Una nueva encuesta de El Periódico dibuja un Parlament convulso: Aliança Catalana (AC) irrumpe como segunda fuerza política de Catalunya, con una horquilla de 25 a 28 diputados, mientras el PSC de Salvador Illa se mantiene en primera posición pero cae hasta un rango de 34 a 37 escaños.
La formación ultraderechista de Sílvia Orriols, que en las elecciones de 2024 apenas consiguió dos representantes, experimenta un crecimiento tan explosivo como inesperado. El sondeo, conocido a poco más de dos años del inicio de la legislatura, confirma el desgaste del independentismo clásico y la fragmentación del tablero catalán.
El desplome de Junts y el equilibrio inestable del independentismo
El gran damnificado es Junts per Catalunya: pasa de los 36 diputados actuales a una franja de 15 a 18, cayendo de segunda a cuarta fuerza. El barómetro del CEO ya había anticipado un retroceso similar, aunque desde la formación de Carles Puigdemont insistieron en que este tipo de sondeos infravaloran su respaldo real.
ERC, en cambio, mejora ligeramente tras el batacazo de 2024. Los republicanos de Oriol Junqueras, todavía pendiente de la aplicación de la amnistía, escalarían de 20 a 24-27 escaños y se disputarían la segunda plaza con Aliança Catalana. La CUP, sin embargo se mantendría al borde de la desaparición: la encuesta le otorga entre 0 y 4 diputados.
Si se suman las horquillas más altas de los partidos independentistas, incluida AC, la mayoría absoluta sería factible (77 escaños). Pero la línea roja es clara: ni ERC ni la CUP pactarán con la ultraderecha, lo que deja ese hipotético bloque en papel mojado.
Illa confía en su hoja de ruta pese al retroceso socialista
Desde Vietnam, donde se encuentra de viaje oficial, el presidente de la Generalitat ha quitado hierro a la encuesta. Sostiene que “la inmensa mayoría” de los catalanes “están por la integración y no por discursos de odio” y asegura que no cambiará la línea de gobierno.
El contexto interno no le favorece: los presupuestos se aprobaron con meses de retraso, la polémica de las pruebas PISA en Educació no se ha cerrado y la sustitución de Mònica Martínez Bravo por Raül Moreno al frente de Drets Socials fue el primer cambio de calado en el Govern.
La subida de Aliança Catalana convierte al Parlament en un polvorín donde ningún bloque podrá gobernar sin salvar líneas rojas hasta ahora infranqueables.
Las cuentas de la gobernabilidad: tripartito o bloqueo
Frente a la imposibilidad del independentismo con AC, el tripartito que ha sostenido a Illa —PSC, ERC y Comuns— retendría la mayoría absoluta con 68 diputados. Los Comuns, con Jessética Albiach como referente, bajarían a 3-4 escaños, pero bastarían para completar la suma.
El PP de Alejandro Fernández quedaría en 12-13 diputados y Vox en 11-13, reforzando un polo constitucionalista menguado. La lectura en clave estatal es directa: el socio prioritario de Sánchez en Catalunya se debilita, lo que añade presión a las negociaciones presupuestarias y a las cesiones que el independentismo exige en el Congreso.
El tablero postelectoral, si las proyecciones se cumplieran, dejaría al Govern en manos de la voluntad de ERC. Y sin ERC, la aritmética empujaría a un escenario de ingobernabilidad o a un pacto que hoy todos los candidatos descartan. La próxima cita electoral, aunque aún lejana, se vislumbra como la más incierta desde el procés.
