Ayudas a la industria china multiplican por ocho a las de la UE, según EsadeGeo

La brecha creció durante dos décadas y los costes de producción en Europa son ya hasta un 45 % superiores a los de China. El Industrial Accelerator Act es la respuesta de Bruselas, pero su entrada en vigor no está prevista hasta 2029 y España, puerta de aterrizaje de los fabrican

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un informe de EsadeGeo revela que la industria china recibió entre tres y ocho veces más ayudas públicas que la de los países de la OCDE entre 2005 y 2024, disparando la brecha competitiva con la UE.
  • ¿Quién está detrás? El estudio lo firman Juan Moscoso del Prado y Darío Arjomandi, investigadores del centro de estudios EsadeGeo, vinculado a Esade.
  • ¿Qué impacto tiene? La Comisión Europea ultima el Industrial Accelerator Act (IAA) para 2029, pero los expertos advierten de riesgos para las cadenas de suministro y de que España, con la desembocadura de inversores chinos, se juega mucho.

Las ayudas públicas a la industria china multiplican por ocho las que reciben las empresas de la UE y de Estados Unidos. El dato, recogido esta semana por el centro de estudios EsadeGeo de Esade, confirma con cifras una brecha competitiva que la Comisión Europea intenta cerrar con la futura Ley de Aceleración Industrial (Industrial Accelerator Act, IAA).

El informe, elaborado por el senior fellow Juan Moscoso del Prado y el investigador Darío Arjomandi, analiza las asimetrías entre los bloques y lanza propuestas que van desde un fondo soberano europeo hasta la emisión de un bono conjunto y la creación de un régimen fiscal societario único para los Veintisiete. La ventana de oportunidad, en pleno debate sobre el Made in Europe, se estrecha: la IAA no entrará en vigor hasta 2029 y Pekín sigue acelerando.

Las cifras de un abismo que se ensanchó durante dos décadas

Entre 2005 y 2024, los sectores industriales chinos recibieron entre tres y ocho veces más apoyo financiero público que los de los países de la OCDE. La inversión china en descarbonización y energías limpias alcanzó en 2024 los 680.000 millones de dólares, un 80 % por encima de los 370.000 millones de la UE. En automoción, el gigante asiático ha dedicado 230.900 millones a sus empresas entre 2009 y 2023, mientras Bruselas se ha limitado a fijar objetivos y penalizaciones.

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El resultado es un dominio aplastante en las tecnologías del futuro. China controla ya el 80 % de la producción mundial de tecnología fotovoltaica, el 70 % de la de baterías y el 65 % de la de coches eléctricos. Producir una batería, una turbina eólica o un módulo solar cuesta en Europa hasta un 45 % más que en China, y construir una planta para fabricarlos resulta hasta un 130 % más caro.

No es solo cuestión de costes. Los consumidores europeos lo notan en sus bolsillos, y eso explica la urgencia de Bruselas. Los investigadores de EsadeGeo subrayan que las empresas chinas han aterrizado en España con acuerdos como el de Geely en la planta de Ford en Valencia, la llegada de SAIC a Ferrol, la alianza de Chery y Ebro en Barcelona, la fábrica de baterías de CATL en Figueruelas o los planes de Leapmotor en Madrid. La puerta de entrada a Europa se llama, cada vez más, España.

El ‘Industrial Accelerator Act’: la respuesta europea con los riesgos a cuestas

La Comisión Europea, con el comisario de Estrategia Industrial Stéphane Séjourné al frente, ha puesto sobre la mesa el Industrial Accelerator Act. La norma abre la puerta a ayudas de Estado condicionadas a la descarbonización y establece un nuevo régimen para los inversores chinos: sociedades conjuntas al 49 % con socios locales, transferencia de tecnología y empleo de mano de obra comunitaria. Bruselas insiste en que son medidas recíprocas porque Pekín lleva años aplicando reglas similares a los inversores europeos.

La brecha no se cierra con aranceles, sino con inversión pública y un marco fiscal que permita a la industria europea competir sin subvencionar a sus rivales.

Sin embargo, el informe advierte de dos riesgos mayores. El primero es que los socios comerciales queden excluidos del Made in Europe, afectando compromisos y cadenas de suministro. El segundo es abrir demasiado la norma a terceros países mediante acuerdos comerciales, lo que “presenta el riesgo de eludir el alcance de la norma mediante la deslocalización y el friendshoring”. “Va a ser, sin duda, una de las grandes batallas de la tramitación de la IAA”, vaticinan Moscoso y Arjomandi.

El Eje del Poder Europeo

El abismo de financiación que detalla EsadeGeo es, en el fondo, un pulso entre modelos de capitalismo. China apuesta por la planificación industrial respaldada por el Estado; la UE, por un marco regulatorio que premie la eficiencia y la descarbonización. Ahora los números dicen que la brecha es insalvable con las reglas actuales, y eso obliga a Bruselas a moverse en un terreno que siempre ha sido tabú: la política industrial común y la mutualización de deuda.

España ocupa un lugar incómodo en este tablero. Por un lado, la llegada de inversores chinos genera empleo y capacidad productiva, pero también dependencia tecnológica y un dilema sobre las ayudas de Estado que la IAA pretende regular. El informe de EsadeGeo lo deja claro: en la automoción, el 80 % del mercado puede verse afectado por el Made in Europe. Para un país como España, donde el sector supone el 10 % del PIB y emplea a casi dos millones de personas, el riesgo es sistémico.

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La propuesta de un bono europeo vinculado a la IAA o de destinar un 10 % del IVA de productos industriales a financiar proyectos estratégicos choca con la resistencia de los países frugales, que recelan de cualquier mecanismo que pueda mutualizar riesgos. La solución, apuntan los autores del estudio, pasa por un marco fiscal que no suponga un nuevo impuesto, pero que exigiría unanimidad. Y la unanimidad, como ocurrió con el Mecanismo de Recuperación o el Pacto Migratorio, es el terreno donde las grandes ideas se estancan.