EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Israel ha lanzado bombardeos sobre Gaza horas después del anuncio de Trump de un acuerdo para desarmar a Hamás y retirar al IDF.
- ¿Quién está detrás? La Casa Blanca mediaba con Egipto, Qatar y Turquía; el ministro Ben Gvir y Netanyahu rechazan puntos clave del plan. Hamás supedita la entrega de armas a la retirada total.
- ¿Qué impacto tiene? El plan de la Junta de Paz, diseñado por Trump para estabilizar Gaza, nace con fisuras. La violencia sigue y la tensión se traslada a los flancos de la geopolítica energética y migratoria que afectan a España.
Israel ha mantenido los bombardeos sobre Gaza la madrugada de este viernes, apenas unas horas después del anuncio por parte de Donald Trump de un “acuerdo histórico” para desarmar a Hamás y completar la retirada de las Fuerzas de Defensa israelíes (IDF) del enclave. Al menos un palestino ha muerto y varios más han resultado heridos en los ataques, según fuentes sanitarias palestinas citadas por la agencia rusa RT.
Ataques tras el anuncio: un muerto y el eco del desacuerdo
La hoja de ruta presentada la noche del jueves por la Board of Peace (Junta de Paz) —el organismo creado por Washington para supervisar la posguerra— contemplaba una desmovilización progresiva de Hamás y una retirada israelí por fases. Pero el lenguaje oficial chocó con la realidad sobre el terreno. El Ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, calificó el borrador de “inaceptable” y abogó por mantener los “asesinatos selectivos” contra miembros de Hamás, mientras el primer ministro Benjamin Netanyahu subrayó que las tropas permanecerán en “las zonas de seguridad todo el tiempo que sea necesario”.
Del lado palestino, Hamás replicó en un comunicado que no entregará su armamento pesado mientras Israel mantenga presencia militar en Gaza. “Cualquier discusión sobre las armas está condicionada al fin de las hostilidades, una retirada completa, la reconstrucción, garantías internacionales y un avance hacia la creación de un Estado palestino”, afirmó. Una fuente del grupo citada por AFP añadió que el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), un cuerpo tecnocrático palestino establecido por la Junta de Paz, sería la única autoridad responsable de almacenar y gestionar ese arsenal. Pero Reuters matizó poco después que esa condición seguía supeditada a la salida de Israel y a un incremento de la ayuda humanitaria.
El ataque de esta madrugada no es un episodio aislado. Desde que Israel inició su campaña militar en respuesta a la incursión de Hamás en octubre de 2023, al menos 73.340 palestinos han muerto y más de 174.000 han resultado heridos, según las autoridades sanitarias gazatíes. La maquinaria bélica no se ha detenido pese a los frágiles arreglos de alto el fuego y a las promesas diplomáticas.
La reacción de Israel y Hamás: el plan nace herido
Según la hoja de ruta publicada Israel debe completar “sin demora” sus compromisos pendientes del alto el fuego de octubre, “particularmente el cese de las operaciones militares”. Bajo el documento, Hamás y otras facciones palestinas transferirían el gobierno civil y la seguridad al NCAG, para luego desmantelar armamento pesado e infraestructura militar bajo supervisión de ese comité, mientras las IDF se retiran gradualmente.

El plan de Washington choca contra dos muros: Israel se niega a dejar de combatir y Hamás condiciona cualquier desarme a la salida total de las tropas.
Equilibrio de Poder
El riesgo inmediato es que la violencia escale y arrastre a actores regionales, con efecto directo en el precio del crudo y la estabilidad del Mediterráneo. Para España, el tablero de Gaza no es un conflicto lejano. La dependencia energética de los hidrocarburos del Golfo y la sensibilidad de la frontera sur frente a una nueva ola de refugiados procedentes de Oriente Medio convierten cualquier escalada en un problema doméstico. La diplomacia española ha intentado históricamente mantener un perfil dialogante con todas las partes, pero la Casa Blanca de Trump impone ahora un marco transaccional que deja poco margen a la mediación europea.
El precedente de Oslo (1993) y la Hoja de Ruta de 2003 ya mostraron que los planes de paz que no resuelven la cuestión del estatuto final de los territorios —Jerusalén, refugiados, fronteras— terminan siendo papel mojado cuando la violencia se impone. La propuesta de Trump contiene el mismo vacío: no ofrece horizonte a un Estado palestino soberano y condiciona la reconstrucción a la desmilitarización unilateral, lo que Hamás interpreta como una rendición sin garantías.
Desde Bruselas, la Unión Europea observa con cautela. La fragmentación interna —con países como Hungría alineados con la postura de Trump y otros como España y Bélgica que defienden la solución de dos Estados— dificulta una respuesta común. Mientras, Moscú aprovecha el desgaste de Washington en Oriente Medio para reforzar su influencia en Siria y el Mediterráneo oriental, recordando que cualquier vacío de poder en la región es rápidamente ocupado por actores que no figuran en la hoja de ruta estadounidense.

