Alemania confía en Saab para los sensores de sus fragatas MEKO A-200 tras cancelar el F126

El Bundestag aprueba un contrato de 6.300 millones de euros para cuatro buques con sistemas de combate suecos. Las entregas están previstas entre 2029 y 2032 y el primer buque debería estar operativo antes de 2030.

Saab se adjudica 900 millones de dólares para equipar las nuevas fragatas MEKO A-200 de la Armada alemana tras cancelar el fallido programa F126. El contrato, anunciado hoy por la compañía sueca en Viena, supone un respiro para Berlín, que pivota hacia un diseño probado para cumplir con los requisitos de guerra antisubmarina de la OTAN en el mar Báltico.

El colapso del F126 y la apuesta por lo probado

El Bundestag dio luz verde el pasado 8 de julio a la adquisición de cuatro buques de la clase MEKO A-200 DEU, construidos por TKMS, por un valor cercano a los 6.300 millones de euros. La decisión llega semanas después de que el Ministerio de Defensa alemán cancelara el programa F126, una fragata de 10.000 toneladas plagada de retrasos y sobrecostes. El giro hacia un diseño más ligero, de 4.000 toneladas y ampliamente exportado, refleja la urgencia de Berlín por reforzar sus capacidades navales ante el nuevo escenario de seguridad en el flanco este de la Alianza.

Según el contrato, Saab suministrará las superestructuras compuestas e integrará el sistema de gestión de combate 9LV, con sus radares de última generación. Las entregas a TKMS se escalonarán entre 2029 y 2032, en línea con un calendario ambicioso que prevé tener el primer buque en el agua antes de que acabe esta década. La jefa de Defensa alemana ha subrayado que la prioridad es la guerra antisubmarina, una capacidad que la OTAN considera crítica en el Báltico, donde la flota rusa ha incrementado su actividad en los últimos meses.

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Sensores suecos para una flota en transformación

El paquete de Saab incluye el radar de largo alcance Sea Giraffe 4A Fixed Face y el más ligero Sea Giraffe 1X, ambos integrados en el sistema de combate 9LV. Esta combinación permite a la fragata detectar, clasificar y enfrentar amenazas aéreas, de superficie y submarinas con un alto grado de automatización. El CEO de Saab, Micael Johansson, afirmó que el contrato “mejorará significativamente las capacidades antiaéreas, antisubmarinas y antisuperficie de la flota alemana”.

La elección del 9LV no es casual: este sistema ya está en servicio en más de 200 buques de 25 armadas, incluidos varios de la OTAN. La apuesta por un sistema tan extendido responde a la voluntad de Berlín de reducir riesgos técnicos y acelerar la entrada en servicio. El programa incluye una opción por cuatro cascos adicionales, lo que podría llevar la clase MEKO A-200 DEU a ocho unidades y convertirla en la columna vertebral de la flota de superficie alemana en la próxima década.

El fracaso del F126 no es solo un problema industrial: es un síntoma de cómo los grandes programas europeos de defensa chocan con la urgencia operativa.

Las fragatas sustituirán a las envejecidas clase Brandenburg y reforzarán la presencia alemana en el Grupo Marítimo Permanente de la OTAN. La decisión también subraya la creciente importancia de Suecia como proveedor de sistemas de combate dentro de la Alianza, apenas dos años después de su ingreso.

Equilibrio de Poder

Para España, este movimiento tiene una lectura doble. Por un lado, refuerza la tendencia en Europa hacia sistemas de combate de origen sueco, que compiten directamente con las ofertas de Navantia y su socio tecnológico, Lockheed Martin, en mercados de exportación. La fragata F-110, actualmente en desarrollo por Navantia para la Armada española, apuesta por el sistema Aegis estadounidense y un concepto más pesado; la preferencia alemana por el 9LV podría influir en futuras decisiones de compra de otros miembros de la OTAN, especialmente aquellos que busquen una solución más asequible y rápida de implementar.

Desde la perspectiva del eje Washington-Bruselas, la decisión alemana de optar por tecnología sueca, en lugar de sistemas estadounidenses, puede interpretarse como un pequeño paso hacia una mayor autonomía estratégica europea en defensa naval. Sin embargo, la premura por cumplir los compromisos del 2% del PIB —o el hipotético 5% impulsado por Trump— fuerza a las capitales europeas a elegir soluciones comerciales listas para desplegar. Berlín, en este caso, ha puesto la operatividad por delante de las consideraciones industriales.

El Kremlin observa. Cualquier refuerzo de las capacidades antisubmarinas de la OTAN en el Báltico es leído en Moscú como un desafío directo a su flota del norte. La puesta en servicio de estas fragatas hacia 2030 coincidirá con un periodo en el que la tensión naval en la región podría ser aún mayor. El precedente de la incorporación acelerada de tecnologías probadas, en lugar de programas faraónicos, marca un patrón que Moncloa haría bien en estudiar de cara a la renovación de sus propias unidades de superficie. La próxima cumbre de la OTAN, prevista para 2027, será el siguiente hito para medir si este giro alemán se consolida como modelo.

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