Perfil bajo y objetivo Moncloa: Vox cambia tras los misiles contra Abascal

Vox ha decidido cambiar de estrategia. Después de un periodo marcado por las tensiones internas, las críticas de antiguos dirigentes y varias informaciones periodísticas sobre el entorno de la dirección de la formación ultraderechista, el partido que lidera Santiago Abascal busca ahora reducir el ruido, mejorar su relación con el Partido Popular y preparar el próximo ciclo electoral con un objetivo más realista: ser imprescindible para formar Gobierno si la derecha suma.

La etapa de soñar con el sorpasso al PP parece definitivamente aparcada. Tras las elecciones generales de 2023, en las que Vox obtuvo 33 escaños frente a los 137 del Partido Popular, la posibilidad de disputar el liderazgo del espacio conservador perdió fuerza. La nueva hoja de ruta pasa por consolidarse como tercera fuerza nacional y utilizar esa posición para negociar una posible entrada en un Ejecutivo de coalición si los números lo permiten.

En esta nueva fase, la dirección de Santiago Abascal quiere evitar errores del pasado. La prioridad ya no es mantener una confrontación permanente con el PP, sino aparecer como un socio capaz de llegar a acuerdos. El partido entiende que un exceso de tensión dentro de la derecha puede perjudicar sus opciones de influencia y facilitar que sus adversarios presenten al bloque conservador como dividido.

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La estrategia pasa por no volver a pisar el acelerador en exceso. En Vox son conscientes de que su crecimiento electoral estuvo acompañado de una fuerte capacidad de movilización, pero también de una imagen de partido difícil de integrar en acuerdos institucionales. Ahora buscan proyectar una imagen más preparada para gobernar.

Si PP y Vox consiguen una mayoría suficiente tras las próximas elecciones generales, la formación de Abascal no quiere limitarse a un apoyo externo. Su intención sería reclamar presencia en el Consejo de Ministros y conquistar cuotas de poder. La negociación de ministerios se convertiría en una de las claves del escenario posterior a las urnas.

Abascal

Este giro coincide con una etapa complicada para la organización. En los últimos meses, Vox ha tenido que afrontar críticas internas y debates sobre el funcionamiento de su estructura. Algunas informaciones periodísticas han situado el foco en la financiación y en las relaciones económicas del entorno de la dirección.

El País publicó que dos asesores vinculados al entorno de Santiago Abascal, Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza, habrían facturado cerca de 1,3 millones de euros a Vox en un solo año, dentro de un análisis sobre las críticas internas que han surgido alrededor de la dirección del partido. La formación ha defendido que sus relaciones contractuales cumplen con la legalidad y que sus cuentas están sometidas a los controles correspondientes.

Por su parte, El Confidencial informó sobre la actividad profesional de la esposa de Abascal, Lidia Bedman, señalando ingresos de alrededor de 60.000 euros anuales por trabajos relacionados con consultoría, redes sociales y marketing para una empresa vinculada al grupo Intereconomía. La información fue incorporada por ese medio al debate sobre el entorno del líder de Vox.

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La dirección del partido ha optado por no convertir estas polémicas en el centro de su discurso y apuesta por recuperar la iniciativa política. La estrategia consiste en desplazar la conversación hacia sus temas más polémicas: inmigración, seguridad, impuestos, defensa de la unidad nacional y crítica a las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez.

El acercamiento al PP es otro de los cambios más visibles. Aunque ambas formaciones mantienen diferencias en asuntos concretos, especialmente en cuestiones culturales y territoriales, la relación institucional es ahora más pragmática. Vox asume que necesita al PP para alcanzar poder ejecutivo y el PP sabe que, en determinados escenarios, necesitará los votos de Vox.

Cataluña será una de las piezas centrales de esa estrategia. La formación considera que el debate territorial seguirá siendo una fuente de movilización política y prepara un discurso duro ante las próximas citas electorales. Abascal ya utilizó en 2023 la advertencia de que Cataluña iba a salir perjudicada del posible regreso conservador a Moncloa.

El objetivo es que Cataluña vuelva a funcionar como uno de los grandes elementos de identidad electoral de Vox, especialmente entre sus votantes más fieles. La formación considera que el conflicto territorial permite diferenciarse del PP y reforzar su mensaje sobre la unidad nacional.

El gran reto de Vox

Pero el gran reto de Vox será interno: recuperar estabilidad. Después de años de crecimiento acelerado, la formación afronta una etapa en la que debe demostrar capacidad organizativa y evitar que las disputas internas condicionen su imagen pública.

El partido ya no busca únicamente crecer en votos. Busca convertir esos votos en poder institucional. La estrategia pasa por aceptar que el sorpasso al PP no es el escenario más probable y concentrarse en otra meta: llegar a las próximas elecciones con suficiente fuerza para exigir una cuota de Gobierno.