Melilla acumula 528 años de soberanía española, un vínculo que comenzó casi 279 años antes de que las Trece Colonias británicas proclamaran la independencia de Estados Unidos, según un análisis histórico publicado por Confilegal.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Cuándo comenzó la soberanía española? El 17 de septiembre de 1497, con el desembarco de la expedición de Pedro de Estopiñán en Melilla.
- ¿Qué vínculo tiene con Estados Unidos? Melilla ya era española desde hacía 278 años, 9 meses y 17 días cuando las colonias norteamericanas declararon su independencia en 1776.
- ¿Cuál es su estatus actual? La Ley Orgánica 2/1995 consolidó su régimen de autogobierno como ciudad autónoma «parte integrante de la Nación española».
La toma de Melilla en 1497: una expedición logística
El 17 de septiembre de 1497, una flota al mando de Pedro de Estopiñán, contador del duque de Medina Sidonia, desembarcó en la vieja medina de Melilla. No se trató de un asalto improvisado, sino de una operación logística meticulosamente planificada. En los barcos viajaban soldados, pero también marineros, carpinteros y albañiles, junto con provisiones, herramientas, madera y cal. La ciudad, arruinada por las luchas entre los reinos de Fez y Tremecén, estaba prácticamente abandonada, por lo que no hubo resistencia militar organizada.
La prioridad inmediata fue reconstruir las defensas. Los recién llegados aseguraron el recinto, emplazaron artillería y repararon las murallas. Para mayo o junio de 1498, el veedor real Luis Méndez de Figueredo inspeccionó la plaza y confirmó que contaba con medios para defenderse. Poco antes, el 14 de abril de 1498, los Reyes Católicos habían formalizado la tenencia de la ciudad en favor del duque de Medina Sidonia, quien asumió la defensa, la guarnición y el abastecimiento bajo soberanía castellana.
De feudo ducal a plaza de soberanía directa
Durante casi seis décadas, la Casa de Medina Sidonia administró Melilla. Sin embargo, el coste de mantener la plaza fue creciendo y las disputas financieras con la Corona se hicieron constantes. En 1556, ya bajo el reinado de Felipe II, los Medina Sidonia renunciaron a la administración. La Corona asumió entonces el gobierno directo de la ciudad, sin que hubiera interrupción alguna en la soberanía española. La presencia castellana arrancaba en 1497; la administración directa se consolidaba en 1556: dos realidades distintas dentro de un mismo vínculo.
La vida en aquel enclave fue extremadamente dura. Melilla dependía del mar para casi todo y cada temporal ponía a prueba su subsistencia. A ello se sumaban el miedo constante a los ataques y la amenaza de enfermedades en una población reducida y encerrada entre murallas. Precisamente esa resistencia cotidiana, protagonizada por artilleros, albañiles y las primeras familias que decidieron vivir allí, convirtió una ocupación militar en una presencia permanente.
La permanencia española en Melilla no fue fruto de una sola batalla, sino de la decisión diaria de generaciones de españoles que construyeron, repararon y defendieron la ciudad durante más de medio milenio.
Los asedios fueron recurrentes. El más grave llegó entre 1774 y 1775, cuando el sultán Mohamed III intentó tomar la plaza con meses de bombardeo y aislamiento. Melilla resistió, apenas un año antes de que las colonias norteamericanas declararan su independencia. Los límites actuales se fijaron después, con el convenio hispano-marroquí de 1859, el Tratado de Wad-Ras de 1860 y el acta de demarcación de 1862. La tradición sitúa la frontera en el alcance de un cañonazo del El Caminante, pero fueron los tratados internacionales los que la definieron oficialmente.
El Contexto Institucional
Conviene subrayar un matiz jurídico esencial: Melilla era española 415 años antes de que España y Francia establecieran sus protectorados sobre Marruecos en 1912. Nunca formó parte de aquel régimen, ni jurídica ni administrativamente. Por eso, cuando Marruecos recuperó la independencia en 1956, la ciudad continuó siendo territorio español. Su situación de origen es radicalmente distinta a la de los territorios del Protectorado.
En la actualidad, la Ley Orgánica 2/1995 otorgó a Melilla su Estatuto de Autonomía como ciudad autónoma, confirmando su condición de «parte integrante de la Nación española y dentro de su indisoluble unidad». La norma no creó el vínculo con España, sino que le dio forma jurídica contemporánea a una relación que ya superaba los cinco siglos. Hoy, la Guardia Civil mantiene en Melilla la Comandancia y el Servicio Marítimo, y el Ministerio del Interior coordina la vigilancia de una frontera que es punto de entrada a la Unión Europea, garantizando la seguridad de un enclave que España ha conservado ininterrumpidamente desde 1497.

