Varios soldados estadounidenses heridos en ataques iraníes a bases en Jordania

Los ataques alcanzaron al menos dos instalaciones en territorio jordano y activaron las defensas Patriot. Irán lanzó otra oleada de represalias mientras el Pentágono confirma nuevas incursiones contra suelo iraní.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Irán ha lanzado ataques con misiles balísticos y drones contra al menos dos bases jordanas utilizadas por Estados Unidos, hiriendo a varios soldados estadounidenses. Las defensas antiaéreas Patriot intervinieron, pero algunos misiles impactaron.
  • ¿Quién está detrás? Irán, en represalia por los bombardeos estadounidenses sobre su territorio que se prolongan ya siete noches consecutivas. La Guardia Revolucionaria reivindica los ataques como parte de la ‘Operación Relámpago’.
  • ¿Qué impacto tiene? La escalada militar directa entre Washington y Teherán pone a prueba las alianzas regionales y amenaza con desbordar a países como Jordania, Kuwait o Baréin. El Pentágono mantiene silencio sobre las bajas, mientras la región contiene la respiración.

Irán ha atacado esta semana al menos dos bases militares jordanas utilizadas por Estados Unidos, causando heridas a varios militares estadounidenses, según confirmaron fuentes oficiales consultadas por CBS News. Los incidentes se producen en plena espiral de represalias mutuas, con Washington bombardeando suelo iraní por séptima noche consecutiva y Teherán respondiendo con misiles balísticos sobre instalaciones aliadas en la región.

Los impactos, registrados en la base aérea de Muwaffaq Salti y en la de Al-Azraq, sorprendieron a las defensas antiaéreas jordanas y estadounidenses. Videos difundidos por cuentas de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) muestran el momento exacto en el que al menos dos misiles balísticos alcanzan Muwaffaq Salti después de que varios interceptores MIM-104 Patriot fueran lanzados en un intento fallido de neutralizarlos. El segundo impacto generó una explosión de gran magnitud, lo que sugiere que pudo alcanzar un depósito de combustible o municiones.

Ni Amán ni Washington han confirmado daños materiales ni el número exacto de heridos. Las fuentes citadas por CBS News hablan de «varios» soldados estadounidenses lesionados, sin precisar la gravedad. Tampoco hay víctimas mortales, según las mismas fuentes. El Pentágono ha optado por no comentar oficialmente el incidente, una postura que contrasta con la rápida desmentida a una afirmación iraní sobre supuestos soldados muertos en la base siria de Al-Tanf. «Ningún miembro del personal estadounidense ha muerto o sido capturado recientemente en la región», afirmó el Mando Central (CENTCOM) en un comunicado difundido este viernes.

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La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) ha reivindicado con orgullo la operación. En un comunicado, detalló que la 14ª fase de la ‘Operación Relámpago’ (Operation Lightning) golpeó con éxito depósitos de combustible en Al-Azraq, un almacén de munición en el campamento kuwaití de Al-Udeiri, y varios edificios de mando en la base aérea Ali Al-Salem, también en Kuwait. Respecto a Muwaffaq Salti, el IRGC asegura que sus misiles alcanzaron cazas estadounidenses estacionados en la base.

Estos ataques no son hechos aislados. Forman parte de una campaña de represalia iraní que se ha extendido por Bahréin, Catar, Omán, Irak, Siria y Kuwait. La respuesta de Teherán llegó después de que Washington iniciara una ofensiva de bombardeos directos sobre territorio iraní, en lo que supone el intercambio de golpes más intenso entre ambos países en décadas.

Los misiles balísticos iraníes están demostrando una capacidad de saturación que preocupa a los mandos militares en la región.

La situación en la región es cada vez más volátil. El IRGC ha llegado a dirigirse directamente a la «noble población» de Jordania y Kuwait, instándoles a oponerse a la presencia militar estadounidense y a «aprovechar cualquier oportunidad para destruir las instituciones americanas y expulsar al ejército ocupante». Una retórica incendiaria que, aunque descartada por las monarquías del Golfo, refleja el esfuerzo iraní por fracturar las alianzas locales.

El silencio del Pentágono sobre los heridos en Jordania contrasta con la transparencia mostrada en otras ocasiones. Este hermetismo puede responder a la voluntad de no proporcionar información operativa a Teherán en plena escalada o a la dificultad de confirmar bajas sin revelar la capacidad de sus defensas. Mientras, las imágenes de OSINT multiplican la presión: muestran cómo seis misiles Patriot fueron disparados casi simultáneamente sin lograr interceptar todos los proyectiles entrantes, un dato que los analistas militares siguen con lupa.

Los ataques y las defensas antiaéreas: el vídeo que lo confirma

El material audiovisual ha sido clave para reconstruir lo sucedido. En las grabaciones se aprecia cómo los misiles balísticos, probablemente del tipo Emad o Shahab-3, entran en trayectoria terminal sobre la base jordana. Los Patriot, desplegados para proteger los activos estadounidenses, reaccionan con múltiples lanzamientos. Sin embargo, al menos dos vehículos de reentrada alcanzan el suelo. La segunda explosión, mucho mayor, apunta a un impacto sobre infraestructura sensible.

Este episodio recuerda a los ataques con drones y misiles de crucero que en 2019 golpearon las refinerías saudíes de Abqaiq y Khurais, demostrando entonces la vulnerabilidad de los sistemas antiaéreos frente a saturaciones coordinadas. La diferencia ahora es que Irán emplea misiles balísticos de mayor alcance y contra bases que albergan personal estadounidense, elevando la apuesta estratégica.

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El Mando Central estadounidense, por su parte, confirmó que sus aviones llevaron a cabo la séptima noche consecutiva de bombardeos sobre Irán, justo antes de que se desencadenara la nueva oleada de represalias. Esta simultaneidad de ataques subraya un intercambio casi en tiempo real: Washington golpea objetivos dentro de Irán; Teherán responde horas después contra posiciones aliadas.

La respuesta militar de EE.UU. y la escalada en Oriente Próximo

El patrón es claro. Desde hace una semana, Estados Unidos ha pasado de atacar a milicias proiraníes en Irak y Siria a bombardear directamente infraestructura militar y puentes en suelo iraní, según ha reconocido el propio CENTCOM. La justificación oficial apunta a frenar la capacidad de represalia de Teherán, pero el efecto observable es el contrario: cada noche de bombardeos trae una madrugada de misiles contra bases aliadas en la región.

El IRGC no pierde la oportunidad de emitir comunicados triunfales. Además de los ataques a Jordania, ha afirmado haber causado «bajas significativas» en Kuwait, alcanzando un lanzacohetes HIMARS y provocando la muerte de «numerosos» efectivos de fuerzas especiales estadounidenses. Afirmaciones que, por el momento, carecen de prueba contrastada.

Más allá de la propaganda, la dinámica de ataque-respuesta está erosionando la disuasión convencional de Estados Unidos en la zona. Que misiles balísticos iraníes consigan superar las defensas Patriot en Jordania envía una señal incómoda a los socios regionales y a la propia opinión pública norteamericana. La pregunta que circula en los foros de defensa es hasta qué punto la saturación de lanzamientos iraníes puede sobrepasar la capacidad de interceptación aliada si la escalada continúa.

soldados heridos

Equilibrio de Poder

El intercambio de golpes entre Washington y Teherán trasciende las bases jordanas. Estamos asistiendo a una demostración de fuerza iraní que, sin buscar un conflicto total, cuestiona los límites de la proyección militar estadounidense en Oriente Próximo. Para la Administración estadounidense, el reto es doble: mantener la presión sobre Irán sin arrastrar a aliados como Jordania o Kuwait a una guerra no deseada. Para España, el riesgo es indirecto pero tangible: la inestabilidad en la región dispara los precios del crudo y tensiona las rutas comerciales que conectan con el Mediterráneo.

Desde el punto de vista español, el despliegue de la fragata Blas de Lezo en aguas del Golfo Pérsico, dentro de la operación Aspides de la Unión Europea, cobra ahora una dimensión más delicada. Aunque la misión está centrada en la protección de la libertad de navegación, cualquier escalada en la zona afecta directamente a los intereses económicos nacionales. El gas natural licuado que llega a las regasificadoras españolas procede en buena parte de Catar, país que también ha sufrido ataques iraníes esta semana.

El precedente más cercano a esta crisis se remonta a enero de 2020, cuando Irán lanzó más de una docena de misiles contra las bases de Ain al-Asad, en Irak, en represalia por el asesinato del general Qasem Soleimani. Entonces no hubo víctimas mortales y la tensión se desactivó con rapidez. La diferencia ahora es la persistencia de los ataques y la voluntad declarada de ambas partes de no dar marcha atrás. Fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com apuntan a que ningún actor regional está mediando con éxito, lo que prolonga el riesgo de que un error de cálculo convierta la escalada en un conflicto abierto.

A cinco años vista, si esta espiral no se detiene, nos enfrentamos a una reconfiguración de la arquitectura de seguridad en el Golfo. El paraguas antimisiles estadounidense, basado en sistemas Patriot y AEGIS, queda expuesto a la saturación. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo, incluidos Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, observan con nerviosismo y aceleran sus propios programas de defensa. Mientras, la opinión pública jordana, históricamente favorable a la alianza con Occidente, podría girar si los ataques sobre su territorio se repiten y generan víctimas civiles.

Por el momento, el Pentágono guarda silencio sobre los heridos. El IRGC, en cambio, amenaza con más oleadas. La próxima reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, prevista para agosto, será el primer test diplomático de alto nivel para medir si la comunidad internacional está dispuesta a interponerse entre dos potencias que han elegido la fuerza como lengua franca.