EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que la campaña militar contra Irán cuesta 37.500 millones de dólares. Analistas independientes elevan el coste real a más de 112.000 millones solo en gastos directos, y a más de un billón considerando daños y costes futuros.
- ¿Quién está detrás? Hegseth en una audiencia del Comité de Asignaciones del Senado el martes, defendiendo una petición de 72.000 millones para la guerra. La Casa Blanca respalda la cifra oficial. Expertos de think tanks como el Quincy Institute, CSIS y la Heritage Foundation la cuestionan.
- ¿Qué impacto tiene? La guerra está agotando municiones estadounidenses, debilitando la preparación frente a China y añadiendo presión sobre un déficit de 2 billones de dólares. Para España, el aumento del déficit y la deuda estadounidense podría encarecer la financiación de su propia deuda, y la presión sobre los aliados de la OTAN para incrementar el gasto militar se intensifica.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, situó este martes el coste de la campaña militar contra Irán en 37.500 millones de dólares. Fuera del Capitolio la cifra no resiste el contraste: analistas independientes la elevan por encima de los 112.000 millones, y advierten de que las facturas por daños, reposición de municiones y prestaciones a veteranos dispararán la cuenta final hasta el billón de dólares.
Una cifra oficial que no cuadra ni con la petición de fondos
Hegseth ofreció esa cantidad durante una audiencia del Comité de Asignaciones del Senado. Pero el mismo secretario estaba allí para justificar una petición presupuestaria de 72.000 millones de dólares para el esfuerzo bélico, 67.000 de ellos para el Pentágono. La contradicción saltó de inmediato: si la guerra solo ha costado 37.500 millones, ¿por qué se necesitan casi el doble ahora?
Según Stephen Semler, cofundador del Security Policy Reform Institute y cuyos cálculos sitúan el gasto real en torno a 112.300 millones de dólares a día del martes, la administración ha ido muy lejos para ocultar el coste. “Creo que Pete Hegseth mintió al Congreso”, dijo al Daily Caller. La Casa Blanca se remitió a las declaraciones del secretario. Es la primera vez que un mando estadounidense pone una cifra concreta sobre la factura del conflicto, y lo hace en un momento en el que la popularidad de la guerra toca mínimos históricos según los sondeos de Semler.
El agotamiento de misiles Patriot y la pérdida de músculo frente a China
El dinero no es lo único que se consume. Un informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS) revela que entre el 28 de febrero y el 21 de abril las fuerzas estadounidenses gastaron entre un 45% y un 61% de sus misiles Patriot. De un arsenal de 2.330, se habrían empleado entre 1.060 y 1.430 unidades. Las cifras son de hace meses; las reservas actuales están aún más vacías.
Ese drenaje tiene consecuencias geopolíticas directas. Ben Freeman, del Quincy Institute, advirtió de que “esta administración libra una guerra equivocada con Irán que ha diezmado nuestra preparación para un conflicto con China”. Los planes de disuasión en Asia dependen precisamente de esos misiles. La guerra de Irán está devorando las capacidades que se presuponían para defender el Pacífico.
Allison McManus, del Center for American Progress, subrayó otro dato: el coste diario de las operaciones podría alcanzar entre 500 millones y mil millones de dólares. “Los costes se acumularán mientras continúen las operaciones”, dijo. Y a eso habrá que sumar pensiones de veteranos e intereses de la deuda con la que se financia.
La Lógica de Washington
La historia se repite. Cuando la administración George W. Bush lanzó la guerra de Irak, las estimaciones iniciales hablaban de unos 200.000 millones de dólares. Aquel conflicto acabó costando cinco billones, veinticinco veces más. Steve Hanke, profesor de economía aplicada en la Johns Hopkins University, aplicó la misma regla de tres a Irán: un coste final cercano al billón de dólares si la guerra se alarga.
¿Por qué la administración Trump da una cifra tan baja? La lógica electoral y legislativa es la misma que entonces: minimizar la factura evita un debate incómodo en el Congreso y reduce la presión de la opinión pública. “El Congreso ha hecho la vista gorda a esta gran desventura”, dijo Hanke. Con un déficit federal camino de los dos billones de dólares en 2026 y una deuda nacional de cuarenta billones, cualquier cifra adicional dispara las alarmas de los mercados de bonos.
Para España, el riesgo no es menor. La deuda estadounidense marca el precio del dinero en todo el mundo. Si los inversores empiezan a descontar un deterioro fiscal acelerado, la rentabilidad del bono del Tesoro a diez años subirá, y con ella los tipos de referencia que paga el Tesoro español por su propia deuda. Además, el vaciado de arsenales estadounidenses puede empujar a la OTAN a pedir a sus socios un esfuerzo mayor en reposición y gasto militar, una presión que Madrid ya ha empezado a sentir.
Cada día de operaciones en Irán consume municiones que la defensa asiática necesitaría en una crisis con China, mientras el déficit federal engorda una factura que acabará pagando la deuda soberana de todos.
El Partido Demócrata ha intentado sujetar al poder ejecutivo con dos resoluciones de poderes de guerra. Una aprobada en junio y otra en la Cámara de Representantes el 23 de julio, aunque una iniciativa paralela en el Senado fracasó por 49 a 47. La guerra sigue sin autorización del Congreso, y Hegseth sigue pidiendo decenas de miles de millones mientras dice que todo cuesta bastante menos.
Ficha del Caso
- El caso: El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró ante el Senado que la guerra contra Irán ha costado 37.500 millones de dólares. La cifra choca con las peticiones presupuestarias y con los cálculos de analistas independientes.
- Datos clave: Estimaciones independientes sitúan el coste directo en al menos 112.300 millones; expertos como Steve Hanke proyectan más de un billón si el conflicto se prolonga. EE.UU. ha gastado entre el 45% y el 61% de sus misiles Patriot. El déficit federal ronda los 2 billones y la deuda los 40 billones.
- Para España: El aumento del déficit estadounidense puede encarecer la financiación del Tesoro español. La presión aliada para elevar el gasto militar de la OTAN se intensificará, y el agotamiento de arsenales abre la puerta a contratos de defensa para empresas españolas que puedan reponer misiles y sistemas.

