EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha acusado a Marruecos de instrumentalizar la inmigración y ha puesto Ceuta como ejemplo: 72.000 personas entraron el 30 de julio.
- ¿Quién está detrás? La declaración parte del Consejo Europeo durante el Foro Ambrosetti de Cernobbio y equipara a Rabat con Bielorrusia y Turquía.
- ¿Qué impacto tiene? Eleva la presión sobre el reino alauí mientras España refuerza su frontera sur y se reabre el debate sobre los acuerdos migratorios con terceros países.
António Costa ha acusado este sábado a Marruecos de instrumentalizar la inmigración contra la UE: el ejemplo es Ceuta.
El presidente del Consejo Europeo lanzó la advertencia en el Foro Ambrosetti, una de las conferencias geopolíticas más prestigiosas, celebrada en Cernobbio. Allí sostuvo que la UE se enfrenta desde hace siete años a una nueva experiencia: la instrumentalización de la migración como forma de amenazar la integridad territorial.
Una acusación en el foro de Como: de Ceuta a Bielorrusia y Turquía
Puso el foco en Ceuta. ‘Lo hemos visto ahora en la frontera de Marruecos y la entrada de Ceuta’, afirmó, en alusión directa al reino alauí. El episodio del 30 de julio dejó 72.000 personas dentro de la ciudad autónoma y disparó la crisis en la frontera sur española.
No fue un señalamiento aislado. Costa equiparó el caso con la frontera entre Polonia y Bielorrusia y con la tensión entre Grecia y Turquía. ‘Está claro que tenemos que identificar estas situaciones y tenemos que luchar contra esto’, aseveró.
La equiparación no es banal. Bielorrusia y Turquía ya fueron acusadas en su día por la Comisión y el Consejo de mover migrantes hacia las fronteras comunitarias como palanca geopolítica. Incluir ahora a Marruecos en esa categoría modifica el relato oficial que hasta hace poco presentaba al reino alauí como un socio fiable en el control migratorio.
La tesis tiene un precedente inmediato. A finales de agosto, tras reunirse en Vilna con el presidente lituano, Gitanas Nauseda, ya había calificado la instrumentalización migratoria de ‘totalmente inaceptable’ en las fronteras exteriores e incluyó a Ceuta entre los escenarios afectados.
Entonces reclamó ‘una respuesta europea conjunta’ y ‘una Europa segura y fuerte. La repetición del mensaje dos semanas después sugiere que Bruselas considera la instrumentalización migratoria un riesgo estructural, no un episodio aislado de frontera.
El precedente de Vilna y la presión sobre Rabat

En su intervención defendió, que el control migratorio debe apoyarse en ‘buenos acuerdos con los países de origen y con los países de tránsito’. Esa cooperación con terceros, argumentó, es la clave para contener la inmigración irregular sin renunciar a la respuesta europea ante los intentos de presión.
La declaración aumenta la presión sobre Rabat. Llega, además, mientras España refuerza su frontera sur tras la crisis de Ceuta, un escenario que Moncloa sigue con especial sensibilidad por la dependencia que mantiene de Marruecos en el control de los flujos migratorios, el comercio y la seguridad regional.
La instrumentalización migratoria ya no es una hipótesis: Ceuta, Bielorrusia y Turquía dibujan un patrón de presión sobre las fronteras exteriores.
El Eje del Poder Europeo
La advertencia de Costa encaja en una geometría europea de bloques. Los países del sur, con España a la cabeza, reclaman desde hace años solidaridad obligatoria y corresponsabilidad financiera ante los picos migratorios. Los llamados frugales del norte, en cambio, exigen más control de fronteras y más externalización hacia terceros. La mayoría de los países del norte europeo coincide en que la prioridad no es repartir, sino frenar.
El caso de Ceuta introduce un elemento aún más incómodo para Rabat. Marruecos es un socio estratégico para la UE en el Mediterráneo occidental, pero la acusación pública lo coloca en el mismo plano retórico que Bielorrusia y Turquía. Bruselas, con este mensaje, marca un límite: ni siquiera un socio preferente puede jugar con la migración sin pagar un coste diplomático.
El precedente de mayo de 2021, cuando unas 8.000 personas cruzaron a Ceuta en dos días, ya mostró la vulnerabilidad de la frontera sur. Entonces el silencio fue mayor. Ahora la UE responde con retórica abierta y un aviso al reino alauí, mientras España debe equilibrar firmeza exterior y no descarrilar unos acuerdos bilaterales sensibles.
La lectura estratégica para España va más allá de Ceuta. Si la UE adopta una doctrina de presión sobre los países de origen, la relación económica y energética con Marruecos puede resentirse. Madrid depende de Rabat en vísperas de renegociar acuerdos pesqueros y en un momento de alta sensibilidad en las dos ciudades autónomas.
La próxima ventana será el Consejo Europeo, donde la migración volverá a la mesa. Si la presión sobre Ceuta se repite, el margen de maniobra de Marruecos frente a Bruselas quedará más estrecho. Observamos, en todo caso, una tensión sin resolución inmediata: la UE necesita a Rabat y, a la vez, le acaba de señalar como parte del problema.

