El pacto de Estado climático de Aagesen tras 186.000 hectáreas quemadas interpela a Sumar en la coalición

La vicepresidenta tercera reclama un pacto de Estado tras 186.000 hectáreas arrasadas. La propuesta interpela a la coalición, con Sumar entre la ambición climática y la negociación con el PSOE.

Sara Aagesen, vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, ha lanzado este jueves desde Villafranca del Bierzo un llamamiento a un pacto de Estado contra la emergencia climática, con el telón de fondo de 186.000 hectáreas calcinadas en lo que va de verano. El reclamo, formulado ante un incendio todavía activo en la provincia de León, interpela directamente a Sumar dentro del tablero de la coalición.

La propuesta de la ministra socialista introduce una tensión fina pero tangible en el espacio que lidera Yolanda Díaz. Sumar ha situado la transición ecológica como uno de sus ejes discursivos fundamentales, pero la petición de un pacto de Estado, que necesariamente requeriría el concurso del PP y otras fuerzas, obliga a calibrar equilibrios internos y con el PSOE.

Un pacto que nace del fuego

Aagesen ha presentado su iniciativa en el puesto de mando avanzado del incendio de Veguellina (León), que ya ha devastado cerca de 1.350 hectáreas y mantiene evacuados a tres núcleos de población. En su comparecencia, ha apelado a la unidad de todas las administraciones y a un “pacto-país” que abrace prevención, actuación durante la emergencia y recuperación posterior.

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La cifra total de 186.000 hectáreas arrasadas por 38 grandes incendios forestales en lo que va de temporada, con una decena aún activos, da la medida de una crisis que el Gobierno intenta convertir en palanca política. La ministra ha vinculado el aumento de los fuegos a un informe científico que señala al cambio climático como responsable del 20% de las causas meteorológicas que los provocan.

La llamada de Aagesen llega en un momento en que el Ejecutivo de coalición se juega la credibilidad de sus políticas verdes. Sumar necesita que este debate no lo arrincone entre la urgencia de medir fuerzas con el PSOE y la presión de sus propias bases para acelerar la descarbonización.

El pacto climático que pide Aagesen puede servir tanto para blindar la agenda verde como para diluirla en un consenso que Sumar nunca ha buscado.

Sumar, ante su propia contradicción climática

Dentro de Sumar, la propuesta de un pacto de Estado climático activa dos sensibilidades que conviven en el espacio político de Díaz. Por un lado, los sectores más cercanos a Más País y Compromís, que llevan años defendiendo la transversalidad de la lucha climática y podrían ver con buenos ojos un acuerdo amplio. Por otro, el ala más vinculada a los movimientos sociales y a Podemos —cuyas cinco diputadas se mantienen fuera del Grupo Parlamentario Sumar—, que recela de cualquier pacto que rebaje la ambición transformadora.

La clave, según fuentes del grupo parlamentario, está en qué precio tendría ese consenso. Si el acuerdo exigiera suavizar plazos de descarbonización o renunciar a medidas fiscales verdes que Sumar ha defendido —como los impuestos a grandes energéticas—, la cohesión interna se pondría a prueba. Los confluentes que gobiernan en Comunidad Valenciana y Cataluña ya negocian a diario con actores diversos, y su experiencia les dice que un pacto no tiene por qué ser una derrota.

Pero en el Congreso, el equilibrio es más frágil. Sumar cuenta con 31 escaños, y cualquier desavenencia con la línea negociadora que Díaz marque con el PSOE puede tensar la cuerda con los partidos territoriales. La ministra de Infancia y líder de Izquierda Unida, Sira Rego, ha defendido públicamente la necesidad de mantener una voz propia en la crisis ecológica, sin que eso implique romper el Gobierno.

La Dinámica de Coalición

El pacto que esboza Aagesen tiene una dimensión de coalición que va más allá del medio ambiente. En el seno del Ejecutivo, la vicepresidenta Díaz ha apostado por marcar perfil propio en política industrial y laboral, pero no ha querido dar un paso en falso que la sitúe como obstáculo para los consensos que Sánchez necesita ante una legislatura en minoría. El reto es encontrar el tono: apoyar el espíritu del pacto sin olvidar que Sumar nació para ensanchar los márgenes de lo posible, no para administrar lo inevitable.

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Los 31 escaños de Sumar son, al mismo tiempo, un activo y una hipoteca. Cualquier movimiento que parezca claudicación ante la agenda del PSOE puede reavivar el discurso de Podemos sobre la sumisión a “la izquierda domesticada”, mientras que un gesto demasiado rupturista arriesga la estabilidad parlamentaria. La pandemia de incendios —con cifras récord— añade una capa de urgencia que acorta los tiempos del debate interno.

La proyección inmediata lleva a septiembre, cuando el Congreso reanudará su actividad y el Gobierno deberá articular las medidas presupuestarias que acompañen la transición. Ahí se verá si el pacto de Estado se traduce en dotaciones concretas o queda en un brindis al sol. Sumar, mientras tanto, trabaja para que su propuesta de ley de movilidad sostenible y la fiscalidad verde no se diluyan en el camino hacia un posible gran acuerdo con el PP.

Ficha del Caso

  • El caso: La ministra Sara Aagesen reclama un pacto de Estado climático tras los incendios que han quemado 186.000 hectáreas este verano, una propuesta que obliga a Sumar a redefinir su papel en la coalición.
  • Datos importantes: 31 escaños del Grupo Parlamentario Sumar, cinco diputadas de Podemos fuera del grupo, un 20% de aumento de causas meteorológicas ligadas al cambio climático según informes científicos, y 38 grandes incendios en lo que va de temporada.
  • Resumen: La petición de Aagesen interpela a Sumar en un doble frente: mantener la ambición transformadora que exigen sus bases y confluentes, y no desestabilizar la coalición con el PSOE en plena crisis de incendios y desinformación.