Apple y DOJ negocian un posible cierre a la demanda antimonopolio del iPhone

Las conversaciones, aún en fase preliminar, buscan evitar un juicio que cuestionaba las restricciones de Apple en super apps, cloud gaming y pagos móviles. Sin acuerdo garantizado, pero la compañía ya ha suavizado varias de las políticas señaladas.

Apple mueve ficha para cerrar la demanda antimonopolio que el Departamento de Justicia de EE.UU. presentó en 2024 con el objetivo de forzar la apertura de su ecosistema cerrado. Las negociaciones, aún en fase preliminar, buscan evitar un juicio que cuestionaba las restricciones de la compañía en super apps, cloud gaming y pagos móviles.

Claves de la operación

  • Apple explora un acuerdo extrajudicial para esquivar el juicio. La compañía ha presentado varias ofertas al DOJ, aunque no hay garantía de que se alcance un pacto.
  • La demanda original acusaba a Apple de conductas anticompetitivas en cuatro áreas. Restricciones a super apps, limitaciones al cloud gaming, preferencia por su propia app de mensajería y bloqueo de carteras digitales y smartwatches de terceros.
  • Los cambios de política de Apple han debilitado la posición del DOJ. Desde 2024, la empresa ha flexibilizado varias de las prácticas señaladas, lo que reduce el riesgo de una derrota judicial.

El pulso por el control del ecosistema móvil

La querella del DOJ, presentada en marzo de 2024, se enmarcó en una ofensiva más amplia de la administración estadounidense contra los gigantes tecnológicos. El Gobierno argumentaba que Apple había conseguido que los usuarios quedaran ‘enganchados’ a su plataforma mediante una larga historia de comportamientos anticompetitivos.

En concreto, el pliego de cargos señalaba cuatro frentes. El primero, la restricción de las denominadas super apps, aplicaciones con múltiples funcionalidades que podrían reducir la dependencia del ecosistema de iOS. El segundo, las trabas al cloud gaming, que obligaban a los servicios de juego en la nube a pasar por la App Store y cumplir sus normas. El tercero, la preferencia de iMessage frente a aplicaciones de mensajería de terceros. Y el cuarto, la limitación de las funciones de las carteras digitales y los relojes inteligentes competidores, como los de Samsung o Garmin.

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El muro del jardín cerrado de Apple se resquebraja, pero la compañía aún tiene margen para negociar qué puertas abre y cuáles mantiene bajo llave.

Los frentes que Apple ya ha comenzado a ceder

Desde que se interpuso la demanda, Apple ha ido suavizando su postura en varios de esos ámbitos. La llegada de la Ley de Mercados Digitales (DMA) en la Unión Europea, que entró en vigor en mayo de 2023 y se aplica a los gigantes tecnológicos desde marzo de 2024, aceleró algunos de esos cambios. La compañía se vio obligada a permitir tiendas de aplicaciones alternativas en iOS y a abrir el chip NFC a otras carteras digitales en territorio comunitario.

En Estados Unidos, sin una norma equivalente, los ajustes han sido más graduales. No obstante, Apple ya ha eliminado las restricciones que impedían que los servicios de cloud gaming se ofrecieran a través de la App Store, un movimiento que le ha restado fuerza al argumento del DOJ en ese apartado. También ha flexibilizado las reglas para los ‘super apps’ y ha introducido cambios en la mensajería, aunque la integración con iMessage sigue siendo un punto de fricción.

Estos movimientos, unidos a la falta de un juicio programado hasta la fecha, han llevado a las partes a la mesa de negociación. Apple confía en que un acuerdo extrajudicial le permita conservar los pilares de su ecosistema mientras el Gobierno salva la cara con concesiones parciales. La incógnita es hasta dónde está dispuesto a ceder el Departamento de Justicia, que en la era Biden apostó por una línea dura frente a las Big Tech y que ahora, con la administración de Trump, mantiene la presión en materia antimonopolio.

Qué se juega Apple en estas negociaciones

La estrategia de Apple de vender hardware premium integrado con servicios exclusivos ha sido la clave de su rentabilidad en la última década. El iPhone genera más de la mitad de sus ingresos y el ecosistema cerrado actúa como un foso competitivo difícil de replicar. Cualquier apertura forzada por un tribunal o un acuerdo amenaza con erosionar ese modelo.

El caso recuerda en ciertos aspectos a la batalla antimonopolio de Microsoft en los años 90 y principios de los 2000. Aquel proceso acabó con un acuerdo que obligó al gigante del software a compartir sus APIs y a dar más libertad a los fabricantes de ordenadores, pero no le impidió conservar su dominio en el mercado de los sistemas operativos de escritorio. Apple aspira a un desenlace similar: concesiones puntuales que no desmantelen el núcleo de su modelo de negocio.

En paralelo, la presión regulatoria global sigue aumentando. La DMA en Europa, las investigaciones en Japón y Corea del Sur y la posibilidad de una ley federal antimonopolio en Estados Unidos mantienen a Apple en el punto de mira. Por eso, el resultado de estas conversaciones con el DOJ no solo definirá el alcance de la demanda de 2024. También sentará un precedente sobre los límites que los reguladores pueden imponer a los jardines cerrados de las plataformas tecnológicas.

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