EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El presidente Donald Trump ha anunciado este jueves un acuerdo para el desarme total de Hamás y otros grupos armados en Gaza, bajo la supervisión de la Junta de Paz que él mismo preside.
- ¿Quién está detrás? La iniciativa parte directamente del presidente de Estados Unidos, con la mediación de Egipto, Catar y Turquía, y el respaldo formal de la Junta de Paz internacional.
- ¿Qué impacto tiene? Para España, el plan refuerza la vía diplomática en un conflicto que afecta la estabilidad del Mediterráneo; el Gobierno español observa con cautela un acuerdo que, de implementarse, abriría opciones de reconstrucción posbélica en las que empresas españolas podrían tener papel.
Donald Trump ha vuelto a pisar el acelerador en Oriente Próximo.
El presidente estadounidense anunció este jueves que la Junta de Paz —el organismo que él mismo preside— ha alcanzado un acuerdo para el «desarme completo» de Hamás y otros grupos armados en Gaza. Un movimiento que llega apenas semanas después de que la facción islamista desmantelara su gobierno en la Franja para dar paso a un nuevo panel de administración civil impulsado por la propia Junta.
‘Este acuerdo es un hito monumental hacia una paz y seguridad duraderas’, escribió Trump en su red Truth Social, en un mensaje que mezclaba la grandilocuencia habitual con detalles operativos concretos. El plan se ejecutará en fases: primero el desarme, luego la retirada de las fuerzas israelíes y, finalmente, el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización que trabajará codo con codo con una nueva policía palestina.
Un desarme en varias fases bajo supervisión internacional
El comunicado de Trump detalla que el proceso se desarrollará ‘en fases cuidadosamente estructuradas’. La idea es que, a medida que se verifique el desarme de las milicias, las tropas israelíes abandonen progresivamente el territorio. Entonces, la Fuerza Internacional de Estabilización asumirá la responsabilidad de la seguridad, con el apoyo de una renovada fuerza policial palestina.
El presidente agradeció expresamente la labor de los mediadores: Egipto, Catar y Turquía. Y subrayó que ‘la amenaza que surgió de Gaza el 7 de octubre no se le permitirá reconstruirse’. La referencia a los ataques de 2023 es un guiño directo a su base electoral y a la opinión pública israelí.
El escepticismo de Israel y la discreción de los actores regionales
Si en Washington se respiraba optimismo, en Jerusalén el ambiente era otro. Fuentes israelíes mostraron cautela nada más conocerse el anuncio. El Gobierno de Benjamin Netanyahu lleva meses insistiendo en que cualquier acuerdo debe garantizar la desmilitarización total de Gaza y la imposibilidad de que Hamás vuelva a rearmarse. El plan de Trump, sobre el papel, cumple con esos requisitos, pero la desconfianza israelí es profunda.
‘No firmamos cheques en blanco’, habría comentado un alto cargo del Ministerio de Defensa israelí en conversación privada, según reconstruye la prensa local. La reacción oficial se limitó a un lacónico ‘estamos estudiando los detalles’. Mientras, los mediadores celebraban el acuerdo en privado pero evitaban grandes titulares, conscientes de que el verdadero test llegará con la implementación sobre el terreno.
La lógica de Washington
Entender este movimiento exige mirar más allá de Gaza. Trump está ejecutando aquí una de las piezas clave de su legado diplomático: los Acuerdos de Abraham y el Plan de 20 Puntos que él mismo definió como la hoja de ruta para la región. La Junta de Paz, creada tras el alto el fuego de octubre de 2025, le da un paraguas institucional que le gusta: un organismo internacional presidido por el presidente de Estados Unidos, donde las decisiones se toman sin pasar por el filtro multilateral de las Naciones Unidas.
La lógica política interna también es clara. El electorado republicano premia los gestos de fuerza y las victorias tangibles en política exterior. Anunciar el desarme de Hamás, aunque sea en una fase preliminar, permite a Trump vender resultados antes de las elecciones de 2026. Además, este movimiento neutraliza una fuente constante de críticas de su propia base cristiana evangélica y de los donantes pro-Israel, a quienes puede mostrar que la promesa de ‘paz sin apaciguamiento’ se está materializando.
Para España, las implicaciones son de largo recorrido pero relevantes. El Gobierno de Pedro Sánchez ha defendido históricamente la solución de dos Estados y ha sido especialmente vocal en la protección de los civiles en Gaza. El plan de Trump, si se consolida, puede abrir una ventana para la reconstrucción de la Franja, un escenario donde las empresas constructoras y de infraestructuras españolas —con amplia experiencia en zonas de conflicto— podrían encontrar oportunidades. Madrid ya ha mostrado disposición a participar en misiones de estabilización bajo bandera internacional, aunque previsiblemente esperará a ver cómo evoluciona la implementación sobre el terreno antes de comprometerse.
La clave estará en los próximos meses, cuando deben definirse los calendarios concretos de desarme y, sobre todo, el despliegue de la Fuerza Internacional. Si el escepticismo israelí se transforma en bloqueo, el plan podría quedar en papel mojado. Si se supera, Washington habrá conseguido lo que parecía imposible: desarmar a Hamás sin una guerra abierta.
Trump ejecuta su plan de 20 Puntos con una Junta de Paz que preside él mismo: un formato diplomático a medida para vender resultados antes de 2026.
Ficha del Caso
- El caso: Donald Trump anuncia un acuerdo de desarme por fases para Hamás en Gaza, supervisado por la Junta de Paz que él preside, con retirada progresiva de tropas israelíes y despliegue de una fuerza internacional.
- Datos clave: El plan forma parte del Plan de 20 Puntos de Trump; mediadores: Egipto, Catar y Turquía; se espera que una nueva fuerza policial palestina y la Fuerza Internacional de Estabilización asuman la seguridad una vez completado el desarme.
- Para España: Oportunidad de reconstrucción y estabilización en una zona de interés estratégico para el Mediterráneo, con empresas españolas que podrían participar si el plan avanza; el Gobierno español sigue de cerca la evolución del proceso.

