El Barómetro del CIS de julio de 2026 confirma lo que muchos temían: Sumar solo retiene uno de cada tres votos de los obtenidos en las elecciones generales de 2023 y la fragmentación de su espacio político se ha convertido en un lastre estructural. Sin un liderazgo claro, la izquierda federalista se asoma a un horizonte electoral en el que el partido ni siquiera garantiza representación en todas las circunscripciones y la suma PP-Vox puede alcanzar los 210 escaños. La urgencia ya no es programática: es de nombres.
Los datos del CIS desglosan un panorama de dispersión terminal. Podemos solo obtiene un 17% de los apoyos que tuvo en 2023; el trasvase al PSOE alcanza el 18%, un 11% asegura que no sabe todavía que votará y un 5% opta por una «coalición de izquierdas», una forma educada de decir que votará lo que surja cuando llegue el momento. Mientras, el debate interno entre Sumar y sus confluentes sigue atrapado en la lógica de las siglas, sin conectar con nuevos votantes.
La situación es tan grave como esperpéntica. El debate sobre si es preferible tomar el cianuro solo o con leche refleja el estado de ánimo de una izquierda que ha quemado líderes, ha roto con todo vestigio de inteligencia colectiva y ha convertido las redes sociales en un campo de batalla permanente. Incidir en los errores pasados ya no sirve; lo único relevante es dar con un nombre que ilusione a viejos votantes y atraiga a quienes nunca sintieron apego por este espacio.
En ese vacío, tres bloques de candidatos pugnan por ocupar un lugar que, paradójicamente, todos quieren heredar pero que hoy es electoralmente tóxico. El primero es un bloque unipersonal: Gabriel Rufián.
El diputado de ERC parece tener un plan de renovación que apuesta por un proyecto de I+D+i con aroma de transversalidad. Pero el tiempo juega en su contra: a seis meses de que se barajara su nombre, la novedad se ha enfriado y la cultura política vigente no se cambia ni en bibliotecas ni en TikTok sin un impulso externo. Lo seductor de ser elegido por aclamación choca con la necesidad de acelerar los plazos.
En ausencia de un liderazgo, la izquierda discute nombres mientras su electorado se desvanece. La paradoja es que el candidato ideal debe reintegrar a Podemos sin enajenar a los que ya están.
El segundo bloque lo integran ministros y exministros del actual Gobierno. Pablo Bustinduy es el más valorado según el CIS, pero su principal activo es declinar la oferta con estilo; Ernest Urtasun aparece como el mal menor, aunque su perfil no enciende ni a propios ni a extraños. Mónica García se descarta al centrarse en la Comunidad de Madrid, y Antonio Maíllo parece haber encontrado en Andalucía su techo federal. La apuesta por el continuismo con aroma a Consejo de Ministros asume un balance de legislatura demasiado magro como para movilizar a un electorado desencantado.
El tercer grupo es la caja sorpresa: Ada Colau y Unai Sordo. La exalcaldesa de Barcelona conecta bien con la generación del 15M pero necesita ser presentada a los menores de 35 años, y aún no ha mostrado voluntad de pisar el barro de la refundación. Sordo, con un perfil laborista, intentaría emular un partido de clase, pero la poca pasión que despierta CCOO fuera del PSOE hace difícil imaginar un liderazgo presidencialista sin un giro radical de discurso.
A todos esos escenarios se suma la pedrada: el «Plan Perro» de Pedro Sánchez, que consistiría en diseñar una suerte de Frente Popular que absorba a la izquierda en clave plebiscitaria para evitar la dispersión del voto. Es una fórmula ajena al ADN del PSOE y sin un Melénchon a la española parece destinada al fracaso, pero demuestra hasta qué punto la crisis de Sumar obliga a pensar lo impensable.
El hundimiento en las encuestas y la balcanización del voto
La sangría electoral no es coyuntural: Sumar ha perdido dos tercios de su base de 2023 en apenas tres años. El problema no es solo la competencia con Podemos, sino la incapacidad del espacio confederal para ofrecer un relato que vaya más allá de las siglas. Cada confluente guarda su autonomía y ninguna quiere ceder sin garantías. El resultado es un mapa de fuerzas donde el 5% que sueña con una coalición de izquierdas no encuentra dónde depositar su voto, y el 11% de indecisos espera una señal que no llega.
Tres nombres, tres bloques, ninguna certeza
El análisis de los posibles liderazgos deja una conclusión descorazonadora: cada candidato resuelve un problema pero crea otro. Rufián puede encarnar el pensamiento «fuera de la caja», pero carece de la velocidad necesaria; Bustinduy y Urtasun arrastran la etiqueta de continuidad cuando la calle pide ruptura; Colau y Sordo son apuestas con más riesgo que certeza. La izquierda necesita un nombre, pero sobre todo un método para acordarlo antes de que el reloj electoral convierta la discusión en papel mojado.

La Dinámica de Coalición
Dentro de Sumar conviven tres tensiones que impiden cualquier desenlace rápido. La primera es la relación con Podemos: un acercamiento sin que Irene Montero quede como vencedora moral es casi imposible, pero sin integrar a los morados la papeleta única se convierte en un cromo estéril. La segunda es el equilibrio de las confluentes: IU, Más Madrid y los Comunes miden cada paso pensando en sus propios nichos autonómicos. Ningún nombre satisfará a todos si no hay un reparto previo de poder real. La tercera tensión mira al PSOE: un Sumar sin liderazgo definido es el aliado perfecto para un Sánchez que no necesita repartir nada a su izquierda mientras la fragmentación le asegure mayoría parlamentaria con apoyos puntuales.
Con poco más de un año para las próximas elecciones generales, el plazo para construir una candidatura unitaria se agota. Las encuestas muestran que el 5% que desea una coalición de izquierdas y el 11% de indecisos son un caladero potencial, pero nadie ha diseñado aún la caña de pescar. La proyección es clara: o los tres bloques encuentran un denominador común en los próximos meses, o la izquierda acudirá a las urnas dividida y condenada a una irrelevancia que puede cambiar la democracia española.
Ficha del Caso
- El caso: La crisis de liderazgo en Sumar, agravada por la pérdida masiva de votantes y la dispersión entre confluentes y Podemos, sin candidato reconocible a un año de las elecciones.
- Datos importantes: 1 de cada 3 votos de 2023 retenidos; trasvase del 18% al PSOE; 11% de indecisos y 5% a favor de una coalición de izquierdas (CIS julio 2026); horizonte electoral en 2027.
- Resumen: Sin un nombre que unifique a los fragmentos de la izquierda, el espacio de Sumar corre el riesgo de desaparecer como fuerza parlamentaria decisiva tras los próximos comicios.
