EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Una avería en la cámara de refrigeración del banco de sangre de Santa Cruz de Tenerife obligó a desechar más de 3.500 bolsas de plasma, equivalentes a un tercio de la producción anual de las islas.
- ¿Quién está detrás? La gestión del centro, que ha tenido tres responsables en tres años —el último, Francisco Javier Rodríguez Sosa—, y la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, encabezada por Esther Monzón.
- ¿Qué impacto tiene? Se pierde un recurso estratégico para fabricar medicamentos; el archipiélago ya importa el 65% de los hemoderivados que necesita y, además, el centro carece del certificado de calidad CAT, lo que pone en riesgo el cumplimiento del reglamento europeo SoHO en julio de 2027.
El banco de sangre de Canarias ha vivido tres años de convulsión que han culminado con la pérdida de más de 3.500 bolsas de plasma por fallos en la cadena de frío. Un episodio que desnuda las carencias de un centro que, a un año del plazo marcado por Europa, aún no ha conseguido el certificado de calidad que sí poseen todos sus homólogos autonómicos.
Tres directores en tres años y un rosario de incidencias
La inestabilidad ha sido la tónica. Desde que Coalición Canaria y el Partido Popular llegaron al poder en 2023, el organismo ha visto pasar a tres responsables. Primero Gemma Torres, quien falseó su currículo y fue cesada al integrarse el centro en el Servicio Canario de Salud en enero de 2025. Después Iván Santiago Falcón, que dimitió en octubre de ese mismo año tras perder 60 trabajadores por el incumplimiento del acuerdo de integración y sufrir cancelaciones masivas de colectas. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias acabó revocando la supresión unilateral de los comités de empresa.
Al mes de su dimisión, Falcón fue recolocado como asesor en el gabinete de Esther Monzón con un sueldo cercano a los 60.000 euros. Finalmente, la consejera rompió la dinámica de cuotas de partido y nombró a Francisco Javier Rodríguez Sosa, enfermero del propio banco de sangre, quien ahora afronta una herencia envenenada.
3.500 bolsas tiradas y un déficit crónico de plasma
El incidente más grave se conoció en junio de 2026, durante un pleno del Parlamento de Canarias. Los fallos en la cámara frigorífica de -40 grados de Santa Cruz de Tenerife —que los trabajadores llevaban meses alertando— forzaron a desechar más de 3.500 bolsas de plasma, unos 1.050 litros. La multinacional Grifols, encargada de convertir ese plasma en medicamentos, constató que las bolsas habían estado expuestas a temperaturas demasiado altas y las rechazó para garantizar la seguridad.
Esas 3.500 bolsas equivalen a cerca de un tercio de la producción anual de plasma en las islas. La situación es aún más crítica si se recuerda que Canarias solo produce el 35% de los hemoderivados que consume e importa el 65% restante. Daniel Quintero, presidente del comité de empresa en Tenerife, denuncia: «No es obsolescencia, es una negligencia que ha costado salud, recursos y un daño de imagen».
El archipiélago genera apenas un tercio de los hemoderivados que necesita; perder más de mil litros de plasma en un solo incidente es un lujo que el sistema sanitario no se puede permitir.
El pulso político en Canarias: Sanidad bajo presión
El Gobierno de Canarias, en manos de CC y PP con el apoyo de la Agrupación Socialista Gomera y la Agrupación Herreña Independiente, ha tenido que gestionar una crisis que desborda el ámbito técnico. En noviembre de 2025, ya con las alertas sobre la refrigeración encima de la mesa, los dos partidos rechazaron una enmienda del PSOE que proponía invertir cuatro millones de euros en nuevas instalaciones de almacenamiento y gestión de sangre. El texto socialista advertía literalmente del «permanente fallo de las cámaras de refrigeración y congelación».
La directora general, Rodríguez Sosa, anuncia medidas correctoras: se ha reparado de urgencia la cámara averiada —que según él ya mantiene las condiciones exigidas—, se espera recibir quince congeladores de -40 grados en agosto de 2026 y se construirá una nueva cámara en Las Palmas. Sin embargo, el banco de sangre de Canarias sigue siendo el único de ámbito autonómico que no posee el certificado de calidad CAT, un sello que garantiza trazabilidad y seguridad en todo el proceso hemoterápico. Con el horizonte del reglamento europeo SoHO en julio de 2027, esa carencia se vuelve una amenaza: las exigencias comunitarias de calidad y seguridad para sustancias de origen humano serán entonces de obligado cumplimiento.
Mientras el archipiélago depende del plasma importado, la confianza en el sistema se resquebraja. Los sindicatos insisten en que se ha ocultado información y recuerdan que ni siquiera se ha emitido una disculpa por la pérdida de donaciones altruistas. La próxima fecha clave es la llegada de los nuevos congeladores, que debe aliviar la precariedad de la cadena de frío, pero la verdadera cuenta atrás corre hacia 2027: sin la acreditación CAT y con una gestión aún renqueante, cumplir con Europa parece una carrera contrarreloj.
Ficha Autonómica
- El caso: Tres años de inestabilidad directiva y un fallo de refrigeración que causó la pérdida de 3.500 bolsas de plasma en el banco de sangre de Canarias, justo cuando debe adaptarse al reglamento europeo SoHO.
- Datos importantes: Se desechó el equivalente a un tercio de la producción anual de plasma; las islas importan el 65% de los hemoderivados; el centro carece del certificado de calidad CAT y afronta el plazo europeo en julio de 2027; en noviembre de 2025 se rechazó una enmienda de cuatro millones para nuevas instalaciones.
- Resumen: El gobierno autonómico ha reparado la cámara y anuncia la compra de quince congeladores y una nueva sala en Las Palmas, pero la falta de acreditación y la desconfianza sindical mantienen en el aire el cumplimiento de la normativa europea.

