La banca española mantiene su financiación a combustibles fósiles y rebaja sus compromisos climáticos

Santander, BBVA y CaixaBank canalizaron más de 28.000 millones de dólares hacia el petróleo, el gas y el carbón en 2025, un aumento del 6,2% y del 23,1% respectivamente. Los tres grandes relajan sus metas de temperatura y excluyen el grueso de sus emisiones de los objetivos.

Santander, BBVA y CaixaBank no solo mantienen su financiación a los combustibles fósiles, sino que relajan sus propios compromisos climáticos mientras la emergencia se intensifica. El informe Banking on Climate Chaos 2026, que analiza a los 65 mayores bancos del mundo, revela que las tres mayores entidades españolas canalizaron en conjunto más de 28.000 millones de dólares hacia el petróleo, el gas y el carbón en 2025. La cifra supone un incremento respecto al año anterior y pone en cuestión la narrativa de una banca comprometida con la descarbonización.

Miles de millones de dólares en combustibles fósiles

El Banco Santander encabeza la lista nacional, y también la de retrocesos. La entidad presidida por Ana Patricia Botín destinó 16.829 millones de dólares a empresas fósiles en 2025, un incremento del 6,2 % que casi duplica la cantidad registrada en 2021. Más preocupante aún es su apuesta por la expansión: 9.200 millones para proyectos que bloquean décadas de emisiones, un salto del 28,5 % en solo doce meses.

El BBVA, dirigido por Carlos Torres, registró un avance aún más acusado. El banco financió con 10.800 millones de dólares a compañías fósiles en 2025, un 23,1 % más que en 2024, y ya acumula 41.300 millones desde 2021. Su apoyo a la expansión fósil creció un 25,7 %, hasta los 6.500 millones, sin que se haya documentado un refuerzo de las salvaguardas o exclusiones sectoriales.

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CaixaBank, participada por el Estado a través de la SEPI, sí redujo su exposición: destinó 1.300 millones de dólares al sector, un recorte del 35 % frente a 2024. Sin embargo, la caída cuantitativa no vino acompañada de más rigor. En 2025, la entidad catalana diluyó su política sobre carbón metalúrgico —el que se emplea para fabricar acero—, abriendo la puerta a financiar actividades que antes tenía más restringidas. Una contradicción que resta credibilidad a su discurso de banca sostenible.

La letra pequeña: objetivos climáticos que se diluyen

El informe no solo mide el dinero, sino la distancia entre las promesas y la realidad. El Santander suavizó su objetivo de temperatura de 1,5 °C a 1,7 °C, elimininó las emisiones de alcance 3 —el grueso real de su huella climática— de sus metas de reducción y reescribió su política de carbón para admitir más clientes térmicos. Además, se sumó a “Carbon Measures”, una iniciativa impulsada por ExxonMobil que traslada la responsabilidad de las emisiones a los consumidores.

En el BBVA no se han documentado refuerzos de las reglas internas que compensen el fuerte aumento de la exposición fósil. La inercia reguladora deja a sus clientes del petróleo y el gas con vía libre para expandirse. CaixaBank, pese a la reducción de volúmenes, debilitó precisamente la política que limitaba el apoyo al carbón metalúrgico, un sector con alternativas escasas pero cruciales para la transición.

La banca española no solo mantiene su financiación a los combustibles fósiles, sino que diluye los pocos compromisos que había asumido.

Santander BBVA financiación fósiles

Un fenómeno global con sello español

Los casos de Santander, BBVA y CaixaBank no son una anomalía. El informe internacional señala que los 65 mayores bancos del planeta canalizaron 906.000 millones de dólares hacia combustibles fósiles en 2025, un 7,6 % más que el año anterior, y acumulan ya 8,7 billones de dólares desde el Acuerdo de París. La financiación a la expansión fósil se disparó un 27 %, hasta los 508.000 millones.

El detonante de esta marcha atrás coincide con el colapso de la Net-Zero Banking Alliance y la presión política de la Administración Trump, que empujaron a bancos de todo el mundo —incluidos varios europeos— a debilitar sus políticas climáticas justo cuando la ciencia exige lo contrario. España, con sus tres grandes entidades, reproduce la misma dinámica: financiar el problema mientras se difumina la solución.

La credibilidad en juego: el coste de una transición aplazada

El comportamiento de la gran banca española tiene un precedente incómodo. En 2024, los mismos bancos ya figuraban entre los mayores financiadores fósiles europeos, según los informes anuales de la coalición Banking on Climate Chaos. La novedad de 2025 es que el incremento de la inversión ha venido acompañado de un retroceso deliberado de los pocos estándares que se habían autoimpuesto. La Taxonomía Verde europea y las directrices del BCE sobre riesgo climático marcan un camino que estas entidades aún no recorren con hechos.

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El mensaje que se traslada a los inversores y a la sociedad es claro: mientras los compromisos ESG se relajan, el capital sigue fluyendo hacia proyectos que aseguran emisiones durante décadas. La Comisión Europea ha advertido en varias ocasiones que los objetivos de descarbonización del sector financiero deben ser verificables y anclados en la ciencia, no en metas flexibles que se revisan a la baja cada año. La banca española parece moverse en la dirección contraria.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Emisiones financiadas: Los 906.000 millones de dólares globales en 2025 financian proyectos que bloquean décadas de emisiones de CO2, alejando el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 °C.
  • Modelo que se perpetúa: La gran banca sigue apostando por la expansión fósil en lugar de redirigir de forma decidida el capital hacia las energías renovables y la descarbonización real.
  • Para las próximas generaciones: Cada año que se retrasa la transición energética traslada los costes económicos y climáticos a los más jóvenes, que heredarán un planeta más hostil sin que las finanzas hayan asumido su parte de responsabilidad.