluso por el establecimiento de asentamientos judíos en las zonas ocupadas. En un comunicado posterior a la llamada, la oficina del primer ministro subrayó ‘la necesidad de zonas de seguridad a lo largo de las fronteras de Israel’, sin mencionar ninguna fecha de salida.
La retirada que exige Trump no es una concesión a Damasco, sino la pieza central de un nuevo tablero que reordena alianzas en el Mediterráneo oriental.
Acuerdos de seguridad: la apuesta diplomática de la Casa Blanca
El acercamiento a Damasco es el giro más llamativo. Fuentes de la Administración citadas por Axios señalan que la Casa Blanca lleva meses tratando de negociar un nuevo acuerdo de seguridad entre Israel y Siria que estabilice la zona y aleje a Damasco de la influencia iraní. La reunión Trump-al-Sharaa en territorio turco marca la primera cumbre de alto nivel entre ambos países desde que la guerra civil siria fracturó las relaciones diplomáticas, y refleja la voluntad de la nueva administración siria de salir del aislamiento regional.
Mientras tanto, la cúpula militar israelí se mostró sorprendida por la filtración. El Jerusalem Post, citando a responsables de defensa, aseguró que ‘no ha habido ningún cambio sobre el terreno’ ni en Líbano ni en Siria. Las FDI insisten en que sus operaciones responden a amenazas concretas y que cualquier repliegue se supeditará a la evaluación de riesgos por parte del Estado Mayor.

Equilibrio de Poder
En el tablero regional, la presión de Trump modifica el equilibrio entre Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea. Moscú, que mantiene su base naval de Tartús y la aérea de Hmeimim, vería con buenos ojos una presencia militar israelí reducida que no interfiera en sus intereses, aunque el giro estadounidense podría acercar a Siria a un nuevo alineamiento prooccidental del que el Kremlin recela. Para Bruselas, una desescalada en el Levante supondría un alivio migratorio y energético, pero las capitales europeas observan con incredulidad la imprevisibilidad de Trump y temen que una retirada mal ejecutada deje un vacío que grupos como Hezbolá puedan aprovechar.
Para España, el impacto es doble. Por un lado, el contingente español desplegado en la misión de paz de la ONU en Líbano (FINUL), donde España asume el mando del sector Este desde 2022, podría ver alterada su seguridad si se intensifican las tensiones entre Israel y el ejército libanés. Por otro, la estabilidad del Mediterráneo oriental es clave para las rutas de suministro de gas natural licuado y para contener los flujos migratorios que llegan a las costas europeas. Cualquier reconfiguración de alianzas en Siria y Líbano afectará indirectamente a la política exterior española, que tradicionalmente ha apostado por el diálogo multilateral en Oriente Próximo.
A medio y largo plazo, si la Casa Blanca logra imponer su hoja de ruta, el mapa de alianzas en el Creciente Fértil podría dar un vuelco. Israel, acostumbrado a funcionar como actor autónomo, se enfrenta a un dilema existencial: ceder a la presión de su principal valedor o mantener su doctrina de seguridad preventiva a costa de un creciente aislamiento diplomático. Recuerda a la presión que ejerció George H.W. Bush en 1991 para que Israel no respondiera a los misiles Scud iraquíes y preservara así la coalición árabe. Entonces, Netanyahu era vicecanciller y ya mostró su desdén por las exigencias de Washington. Hoy, como primer ministro, la encrucijada es aún más compleja.
España mantendrá un pie en FINUL y otro en las cancillerías europeas. La clave estará en si la Comisión Europea logra articular una posición común que no se limite a seguir el guion de Washington, sino que defienda un equilibrio estable en el Mediterráneo. De lo contrario, la presión de Trump podría desencadenar una retirada desordenada cuyas ondas expansivas llegarían hasta Ceuta y Melilla. Moncloa ya ha tomado nota.
