Zelenski destituye al ministro de Defensa de Ucrania, Fedorov, a los seis meses

La salida del tecnólogo de 35 años sorprende en Kiev y deja en el aire la cooperación con Palantir y los contratos de drones. El ministro del Interior, Igor Klimenko, suena como sustituto.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Zelenski ha destituido a Mykhailo Fedorov como ministro de Defensa tras seis meses en el cargo, en el marco de una remodelación del Gobierno.
  • ¿Quién está detrás? La decisión refleja tensiones internas con el comandante en jefe Oleksandr Syrskyi y las resistencias a sus reformas tecnológicas.
  • ¿Qué impacto tiene? La salida deja en el aire la cooperación con Palantir y los contratos de drones, en un momento crítico para el esfuerzo bélico ucraniano.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha destituido este miércoles a Mykhailo Fedorov como ministro de Defensa, apenas seis meses después de su nombramiento, en el marco de una amplia remodelación del Gobierno que ha cogido por sorpresa a buena parte de la opinión pública ucraniana. La decisión, filtrada durante días y confirmada por el propio Fedorov en un mensaje de despedida en redes sociales, llega un día después de la dimisión de la primera ministra Yulia Svyrydenko, lo que ha obligado a recomponer todo el gabinete.

Una remodelación con fricciones internas

Fedorov, de 35 años y formación tecnológica había estrechado la cooperación con la empresa estadounidense Palantir y multiplicado los contratos de drones con socios internacionales. Sin embargo, su perfil reformista chocó pronto con el estamento militar. El Economist había filtrado que mantenía conflictos con varias facciones de la administración castrense, y el analista político Volodímir Fesenko apuntó al Kyiv Independent que la relación con el comandante en jefe, Oleksandr Syrskyi, era especialmente tensa. “No a todo el mundo le gustan las propuestas de Fedorov para reformar el funcionamiento del Ministerio de Defensa”, señaló Fesenko.

El ya exministro enumeró 22 logros de su equipo antes de abandonar el cargo: desde la restricción del acceso ruso a Starlink hasta la reforma del sistema de reclutamiento y de las pagas militares, pasando por el lanzamiento de las iniciativas antibalísticas del país. También admitió tres tareas pendientes: culminar la transformación de la estructura del ministerio a los estándares de la OTAN, completar la transición de las adquisiciones a concursos públicos y construir una “cultura de responsabilidad en la toma de decisiones”. Su asesor Serhii Sternenko, artífice de la estrategia de drones, anunció su propia salida tras conocerse la destitución. “A partir de ahora ya no soy asesor del ministro de Defensa”, escribió, “lo que sin duda reduce las oportunidades de ayudar cualitativamente a cambiar la situación militar con drones”.

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Un sustituto con perfil de Interior

Zelenski no ha explicado públicamente los motivos del cese ni ha designado aún sucesor. Fuentes anónimas citadas por el Kyiv Independent señalan que el ministro del Interior, Igor Klimenko, ha recibido la oferta para ocupar la cartera de Defensa. Klimenko, un político de perfil más discreto y alineado con el aparato de seguridad tradicional, representaría un giro hacia una gestión más conservadora y alejada del ímpetu tecnócrata de Fedorov.

La sustitución se produce en un momento en que Ucrania intenta acelerar su integración en la OTAN y necesita modernizar sus fuerzas armadas con estándares occidentales. La salida de Fedorov, precisamente, deja en suspenso los tres objetivos que él mismo reconoció inacabados, y abre interrogantes sobre la continuidad de la cooperación con Palantir, una compañía que ha sido clave en la integración de inteligencia sobre el terreno.

Fedorov, a pesar de su cese, prometió seguir sirviendo al país “de otras formas”. Mientras, el Gobierno ucraniano encara la difícil tarea de mantener la ofensiva militar en el este y el sur, con un relevo ministerial que podría ralentizar temporalmente los procesos de contratación y la coordinación internacional.

La destitución de Fedorov deja en el aire la reforma militar más ambiciosa de Ucrania desde 2022 justo cuando el país necesita demostrar a la OTAN que puede homologar sus estructuras.

Equilibrio de Poder

El cese de Fedorov es un movimiento de alta tensión interna que tiene consecuencias directas sobre el tablero de la guerra. Kiev se encuentra en una carrera contrarreloj por consolidar sus capacidades de defensa antes de que el próximo invierno frene la dinámica de combates, y cualquier sacudida en la cúpula del ministerio puede traducirse en semanas de parálisis administrativa. Fuentes de la OTAN consultadas por Moncloa.com admiten que la Alianza seguía con atención las reformas de Fedorov precisamente por su orientación tecnológica y su apuesta por los estándares aliados. Su relevo por un perfil de Interior, menos conocido en los círculos de Bruselas, genera incertidumbre.

La cooperación con Palantir, que Fedorov había convertido en bandera de su gestión, es quizás el activo más comprometido. La empresa estadounidense ha proporcionado a Ucrania sistemas de análisis de datos que permiten fusionar inteligencia de múltiples fuentes en tiempo real; sin un interlocutor de confianza en Kiev, esa colaboración podría ralentizarse. Además, los contratos de drones con decenas de aliados —desde letales FPV hasta Bayraktar TB2— requieren un seguimiento constante que ahora queda sin dueño claro.

Para España, la inestabilidad ministerial en Ucrania tiene una lectura directa: Madrid ha comprometido el envío de carros de combate Leopard 2 y sistemas de defensa antiaérea, y la coordinación de esas entregas depende de una contraparte estable. La embajada española en Kiev ya ha solicitado aclaraciones sobre la continuidad de los programas conjuntos. Asimismo, el retraso en la homologación de las adquisiciones ucranianas a los procedimientos de licitación que Fedorov quería implantar podría afectar a los contratos de la industria de defensa española, que aspira a participar en la reconstrucción del tejido militar ucraniano.

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La lectura a corto plazo es que Zelenski sacrifica la vanguardia reformista en favor de un equilibrio interno con los altos mandos militares, pero corre el riesgo de perder el impulso modernizador que tanto necesita para sostener la guerra y para construir una defensa interoperable con la OTAN. La próxima cumbre aliada, prevista para otoño en Vilna, será el primer test para evaluar si el relevo ha sido un acierto táctico o un paso atrás estratégico.