Trump presiona a Reino Unido: más gasto en defensa y ‘perforar, perforar, perforar’

El embajador de EE.UU. en Londres insta al nuevo primer ministro británico a financiar los submarinos AUKUS y a perforar en el Mar del Norte, en línea con la presión de Trump sobre el gasto militar europeo. La exigencia tiene repercusiones para toda la OTAN, incluida España.

La Administración de Donald Trump ha intensificado su presión sobre el Reino Unido. El embajador estadounidense en Londres, Warren Stephens, ha exigido al nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, que dé prioridad a la financiación del programa de submarinos nucleares AUKUS y que aumente la producción energética en el Mar del Norte. El mensaje, difundido en un artículo en The Times, se suma a una petición directa del propio Trump en Truth Social: «drill, baby, drill».

El guante del embajador y la factura de la defensa

En su tribuna, Stephens advierte de que no se puede «retrasar» la inversión en defensa. La referencia es clara: el Reino Unido, con unas fuerzas armadas «en un estado peligroso», debe cumplir con su papel en AUKUS —la alianza trilateral con Australia y Estados Unidos— para mantener la presencia naval anglófona en el Indo-Pacífico. «. Los submarinos nucleares AUKUS exigen un compromiso de varias décadas: bases permanentes en Australia, entrenamiento conjunto y la construcción de una nueva clase de sumergibles anglo‑australianos. Para el embajador, retrasar esos fondos equivaldría a debilitar todo el dispositivo de seguridad occidental.

Para España, la advertencia tiene eco. Aunque no forma parte de AUKUS, la presión de Washington sobre el gasto militar de los aliados europeos es cada vez más intensa. España, con un gasto en defensa que apenas alcanza el 1,3 % del PIB, permanece muy por debajo del 2 % comprometido en la OTAN. El mensaje a Londres —«ni un paso atrás en defensa»— es el mismo que Trump ha dirigido a todos los socios que no alcanzan ese umbral.

Publicidad

Burnham, entre la presión de Washington y el gasto electoral

El nuevo primer ministro británico, mientras, intenta equilibrar las exigencias de Washington con las promesas electorales. En un artículo en The Times —el mismo medio que albergó el órdago del embajador—, Burnham prometió utilizar cualquier futura inversión en defensa para comprar a la la industria nacional británica, sin mencionar una sola vez a Australia, a AUKUS ni a los submarinos. El único guiño fue su compromiso con la OTAN, la disuasión nuclear y Estados Unidos.

El mensaje de Washington es claro: la seguridad no admite atajos. Europa tendrá que elegir entre invertir en defensa o asumir que su protección ya no es la prioridad estratégica de Estados Unidos.

Pero defensa no es la única faceta en la que Trump quiere ver un giro. En su cuenta de Truth Social, el presidente estadounidense urgió al Reino Unido a «perforar, perforar, perforar» en el Mar del Norte, describiéndolo como «una de las mayores fuentes de petróleo de calidad del mundo». «Tiene cientos de años de capacidad por delante, mucho aún sin descubrir, y hará del Reino Unido uno de los países más ricos del mundo», escribió, en una arenga que mezcla el amor por Escocia con la obsesión por los combustibles fósiles.

gasto OTAN España

La Lógica de Washington

Detrás de esta doble presión —defensa y energía— hay una estrategia que va más allá de un simple tuit. La Casa Blanca quiere que los aliados europeos asuman un mayor protagonismo en su propia seguridad para que Estados Unidos pueda centrar sus recursos en el Indo-Pacífico y en la contención de China. La OTAN, con Europa aún dependiente del paraguas americano, es un lastre si no se reparte la carga. Es la vieja reivindicación del burden‑sharing, que ya en 2014 acordó destinar el 2 % del PIB a defensa, y que Trump ha convertido en su mantra.

En el plano energético, la lógica es similar: un Reino Unido que perfore en el Mar del Norte reduce su dependencia de importaciones, debilita la influencia de productores como Rusia o la OPEP y, al aumentar la oferta global, contribuye a contener los precios internacionales del crudo. El propio Trump recordó que Londres compra petróleo a Noruega extraído del mismo mar que podría explotar por sí mismo. «¡Qué ridículo es eso!», ironizó.

¿Y España? Aunque no es el blanco directo de estos mensajes, la posición de Washington es clara: cualquier aliado que no cumpla con el gasto militar acordado puede verse relegado en la agenda estratégica estadounidense. Para un país como España, cuyo peso en la OTAN es modesto y que arrastra un déficit de inversión crónico, la presión no tardará en llegar, sobre todo de cara a la próxima cumbre de la Alianza. En el plano energético, un aumento de la producción británica podría aliviar ligeramente los precios del petróleo, lo que beneficiaría a un importador neto como España, aunque el efecto sería marginal.

La Administración Trump no improvisa: replica, actualizada, la doctrina del linkage que ya esbozó en su primer mandato. Exige que los socios tradicionales demuestren con hechos, no con palabras, su compromiso con la seguridad colectiva. La pregunta es si Andy Burnham —un laborista más inclinado al gasto social— tendrá el margen político para satisfacer a Washington sin sacrificar sus promesas de campaña. El tiempo dirá, pero la factura ya está encima de la mesa.

Publicidad

Ficha del Caso

  • El caso: La Administración Trump exige al nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, que priorice el gasto en defensa —en especial el programa de submarinos AUKUS— y aumente la producción petrolífera en el Mar del Norte.
  • Datos clave: AUKUS prevé submarinos nucleares conjuntos y bases permanentes en Australia. España gasta un 1,3 % del PIB en defensa, lejos del 2 % de la OTAN. Trump urge a perforar en el Mar del Norte, que considera una reserva estratégica.
  • Para España: La presión sobre el Reino Unido anticipa exigencias similares a todos los aliados. Madrid podría verse forzado a revisar al alza su presupuesto de defensa en los próximos años. En el frente energético, un posible aumento de la oferta británica de crudo aliviaría, aunque de forma modesta, los costes de importación.