EE.UU. cede a otro aliado el mando del comando con el que la OTAN ayuda a Ucrania

El Pentágono planea ceder a otro miembro de la OTAN el mando del Grupo de Asistencia de Seguridad para Ucrania (SAG-U), con sede en Wiesbaden. La medida profundiza la retirada militar estadounidense de Europa y obliga a los aliados a asumir mayor responsabilidad en la defensa col

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Pentágono planea ceder a otro aliado de la OTAN el mando del Grupo de Asistencia de Seguridad para Ucrania (SAG-U), el comando con sede en Wiesbaden (Alemania) que coordina el envío de armas, entrenamiento y apoyo logístico a Kiev.
  • ¿Quién está detrás? La administración Trump, que acelera la retirada de tropas y sistemas de armas estadounidenses de Europa para redirigir recursos hacia Asia-Pacífico, al tiempo que exige a los europeos un gasto en defensa del 5% del PIB para 2035.
  • ¿Qué impacto tiene? Supone un paso más en la desconexión militar de EE.UU. del teatro europeo y obliga a los aliados —especialmente Alemania, Reino Unido y Polonia— a asumir mayores responsabilidades en la arquitectura de seguridad del continente, incluida la asistencia a Ucrania.

El Pentágono prepara el traspaso del mando del Grupo de Asistencia de Seguridad para Ucrania (SAG-U), el comando de la OTAN que desde Wiesbaden coordina la ayuda militar a Kiev, a otro país aliado, según ha adelantado este viernes Politico citando a un alto funcionario de la Alianza.

La decisión, que se espera ejecutar en un plazo de hasta un año, se enmarca en la estrategia de repliegue militar estadounidense en Europa impulsada por el presidente Donald Trump. Su administración busca reducir la presencia de tropas y sistemas de armas considerados críticos en el Viejo Continente y reasignar recursos hacia Asia y otras regiones, al tiempo fuerza a los miembros europeos de la OTAN a asumir un mayor protagonismo defensivo y a elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB para 2035.

Un repliegue estratégico que se acelera

La salida de EE. UU. del mando del SAG-U no es un hecho aislado. A principios de año, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, urgió a los europeos a “dar un paso al frente” porque la OTAN no puede seguir siendo “un tigre de papel y una calle de dirección única”. En febrero, la Alianza anunció que el Reino Unido asumiría el Mando de la Fuerza Conjunta de Norfolk, Italia la jefatura del cuartel general de Nápoles, y Alemania y Polonia se repartirían el mando del comando de Brunssum. Ahora, el Grupo de Asistencia de Seguridad para Ucrania, concebido como una estructura temporal, se suma a esa ola de transferencias.

Publicidad

La medida evidencia el deseo de Washington de descargar responsabilidades operativas en Europa, al tiempo que mantiene un pie en la estructura de mando aliada: un oficial adjunto estadounidense continuará integrado en la cadena de mando durante la transición, que fuentes de la OTAN sitúan en un horizonte de doce meses.

Este repliegue se produce en un momento de alta tensión transatlántica. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump no solo ha reclamado repetidamente el aumento del gasto militar aliado, sino que ha introducido elementos de fricción como su insistencia en adquirir Groenlandia o la operación militar contra Irán que varios socios europeos declinaron respaldar. La OTAN, mientras tanto, vive una paradoja: nunca ha estado tan solicitada en el flanco este, pero su principal valedor militar abandera ahora un discurso transaccional sin precedentes.

Estados Unidos está enseñando el camino, pero ya no quiere conducir. La pregunta es si los europeos están listos para tomar el volante.

¿Quién tomará el relevo? Las opciones y tiempos

Politico no ha revelado qué país asumirá el mando del SAG-U, pero fuentes diplomáticas consultadas por este medio apuntan a que Alemania, como país anfitrión y principal contribuyente europeo en ayuda a Ucrania, parte con ventaja. Otra posibilidad es el Reino Unido, que ya lidera la transición en Norfolk y ha sido uno de los socios más beligerantes con Moscú. Polonia, con su creciente peso militar, también podría aspirar a ese rol, aunque su implicacion directa en el flanco este la somete a un escrutinio especial.

La transición del SAG-U incluye no solo el traspaso de la jefatura, sino la redefinición de la estructura de mando para hacerla más equitativa entre aliados. Según el funcionario citado por Politico, el grupo fue diseñado como una organización temporal y su evolución natural es distribuir las cargas de manera más uniforme dentro de la OTAN. Sin embargo, el calendario de un año coincide con un ciclo político volátil: en 2027 se celebran elecciones en Alemania y Francia, lo que podría alterar las prioridades de defensa de los dos principales contribuyentes europeos.

El vacío dejado por Washington no se limitará a la cadena de mando. La administración Trump también ha advertido de la posible reubicación de sistemas Patriot, de los que dependen varias capitales europeas para su defensa aérea, y de la reducción del número de destructores AEGIS en Rota. Todo apunta a que el repliegue estadounidense será gradual pero firme, y los aliados deberán decidir si están dispuestos a sustituir capacidades críticas —y a pagarlas— en un entorno de creciente inestabilidad.

Equilibrio de Poder

La decisión del Pentágono refuerza la narrativa rusa de que la OTAN es un instrumento de EE. UU. y que el compromiso estadounidense con la seguridad europea es volátil. Moscú, que sistemáticamente ha condenado la asistencia militar a Ucrania como una participación directa de la Alianza en el conflicto, verá en este movimiento una confirmación de la debilidad del vínculo transatlántico y un posible incentivo para prolongar la guerra de desgaste. Sin embargo, la transferencia del mando no reduce la ayuda militar a Kiev: los flujos de armas, entrenamiento y logística se mantendrán, sólo cambia quién los coordina. Esa es la paradoja que el Kremlin deberá gestionar.

Publicidad

Para España, el impacto es indirecto pero relevante. La base de Rota, con sus destructores AEGIS, se mantiene como pieza central del sistema antimisiles estadounidense en Europa, pero una eventual reducción de esa presencia reduciría también la cobertura defensiva que brinda a las costas del sur peninsular y al Magreb. Además, la mayor presión sobre los presupuestos de defensa de los socios europeos coloca a Moncloa ante una disyuntiva: o acelera el incremento del gasto militar, aún lejos del 2% del PIB, o arriesga su posición en los foros de decisión aliados. El gobierno de Pedro Sánchez ha sorteado hasta ahora las presiones con una mezcla de promesas y ambigüedad, pero la margen se estrecha.

A medio plazo, la retirada estadounidense de puestos de mando como el SAG-U desencadena un efecto dominó que puede acelerar la constitución de una defensa europea autónoma. Países como Francia llevan años defendiendo una autonomía estratégica que la guerra de Ucrania relegó a un segundo plano. Con Washington mostrando una mano más retraída, Bruselas podría retomar con fuerza el debate sobre el ejército europeo, aunque las divisiones internas —en especial las de Alemania y los estados del este, que siguen viendo la garantía de seguridad estadounidense como insustituible— dificultan cualquier avance. Lo que está en juego no es solo quién manda en Wiesbaden, sino la arquitectura de seguridad del continente para la próxima década.