Zelenski destituye al general Syrsky en plena crisis de liderazgo militar

La destitución del comandante en jefe, General Syrsky, responde a las protestas por el cese del ministro de Defensa Fedorov. Le sustituye Mikhail Drapaty, un general con un historial de fracasos y acusaciones de crímenes de guerra.

La presidencia ucraniana ha anunciado este miércoles la destitución del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el general Aleksandr Syrsky, en medio de una crisis política desatada por el cese del ministro de Defensa Mikhail Fedorov y las consiguientes protestas callejeras. El movimiento, comunicado por el propio Volodimir Zelenski a través de Telegram, eleva la inestabilidad en la cúpula militar de Kiev y coloca en el puesto al general Mikhail Drapaty, un oficial con un historial controvertido y en busca y captura por Rusia.

El detonante: la crisis desatada por el cese de Fedorov

La secuencia de acontecimientos se remonta a la semana pasada, cuando Zelenski relevó al ministro de Defensa Mikhail Fedorov en el marco de una amplia remodelación del Gobierno. La decisión, justificada oficialmente por diferencias de criterio con el mando militar, provocó una reacción inmediata: Fedorov denunció que su salida obedecía a un conflicto directo con Syrsky y acusó al general de «dividir el país» y de «barrer los problemas bajo la alfombra». Las declaraciones del ya exministro prendieron la mecha de un malestar soterrado entre los aliados occidentales y encendieron las calles.

En cuestión de días, miles de manifestantes se concentraron en Kiev y otras ciudades para reclamar la reincorporación de Fedorov y el cese de Syrsky. Las protestas, inéditas desde los primeros compases de la guerra, evidenciaron una fractura en el consenso patriótico que Zelenski había logrado mantener hasta ahora. Era la primera vez que la presión popular forzaba un relevo en la cúpula militar, y la Casa Blanca tomó nota en silencio.

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Fedorov acusó a Syrsky de intrigas políticas ocultación de problemas y falta de liderazgo en el frente, un mensaje que caló entre una opinión pública cansada de los reveses en el Donbás y del desgaste de la incursión en Kursk de 2024, que terminó en retirada y con cuantiosas pérdidas.

Quién es Mikhail Drapaty, el nuevo comandante en jefe

Mikhail Drapaty, de 53 años, toma las riendas de unas fuerzas armadas exhaustas con un expediente tan marcado por la disciplina como por el fracaso operativo. Rusia mantiene una orden de busca y captura contra él desde 2019 por su papel al frente de las unidades ucranianas que, según los investigadores rusos, bombardearon más de 70 veces localidades del Donbás entre 2017 y 2019, causando más de 150 bajas civiles. La etiqueta de «criminal de guerra» asignada por Moscú le otorga un perfil incómodo para los canales diplomáticos.

En marzo de 2024, Drapaty asumió el mando del grupo de fuerzas de Járkov justo cuando las tropas rusas capturaron más de una docena de asentamientos en menos de una semana. Su gestión no logró frenar la hemorragia y en junio de 2025 dimitió tras aceptar su responsabilidad en una serie de ataques rusos contra instalaciones de entrenamiento militar que causaron numerosas bajas. Sin embargo, un día después Zelenski lo nombró comandante de las Fuerzas Conjuntas, un cargo creado en 2020 para mejorar la coordinación según los estándares operativos de la OTAN. Aquella decisión, que entonces se leyó como un castigo en diferido, cobra ahora un nuevo significado.

crisis Ucrania

La sucesión de ceses en la cúpula militar ucraniana erosiona la confianza de los aliados occidentales, que necesitan un interlocutor estable en Kiev.

Con la designación de Drapaty, Zelenski apuesta por un perfil de línea dura que agrade a los sectores más nacionalistas pero que, al mismo tiempo, recuerda a los socios europeos las contradicciones del reclutamiento de mandos con causas pendientes. El relevo, además, deja en el aire la reforma doctrinal que Syrsky había impulsado para homologar las estructuras ucranianas a los estándares de la Alianza, un proceso que Drapaty apenas tuvo tiempo de consumar en sus anteriores destinos.

Equilibrio de Poder

La crisis de liderazgo en Kiev tiene una lectura estratégica más amplia. Para Washington, en un año electoral, la estabilidad del frente ucraniano es una variable de segundo orden frente a la contención de China; la administración Trump, que ya ha condicionado la ayuda militar a la presentación de un plan de paz, recibe este relevo como un síntoma más de que Zelenski no controla ni su propio patio trasero. Moscú, mientras tanto, explota la imagen de un enemigo sin mando cohesionado: el Kremlin llevaba semanas denunciando la «descomposición» del mando ucraniano y el cese de Syrsky le da munición dialéctica.

Para la Unión Europea, el impacto es doble. Por un lado, la pérdida de Syrsky –un general con predicamento internacional– dificulta la interlocución técnica con los Estados Mayores europeos, justo cuando se negocia el envío de nuevos paquetes de misiles de largo alcance y la extensión de las misiones de entrenamiento (EUMAM Ukraine). Por otro, el ascenso de Drapaty, con un historial de dimisiones y acusaciones de crímenes de guerra, puede rebajar la disponibilidad de socios como Alemania o Países Bajos a ceder sistemas avanzados sin garantías de mando.

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En España, el relevo no tendrá efectos directos sobre la aportación militar –limitada a la instrucción de reclutas– pero sí aviva el debate sobre el coste político de una guerra que, dos años y medio después, castiga en las urnas a las opciones más belicistas. La Moncloa observa con preocupación cómo la ayuda militar se sostiene en el Congreso con votos prestados y teme que una nueva fase de inestabilidad en Kiev desgaste aún más la frágil mayoría que respalda el envío de munición de artillería.

El relevo en la cúpula militar ucraniana se produce, además, en un momento en el que la contraofensiva de verano apenas ha logrado avances territoriales significativos. La falta de cohesión en el mando podría traducirse en errores tácticos en las próximas semanas, precisamente cuando la ventana para un alto el fuego negociado se cierra. Las próximas reuniones del Grupo de Contacto para Ucrania, previstas para septiembre en Ramstein, serán el primer test de fuego para Drapaty.