PP y Vox sellan un reparto de papeles para evitar la competencia por el voto conservador

Las coaliciones en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía consolidan una división de roles que limita la fricción por el electorado conservador. La dirección de Vox y el PP apuestan por diferenciar sus mensajes para no competir directamente.

Las cuatro coaliciones autonómicas entre PP y Vox —Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía— han sellado un reparto de papeles que minimiza la fricción y aleja a ambos partidos de la competencia directa por el voto conservador.

Este jueves se cumplen tres meses de la constitución del primer Ejecutivo compartido, en Extremadura, y el balance que arrojan las fuentes consultadas por La Vanguardia es de plena sintonía y nulo desgaste electoral. La suma de los populares y los de Santiago Abascal mantiene una ventaja sólida sobre la izquierda: según el sondeo del propio diario a principios de julio, la coalición de ambos alcanzaría 196 escaños de los 350 del Congreso.

Vox apuesta por gestión y perfil propio sin guerra de posiciones

Las primeras medidas desplegadas por Vox en los gobiernos autonómicos se han orientado a inmigración y al sector primario, dentro de un clima de “sintonía y sin roces”, según fuentes del partido consultadas por La Vanguardia. El partido de Abascal busca demostrar que puede aplicar su programa sin generar tensiones que beneficien a la izquierda.

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En Extremadura, Vox logró recortar el dinero destinado a cooperación internacional de 11 millones a 2,7 millones, con el argumento de que no se financien actividades que “promueven la inmigración ilegal masiva y descontrolada”. Al mismo tiempo, desde la consejería de Agricultura, el partido ha tenido que hacer frente a la escasez de vacunas contra la lengua azul, una enfermedad que afecta al ganado ovino.

En Aragón, la coalición ha impulsado una reforma de la ley del Ingreso Mínimo Vital autonómico para excluir a inmigrantes en situación irregular. Hasta ahora bastaba con estar empadronado; Vox ha endurecido los requisitos para exigir un “arraigo real, duradero y verificable, vinculado a un periodo mínimo reforzado de empadronamiento y a la trayectoria de cotización a la Seguridad Social”. Como contrapunto, los de Abascal reivindican ayudas para enfermos de ELA y para explotaciones agrícolas afectadas por lluvias torrenciales.

En Castilla y León, el foco se ha puesto en la acogida de menores migrantes no acompañados: Vox se ausentó de la sectorial de Infancia del Gobierno y la Junta ha fijado un límite de 190 plazas, lejos de las 830 que asigna el Ejecutivo central, al tiempo que se han abierto más de una veintena de procedimientos para verificar la edad de los acogidos.

Un Vox centrado en la gestión y un PP volcado al centro están dibujando un reparto de papeles que aleja la competencia interna y fortalece al bloque de derechas.

El PP se orienta al centro y evita la confrontación con Vox

En paralelo, el PP ha decidido orientar su estrategia hacia la conquista del centro político, sin confrontar con Vox. “Esta batalla se dirime en el centro, en recuperar a quien votó a Rajoy, luego a Rivera y después a Sánchez y ahora dice que no se puede quedar con Sánchez”, recogen fuentes populares citadas por el diario. El objetivo explícito no es quitarle votos a Abascal —“eso condenaría a la derecha a quedarse otra vez a cuatro diputados de la mayoría absoluta”—, sino arrebatar escaños a la izquierda.

Los barones del PP, según relata La Vanguardia, ensalzan en privado el enfoque de gestión de Vox, avalado por la designación de perfiles técnicos en sus consejerías. La única nota de cautela se sitúa en Andalucía, donde las relaciones con Juan Manuel Moreno son más complicadas y el propio PP reconoce que será necesario ver cómo evoluciona la alianza en los próximos meses.

Un reparto de papeles que consolida al bloque de derechas

Desde Moncloa.com observamos que este reparto de papeles no es una casualidad ni un simple paréntesis táctico. La división de funciones entre un Vox que ejerce de ariete en inmigración y sector primario y un PP que busca el voto moderado reduce las posibilidades de fricción directa y refuerza la hegemonía electoral del bloque conservador. El precedente inmediato —la ruptura de los gobiernos autonómicos en julio de 2024— hace aún más significativa esta nueva etapa de colaboración, que el partido de Abascal gestiona con el argumento de que gobernar con rigor y sin estridencias es la mejor manera de normalizar su presencia institucional.

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Las encuestas, de momento, dan la razón a esta estrategia. Con una ventaja holgada sobre la izquierda y un nivel de conflictividad interna muy bajo, PP y Vox han encontrado un modelo que traslada la competencia al campo del adversario y les permite afrontar el ciclo electoral con la posibilidad real de sumar mayoría. La gran incógnita seguirá siendo Andalucía, pero el tono general que destilan las cuatro coaliciones apunta a que el reparto de papeles ha llegado para quedarse.