Guerra en Ormuz: el petróleo se dispara por encima de 85 dólares y la UE se enfrenta a una nueva crisis energética

La escalada militar en el Golfo Pérsico ha encendido las alarmas en Bruselas, con el Brent por encima de los 85 dólares. La dependencia europea del crudo que transita por Ormuz amenaza con disparar la factura de la luz y la gasolina en España.

El barril de Brent ha superado los 85 dólares esta semana, un 11% más que hace siete días, mientras los combates entre Estados Unidos e Irán se enquistan en el estratégico estrecho de Ormuz. La Unión Europea se prepara para un nuevo encarecimiento energético que ya empieza a notarse en el precio de la gasolina en España.

Según el análisis del diplomático Gustavo de Arístegui, ex embajador y colaborador de este medio, la escalada militar ha convertido la principal arteria petrolera mundial en una ‘caseta de peaje’ en disputa, sin interlocutor estable ni salida diplomática a la vista. La crónica de lo ocurrido desde el lunes 13 de julio de 2026 lo confirma.

De un memorando de entendimiento a una guerra de desgaste en siete días

El pasado mes de junio, Washington y Teherán habían alcanzado un frágil memorando de catorce puntos —extensión de la tregua en Líbano, cese de hostilidades en el Golfo y garantía de tránsito seguro para los buques— tras semanas de negociación mediada regionalmente. El 7 de julio, un ataque a tres petroleros en Ormuz lo dinamitó. El presidente Trump reanudó los bombardeos y dio por muerto el documento.

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La semana siguiente fue un torbellino. El lunes 13, Trump se proclamó ‘guardián’ de la vía marítima, reinstauró el bloqueo naval a los puertos iraníes y anunció una tasa del veinte por ciento sobre la carga que atravesara el estrecho —luego sustituida por ‘acuerdos de inversión‘ de los Estados del Golfo—. El martes 14, en una entrevista televisiva, amenazó con atacar las centrales eléctricas y los puentes de Irán. El jueves 16 ya estaban alcanzados: los puentes de la provincia de Hormozgán y la infraestructura eléctrica sufrieron nuevos bombardeos, y el portavoz militar iraní advirtió de que arrasarían ‘toda la infraestructura’ que permaneciera en pie. El Brent cerró ese día en torno a 85 dólares.

Lo que muchos analistas, incluido Arístegui, llaman una guerra de temperatura variable se ha instalado sin que ninguna de las partes pueda permitirse una victoria total. Estados Unidos no tiene capacidad para ocupar Irán ni para forzar un cambio de régimen sin un coste insoportable; el régimen iraní, por su parte, sobrevive precisamente porque la guerra no termina. La descentralización del poder tras el golpe que eliminó a Ali Jamenei en febrero de 2026 ha creado un triunvirato dentro de la Guardia Revolucionaria que negocia y ataca al mismo tiempo. Fuentes estadounidenses filtradas por la CNN apuntan a que el ataque a los petroleros podría haber sido ordenado por una facción rebelde dentro del propio aparato iraní, lo que deja sin interlocutor válido a Washington.

La guerra de temperatura variable convierte el conflicto en un estado crónico: nadie gana, todos pierden, y el precio del petróleo actúa como termómetro global.

El precio del petróleo se dispara y Bruselas mira al suministro energético

El mercado ha reaccionado con nerviosismo. El Brent acumula ya una subida de más de diez puntos porcentuales en siete sesiones, recordando los picos de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 20% del crudo mundial, y cualquier disrupción prolongada se traduce de inmediato en los surtidores europeos. En España, los precios de la gasolina han repuntado un 3% en la última semana, y la factura de la luz —que ya empezaba a resentirse— podría sufrir un segundo golpe si el conflicto escala.

estrecho de Ormuz

La Comisión Europea sigue de cerca la evolución de los mercados, aunque por ahora no ha activado medidas de emergencia. El recuerdo del invierno de 2022, cuando la UE aceleró la búsqueda de alternativas al gas ruso, está aún muy presente. Pero esta vez la dependencia es del petróleo, no del gas, y los márgenes de maniobra son más estrechos: las reservas estratégicas ofrecen un colchón de apenas unos meses. La presidenta Von der Leyen mantiene contactos con los principales proveedores del Golfo, pero la situación sobre el terreno convierte cualquier diálogo en un ejercicio de improvisación.

El Eje del Poder Europeo: dependencia, vulnerabilidad y el dilema de la factura

Europa asiste a esta crisis con los mismos actores que en 2022 pero con un tablero más desordenado. Alemania, altamente dependiente del crudo importado, ve cómo su industria química y automotriz aguanta la respiración. España, que importa cerca de un 10% de su petróleo de países bañados por el Golfo Pérsico, sufre ya el encarecimiento de los carburantes, un factor que dispara la inflación y presiona las cuentas de los hogares. El Gobierno español ha evitado, por ahora, tomar medidas intervencionistas, pero la sombra de la excepción ibérica y los descuentos al combustible planea sobre la Moncloa.

La divergencia entre los grandes ejes europeos vuelve a ser un obstáculo. Mientras París insiste en acelerar la transición energética para reducir la dependencia de cualquier combustible fósil importado, Berlín teme un estrangulamiento económico inmediato y los países del sur lideran la petición de herramientas fiscales que protejan al consumidor. La paradoja es evidente: las sanciones a Rusia forzaron a buscar crudo en el Golfo, pero ahora la ruta del Golfo está bajo fuego. La autonomía estratégica de la UE sigue atada a la estabilidad de los estrechos marítimos, y esa estabilidad hoy no existe.

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El riesgo a medio plazo es que el conflicto de Ormuz se convierta en una cronicidad, como anticipa el concepto de guerra de temperatura variable. Si los picos de tensión se repiten cada pocas semanas, la volatilidad del petróleo se incrustará en los presupuestos familiares y en las cuentas de resultados de las empresas europeas. La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para septiembre, deberá abordar sin eufemismos cómo blindar el suministro energético en un mundo donde la geopolítica quema más que nunca.