EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? En apenas tres días, unos 60.000 migrantes irregulares cruzaron la frontera de Ceuta. La presidenta de la Comisión Europea asegura que la mayoría ya ha regresado a Marruecos y que ninguno alcanzó la península.
- ¿Quién está detrás? La operación de retorno se atribuye a la coordinación entre las fuerzas de seguridad españolas y marroquíes, con el respaldo de la UE. Von der Leyen ha convocado a los comisarios Brunner y Šuica para evaluar la crisis.
- ¿Qué impacto tiene? El bloqueo ha sido total: ningún migrante ha llegado a territorio continental. Sin embargo, la crisis deja al menos 67 fallecidos y reabre la fractura migratoria entre los Veintisiete, con 22 Estados miembros exigiendo una reunión urgente de ministros de Interior.
Este sábado, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha comparecido tras la mayor avalancha migratoria en Ceuta en muchos años. «La gran mayoría ha regresado a Marruecos y nadie ha puesto un pie en la península», ha asegurado. La cifra de retornos, confirmada por el Ministerio del Interior, supera los 59.000 de los aproximadamente 60.000 migrantes que entraron al enclave español desde el miércoles.
La operación, que se ha desarrollado en apenas 72 horas, no ha sido improvisada. Von der Leyen mantuvo una videoconferencia con el comisario europeo de Interior y Migración, Magnus Brunner, y con la comisaria de Mediterráneo y Demografía, Dubravka Šuica. El mensaje de Bruselas fue nítido: la cooperación con Rabat y la vigilancia conjunta con las fuerzas de seguridad españolas han evitado que la crisis se desbordase hacia la España continental.
Las patrulleras de la Guardia Civil y la vigilancia marroquí en la frontera han sido claves. Fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com señalan que la rápida respuesta de Marruecos respondió a un acuerdo tácito de última hora, aunque el Gobierno español evita dar detalles. El Ejecutivo de Sánchez, muy presionado por la oposición, ha preferido centrar el relato en el retorno masivo y en el mensaje de que «ningún inmigrante irregular ha alcanzado la península».
El Ministerio del Interior confirmó que la situación en la ciudad autónoma está prácticamente normalizada. «Casi todos los que cruzaron ya se han marchado», declaró un portavoz. El goteo de llegadas se ha frenado y los centros de acogida han ido vaciándose progresivamente.
El balance de la operación: retorno masivo y bloqueo peninsular
El relato de Bruselas es contundente: el operativo ha sido un éxito. Von der Leyen lo resumió con una frase que ya es la consigna del día: «Ninguna persona llegó a la España peninsular ni al resto de la UE». Las palabras de la presidenta de la Comisión buscan transmitir control y coordinación en un momento en que la migración irregular vuelve a ser el primer asunto de la agenda europea.
Sin embargo, el balance de la operación incluye una cifra incómoda que la Comisión ha omitido en su nota oficial: al menos 67 personas han muerto durante los cruces masivos, según fuentes de la Media Luna Roja Marroquí y de las ONG que operan en la zona. Los fallecimientos, ahogados en el mar o aplastados en las avalanchas de las vallas, reflejan el rostro más duro de esta crisis.
El drama humano no se mide solo en las cifras de retorno, sino en los 67 cuerpos recuperados del mar y de las verjas.
La reacción de la UE no ha tardado. La mayoría de los Estados miembros (22 de 27) firmaron el sábado una carta abierta exigiendo una reunión urgente de de los ministros del Interior del bloque. La petición, con un lenguaje inusualmente directo, habla de «evitar nuevos cruces incontrolados» y de la necesidad de «una respuesta rápida y coordinada» para reforzar las fronteras exteriores comunitarias.

La carta de los 22 y la fragmentación migratoria de la UE
La misiva, impulsada por países del eje franco-alemán y varios Estados del norte, es también un mensaje a los socios del sur, que tradicionalmente han reclamado más solidaridad y reparto de cuotas. El hecho de que 22 países —entre ellos Alemania, Francia, Países Bajos, Austria y Dinamarca— se hayan puesto de acuerdo en un mismo texto evidencia que la fractura migratoria no se ha cerrado, sino que se ha enquistado en un frente de hecho.
Von der Leyen acogió la iniciativa con satisfacción y aseguró que Bruselas necesita «un proceso de análisis de lo ocurrido para mejorar nuestra resiliencia europea». Esa recogida de guante esconde, sin embargo, una realidad: la Comisión carece de instrumentos para imponer una política migratoria común mientras los Estados miembros mantengan vetos cruzados.
La crisis de Ceuta recuerda a la de mayo de 2021, cuando más de 10.000 personas cruzaron la frontera en un movimiento que Rabat alentó como presión diplomática. Entonces, como ahora, la respuesta se basó en la cooperación entre los cuerpos de seguridad de ambos lados, sin una solución estructural. La diferencia es la escala: 60.000 personas en tres días superan cualquier marca previa.
El Eje del Poder Europeo
Lo que está en juego no es solo el control de una frontera exterior. La crisis de Ceuta es el último capítulo de una partida geopolítica donde los checkpoints migratorios se han convertido en instrumentos de negociación entre la UE y los países vecinos. Marruecos, pese a su cooperación puntual, sabe que Bruselas y Madrid dependen de su colaboración para contener los flujos, lo que le otorga una posición de fuerza en las relaciones bilaterales.
Para España, el éxito táctico de esta operación no puede ocultar la fragilidad estructural de sus fronteras. Los 67 fallecidos y el cruce masivo demuestran que el sistema de vigilancia falló durante horas y que, una vez más, la solución no ha sido europea sino bilateral. Sánchez, que aspiraba a liderar una política migratoria solidaria, se ve ahora obligado a aceptar el respaldo de los Estados que tradicionalmente le han acusado de laxitud.
El precedente de 2021 ya mostró que la cooperación con Marruecos tiene un precio: entonces fue el giro español sobre el Sáhara Occidental, ahora el Ejecutivo evita hablar de contrapartidas. Pero la experiencia dice que cada vez que el reino alauí cierra el grifo, la factura diplomática llega semanas después. Mientras, la UE se instala en una espiral de urgencias que no resuelve la falta de una política común de asilo. La reunión de ministros del Interior será la próxima prueba de que los Veintisiete pueden pasar de las cartas a los hechos.
