Crisis de Ceuta: el análisis de RT apunta a intereses externos y desvela a sus beneficiarios

El medio ruso sostiene que el asalto migratorio de Ceuta fue un 'evento mediático fabricado' y señala a Israel y a Marruecos como posibles beneficiarios. Una tesis sin pruebas independientes que Moncloa.com analiza en profundidad.

Un análisis publicado por RT, el medio financiado por el Estado ruso, atribuye la crisis migratoria de Ceuta de hace unos días a una operación de influencia extranjera, señalando a Israel —y en menor medida a Marruecos— como posibles beneficiarios y diseñadores de lo que califica de «evento mediático fabricado». La tesis, sin pruebas independientes, ha circulado en redes sociales y coloca a España en el centro de un tablero geopolítico complejo.

Lo que afirma el análisis de RT

La columna de opinión, que firma el propio medio sin identificar al autor, sostiene que la incursión no fue espontánea sino un «espectáculo mediático» producido para generar consecuencias políticas. Enumera a figuras que, según RT, se apresuraron a capitalizar la crisis: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que la usó para atizar el miedo migratorio de cara a las elecciones legislativas; el magnate Elon Musk, que compartió un vídeo comparando a los migrantes con zombis; y los líderes europeos Giorgia Meloni y Jordan Bardella, que arremetieron contra la gestión de Sánchez.

El texto también detalla la reacción de la UE: 22 gobiernos firmaron una carta «criticando implícitamente» a España, y el presidente español denunció «una reacción cargada de prejuicios y fake news». RT subraya el balance de víctimas —67 fallecidos— y equipara la indiferencia occidental hacia estos muertos con la que, según su línea editorial, se aplica a las víctimas palestinas en Gaza.

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El giro más llamativo llega al final, cuando RT sugiere que Israel podría ser el actor que ha orquestado el evento. Recuerda las burlas del representante israelí ante la ONU, Danny Danon, y la posterior rectificación de la embajadora en Madrid, y lo interpreta como una coreografía de plausible deniability. La hipótesis: Israel habría montado una operación psicológica israelí contra España como represalia por su apoyo a Palestina.

Lo que sabemos realmente

frontera sur España

Los hechos contrastables son otros. Entre el 29 y el 30 de julio, alrededor de 50.000 personas intentaron acceder a Ceuta de forma masiva, según datos de la Comisión Europea y del Ministerio del Interior. La gran mayoría fue devuelta a Marruecos en cuestión de horas y ningún migrante alcanzó la Península. La cifra de fallecidos, confirmada por la Organización Internacional para las Migraciones, asciende a 67, en su mayoría ahogados o aplastados.

La reacción europea, aunque escasa en solidaridad, no ha sido inédita: en crisis migratorias anteriores, los países del norte mostraron similar frialdad hacia los del sur. Que el presidente Sánchez se queje de prejuicios y fake news es razonable, pero también forma parte del manual de respuesta de cualquier Gobierno bajo presión.

Sobre la posible implicación israelí, Moncloa.com ha consultado fuentes de los servicios de inteligencia españoles,, y ninguna ha confirmado indicios de una operación de falsa bandera. La colaboración entre Marruecos e Israel en materia de seguridad es sólida, pero eso no prueba que ambos países actuaran de manera coordinada para desestabilizar Ceuta. Una cosa es que existan think tanks que hayan planteado la conveniencia de «presionar» a España por su posición en el Sáhara o su relación con Argelia, y otra muy distinta es que se haya ejecutado una operación encubierta.

La crisis de Ceuta no fue una tormenta espontánea; fue un recordatorio de que las fronteras de España son también las de Europa, y esa condición siempre tendrá quien intente explotarla.

Equilibrio de Poder

El episodio deja al descubierto tres ejes de tensión. En el tablero transatlántico, Washington –con Trump a la cabeza– utilizó la crisis para alimentar su agenda antiinmigración de cara a las elecciones de noviembre, mientras que Moscú, a través de RT, amplifica cualquier fisura en la cohesión europea. Para el Kremlin, un choque entre España, sus socios de la UE y Marruecos es un regalo geopolítico que debilita el flanco sur de la OTAN.

Para España, el coste es directo. La crisis ha puesto a prueba la diplomacia de Sánchez tanto con Rabat como con Bruselas. Marruecos, que en 2021 ya usó la presión migratoria como herramienta de negociación tras la hospitalización de Brahim Ghali en España, vuelve a aparecer como un actor capaz de modular los flujos según sus intereses. Aunque no hay pruebas de que el reino alauita haya provocado esta nueva oleada, su capacidad para contenerla o, al contrario, para tolerarla es innegable. La relación con Argelia, gran rival de Marruecos y suministrador clave de gas, añade otra capa de fragilidad.

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A largo plazo, lo ocurrido en Ceuta debería obligar a la UE a replantear su doctrina de seguridad fronteriza. La instrumentalización de migrantes como arma híbrida no es una novedad –Lukashenko ya la practicó en la frontera polaca en 2021–, pero el caso español demuestra que ningún Estado miembro está inmune. Si la UE no desarrolla mecanismos disuasorios y un sistema de respuesta rápida que no dependa de la buena voluntad de terceros países, Ceuta, Melilla o Canarias seguirán siendo puntos de fricción explotables.