Era viernes por la mañana en California cuando un caza F-35B de los Marines se precipitó contra la pista de la base aérea de Miramar. El piloto se eyectó a tiempo y fue trasladado a un centro médico en condición estable, con heridas que no ponen en riesgo su vida. El avión, sin embargo, estalló en una bola de fuego que dejó poco más que un amasijo de restos humeantes sobre el asfalto.
El incidente, calificado por los Marines como ‘Class A mishap’ (el nivel más grave de siniestro, que implica daños superiores a los dos millones de dólares o la pérdida de una vida), es el octavo accidente aéreo militar registrado en Estados Unidos en lo que va de 2026, según la base de datos de la Aviation Safety Network. No hubo víctimas mortales, pero el impacto visual del siniestro –captado desde varios ángulos por cámaras de televisión y testigos– alimenta la imagen de un programa, el del F-35, que arrastra una reputación de complejidad técnica y costes disparados.
El detalle que convierte este suceso en algo más que una noticia local es que España está justo en plena fase de evaluación del F-35B para sustituir a sus veteranos AV-8B Harrier, los aviones de despegue corto y aterrizaje vertical que operan desde el portaaviones Juan Carlos I. El Ministerio de Defensa no ha ocultado su interés: el F-35B es la única opción realista en el mercado para mantener la capacidad de ala fija en el buque insignia de la Armada. Y lo sabe cualquier almirante en el Pentágono.
Según el comunicado del Cuerpo de Marines, el caza «se estrelló durante un vuelo de entrenamiento rutinario». Un trabajador de la construcción que presenció el accidente, Wade Lott, declaró a The Associated Press que el avión “simplemente explotó, fue una locura”. Lott explicó que dos reactores descendían juntos hacia la pista cuando uno de ellos golpeó el suelo junto al otro y estalló. Las imágenes aéreas difundidas por FOX 5 San Diego muestran el esqueleto carbonizado del F-35B sobre un terreno polvoriento dentro de la base.
Ahora, en Madrid, la pregunta no es si el accidente cancela la posible compra. La pregunta es si el debate público sobre la fiabilidad del F-35 –un avión que ya ha tenido varios incidentes en su historial– retrasará una decisión que, en términos operativos, la Armada necesita tomar más pronto que tarde.
El F-35B es la única opción realista para mantener la capacidad de ala fija en el buque insignia de la Armada española.
Un siniestro de «Clase A» que reabre viejas dudas
Los Marines han dejado claro que investigarán a fondo lo sucedido, pero el siniestro de Miramar no es un hecho aislado. El programa F-35 ha arrastrado una larga lista de retrasos, sobrecostes y fallos desde su concepción. Sin embargo, el F-35B, la variante de despegue corto y aterrizaje vertical, es una pieza clave en la doctrina de proyección de poder de Estados Unidos. Y eso cuenta más que cualquier percance puntual.
El rompecabezas español: reemplazar los Harrier sin alternativa
Los Harrier de la Armada llevan décadas de servicio y su retirada es inevitable. El F-35B es el único caza de quinta generación con capacidad STOVL (despegue corto y aterrizaje vertical) que se fabrica en Occidente. Cualquier otra alternativa obligaría a modificar por completo la cubierta de vuelo del Juan Carlos I o a renunciar al ala fija, una opción que ningún mando naval español contempla seriamente.
El coste del programa es el principal escollo: cada F-35B tiene un precio de catálogo que ronda los 135 millones de dólares, y las restricciones presupuestarias españolas indican que se adquirirían entre doce y quince unidades. Una operación que supera los 2.000 millones de euros. El debate en Madrid, alimentado ahora por el accidente de Miramar, no es tanto sobre si el F-35 funciona, sino sobre si el contribuyente español está dispuesto a pagar ese precio por un sistema que demuestra ser frágil.
La lógica del Pentágono
Para Washington, el F-35B no es solo un caza: es un vector de influencia. Cada venta a un aliado —ya sea España, Japón o Israel— refuerza la interoperabilidad de las fuerzas armadas, genera dependencia tecnológica y asegura miles de empleos en la industria de defensa americana, concentrados en la planta de Lockheed Martin en Fort Worth. Esa lógica estratégica no va a cambiar por un accidente, por aparatoso que sea. Los Marines llevan volando el Harrier desde 1971 y saben que el salto generacional es inevitable: el F-35B es el heredero designado, y Washington no va a ofrecer descuentos a quien dude de su fiabilidad. El mismo patrón se repitió cuando los Harrier empezaron a sustituir a los A-4 Skyhawk en los buques de asalto anfibio de los Marines en los años ochenta. El riesgo tecnológico siempre ha formado parte del precio de seguir siendo relevante en el tablero naval.
Para España, la decisión es delicada. La Armada necesita una solución antes de 2035, y la Casa Blanca —sea cual sea la administración de turno— verá con buenos ojos la firma del contrato. Cualquier retraso pondría en peligro no solo la compra, sino la propia capacidad expedicionaria que España ha construido en torno al Juan Carlos I. Las próximas semanas, con el análisis del siniestro en marcha, determinarán si el accidente de Miramar se convierte en un argumento para dilatar la decisión o en un recordatorio de que el tiempo juega en contra. La lógica del Pentágono no entiende de complejos europeos: el que quiera jugar en la liga de la proyección naval, tendrá que asumir el coste de entrada.
Ficha del Caso
- El caso: Un F-35B de los Marines se estrelló en Miramar (California) el 31 de julio de 2026. El piloto se eyectó sin heridas graves y la aeronave quedó destruida.
- Datos clave: Es el octavo accidente militar en EE.UU. en 2026. Daños superiores a dos millones de dólares. España evalúa comprar entre 12 y 15 F-35B para reemplazar los Harrier del portaaviones Juan Carlos I, con un coste estimado superior a 2.000 millones de euros.
- Para España: El siniestro no paralizará el proceso de evaluación, pero alimenta el debate público sobre la fiabilidad del caza y su coste. La Armada sigue sin alternativa para mantener el ala fija en su buque insignia.

