El Brent supera los 100 dólares y Goldman Sachs prevé 120 si persiste el bloqueo de Ormuz

El Brent supera los 100 dólares por el bloqueo de Ormuz y Goldman Sachs prevé 120 si la crisis se prolonga. El BCE se enfrenta a un nuevo repunte inflacionario que puede retrasar la bajada de tipos y golpear a la economía española en plena recuperación.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Brent ha superado los 100 dólares por barril y Goldman Sachs prevé 120 si el bloqueo de Ormuz se mantiene hasta fin de año.
  • ¿Quién está detrás? La escalada militar entre EE.UU. e Irán ha interrumpido el tránsito por el estrecho, por donde pasa el 20% del crudo mundial.
  • ¿Qué impacto tiene? El encarecimiento del petróleo presiona la inflación de la Eurozona, complica la senda de bajadas de tipos del BCE y encarece la energía para España.

Bruselas, 26 de julio de 2026. El barril de Brent ha traspasado la barrera psicológica de los 100 dólares, un umbral no visto desde los peores momentos de la crisis energética. La causa inmediata es el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, convertido en zona de guerra por la escalada entre Estados Unidos e Irán. La interrupción del suministro ha devuelto al mercado petrolero a la tensión de marzo de este año y ha disparado las primas de riesgo geopolítico.

Goldman Sachs ha actualizado hoy sus previsiones: si los cuellos de botella persisten hasta el último trimestre, el crudo de referencia en Europa podría alcanzar 120 dólares por barril. No es una hipótesis remota. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) alerta de que las reservas de los países de la OCDE han caído a su nivel más bajo desde diciembre de 1990, con un ritmo de descenso de 3,8 millones de barriles diarios desde el inicio de las hostilidades.

El mecanismo del shock: dos cuellos de botella simultáneos

Ormuz concentraba el 20% del tráfico mundial de petróleo. Ahora se suma la inestabilidad en el estrecho de Bab el-Mandeb, controlado por los hutíes yemeníes aliados de Teherán. La doble obstrucción corta otra ruta vital: el canal de Suez, por el que transita cerca del 7% del crudo global y una parte sustancial del gas natural licuado (GNL) que abastece a Europa. El precio del gas TTF se ha disparado un 50% en un mes y los inventarios comunitarios están muy por debajo de los objetivos de llenado antes del invierno.

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Christof Rühl, investigador del Center on Global Energy Policy y ex economista jefe de BP, advierte de que la resiliencia de los mercados puede ser engañosa: «Puede inducir a los gobiernos a asumir riesgos cada vez mayores». Es decir, cuanta más capacidad muestran los mercados para absorber el caos, más se estira la cuerda de la geopolítica.

El BCE frente a la vuelta del fantasma de la estanflación

El encarecimiento del crudo y del gas vuelve a meter presión sobre los precios justo cuando el Banco Central Europeo empezaba a ver luz al final del túnel inflacionario. La presidenta Christine Lagarde tenía sobre la mesa una nueva bajada de tipos en septiembre, pero los 100 dólares del Brent la ponen en pausa. Mohamed El-Erian, asesor económico del Queens’ College de Cambridge, lo resumió con crudeza: «Los bancos centrales no pueden ignorar otro shock energético persistente porque corren el riesgo de desanclar las expectativas de inflación».

Un barril de Brent por encima de los 100 dólares actúa como un impuesto para la economía europea: recorta el poder de compra de los hogares y mantiene los tipos altos más tiempo del deseado.

La subida del petróleo golpea directamente a España, el país de la Eurozona más expuesto a las oscilaciones energéticas por su dependencia del transporte marítimo y su alto peso del sector turístico y de la automoción. Cada desvío de ruta añade días de navegación y costes logísticos que las empresas acaban trasladando a precios finales. Según fuentes del Ministerio de Economía, Moncloa sigue de cerca la evolución del Brent porque un barril estable en los 100 dólares añadiría dos décimas al IPC armonizado antes de que acabe el verano.

Brent 120 dólares

El Eje del Poder Europeo

La crisis petrolera tensiona las costuras de la UE en un momento delicado. Los países del sur, con España e Italia a la cabeza, urgen a Bruselas a activar medidas de contención —desde un tope temporal al precio del gas hasta ayudas directas a los sectores más afectados—. Berlín y los frugales del norte se resisten: temen que cualquier intervención descarrile la disciplina fiscal recién reafirmada y alimente una espiral de subsidios. Mientras tanto, París intenta mediar con propuestas de compras conjuntas de gas, emulando la plataforma AggregateEU que funcionó durante la crisis de 2022.

Para España, el impacto es doble: por un lado, el encarecimiento del crudo reduce el margen de maniobra de los Presupuestos Generales del Estado, ya tensionados por el cumplimiento de la regla de gasto pactada con Bruselas; por otro, alimenta un descontento social que el Gobierno había conseguido aplacar gracias a la moderación de la inflación en los últimos meses. La oposición ya ha pedido al Ejecutivo que aclare si mantendrá la bonificación al combustible si el Brent se instala en los 110 dólares.

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La lectura a medio plazo no es halagüeña. La guerra en Oriente Próximo está redibujando el mapa energético con una velocidad que no se veía desde la invasión rusa de Ucrania. Arabia Saudí vuelve a ser el productor decisivo, Rusia se beneficia de un crudo caro que financia su guerra en Ucrania y China consolida su posición de gran comprador. Europa, en cambio, sigue pagando la factura de su vulnerabilidad. «Las cadenas de valor ejercen una resistencia que se corresponde a la de su eslabón más débil, la geopolítica», sentencia Peter Sand, analista jefe de Xeneta. La próxima reunión del BCE en septiembre será la prueba del algodón: o los gobernadores ven claro un alivio monetario o la economía europea encadenará otro otoño de tipos altos y crecimiento renqueante.

El riesgo, en última instancia, es que la prórroga de las hostilidades convierta los 120 dólares de Goldman Sachs en el nuevo suelo del mercado. En ese caso, ya no se trataría solo de un shock temporal, sino de un cambio estructural en el coste de la energía para la industria europea. Y España, que aspiraba a cerrar 2026 con un crecimiento por encima del 2%, podría ver cómo se esfuma la recuperación en unos pocos meses. La geopolítica, una vez más, aprieta más que los manuales de economía.