La escasez de MacBook Air empeora: pedidos tardan 6 semanas por la crisis de memoria de la IA

La fiebre de la IA agota las existencias de memoria y retrasa las entregas entre 2 y 6 semanas. Apple ya subió precios en junio, pero los compradores siguen esperando.

La crisis de la inteligencia artificial ya no se limita a los centros de datos ni a los semiconductores de alto rendimiento. Su primer efecto palpable en el consumidor de a pie llega en forma de pedidos que tardan un mes y medio en llegar: el MacBook Air, el portátil más vendido de Apple, sufre una escasez «importante», según fuentes de tiendas de la propia compañía recogidas por Bloomberg.

Claves de la operación

  • Los pedidos acumulan retrasos de hasta 6 semanas. Las configuraciones con más memoria RAM son las más castigadas, con entregas que se disparan a 6 semanas, frente a las 2 de las versiones básicas. La situación no tiene precedentes en la cadena de suministro del portátil, según los empleados de retail consultados.
  • La demanda de memoria para IA dispara los precios. Los grandes operadores compran a mansalva los mismos chips de RAM y almacenamiento que usan los MacBook Air. Eso encarece las piezas y reduce el cupo disponible para los fabricantes de electrónica de consumo.
  • Apple ya subió los precios en junio y la demanda no remite. Pese al incremento de 200 dólares en Estados Unidos —de 1.099 a 1.299 dólares—, la compañía no da abasto. La tesitura para el consumidor español es delicada si la escasez se traslada al mercado europeo.

La información de Mark Gurman, periodista de Bloomberg con acceso privilegiado a las fuentes internas de Apple, pone cifras a un atasco que hasta ahora parecía circunscrito a los modelos profesionales. «Fuentes de las tiendas dicen que Apple tiene dificultades para mantener el portátil en stock y que los envíos de nuevas unidades están más limitados de lo que han visto nunca», compartió Gurman en su cuenta de X el pasado 2 de agosto.

El desabastecimiento no es coyuntural. La expansión de los centros de datos que entrenan y sirven modelos de IA está absorbiendo una cantidad desproporcionada de chips de memoria de última generación. Los mismos módulos que Apple monta en sus equipos se pelean entre los hiperescalares —AWS, Azure, Google Cloud— y los fabricantes de hardware de consumo. Según la consultora Gartner, los precios medios de contratación de DRAM para servidores subieron un 27% interanual en el primer semestre de 2026, arrastrando al resto del mercado.

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El Mac mini y el Mac Studio ya habían sufrido restricciones de suministro en los meses anteriores, pero la novedad es que la escasez alcanza ahora al producto de mayor volumen y menor margen de Apple. Este portátil es la puerta de entrada al ecosistema y mueve millones de unidades cada año.

El consumidor que necesite más de 16 GB de RAM podría encontrarse este agosto con que su pedido tarda más en llegar que las vacaciones que se ha cogido para estrenarlo.

Un portátil asequible que dejó de serlo… pero se agota igual

El MacBook Air con chip M4 arrancó en junio con un precio revisado al alza de 1.299 dólares en Estados Unidos, recuperando la barrera de los 1.200 euros en Europa según la tasa de cambio. No es una subida menor: 200 dólares más que la generación anterior supone el mayor incremento intergeneracional en casi una década. Y aún así, el stock no aguanta.

La paradoja es que Apple ha subido el precio y la cola de pedidos no se acorta porque la causa última no está en la demanda de portátiles, sino en una oferta de chips asediada por la IA. Los analistas de IDC ya habían advertido que la inversión masiva en infraestructura para entrenar modelos «restringiría el acceso a memorias de consumo en la segunda mitad de 2026». Las estimaciones de Gartner publicadas en julio sitúan los pedidos de DRAM para servidores de IA en 14.500 millones de euros para el conjunto del trimestre estival, un 42% más que en el mismo periodo de 2025.

En esta redacción hemos seguido de cerca cómo el auge de la IA generativa ha ido desplazando recursos de la cadena de suministro hacia el cómputo en la nube. Primero fueron las GPU, después la memoria HBM y ahora los módulos LPDDR5 que equipan los portátiles delgados. El MacBook Air no es una víctima aislada: es el primer gran afectado de un mercado de la electrónica de consumo que empieza a competir directamente con la industria de centros de datos.

Lo que se juega el canal en España si la escasez cruza el Atlántico

De momento, los plazos de entrega más largos se observan en la tienda online estadounidense. Pero si la restricción se extiende a Europa, el impacto en el canal de distribución español podría ser severo. Grandes superficies como El Corte Inglés, MediaMarkt y los distribuidores autorizados de Apple en España gestionan un volumen relevante de renovación de equipos en la vuelta al cole y el arranque del curso universitario, precisamente cuando el MacBook Air es más demandado.

La cuota de macOS en el mercado español de ordenadores personales ronda el 17%, según el último barómetro de Statcounter. Un desabastecimiento prolongado no solo desvía compradores hacia fabricantes con más stock como Lenovo o HP; también tensiona la percepción de marca en un segmento —el del portátil ligero— donde el precio ya era un freno para muchos usuarios.

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La lección que extraemos es que el despliegue de la inteligencia artificial está reconfigurando las prioridades de la industria del silicio a una velocidad que los fabricantes de consumo no pueden esquivar. Y los primeros damnificados son productos icónicos que durante años presumieron de cadencia de renovación milimétrica.

La memoria como recurso estratégico: lecciones de una tormenta de chips

El episodio conecta con la trayectoria de Apple en el mercado español. La marca ha consolidado una base de usuarios fieles a base de integrar hardware, software y servicios, pero nunca había tenido que gestionar una escasez tan prolongada en un portátil de entrada. Ni siquiera durante la crisis de semiconductores de 2020‑2021 los plazos del MacBook Air superaron las 4 semanas de manera generalizada.

La comparativa con Indra o Amadeus no procede aquí, así que la referencia histórica pertinente es la presión competitiva que históricamente ejerce el ecosistema Windows sobre los precios medios de los portátiles en España. Si Apple decide trasladar el encarecimiento de la memoria al precio final europeo y, además, no puede servir a tiempo, corre el riesgo de empujar a una porción de su parque hacia los rivales de siempre. El mercado laboral digital en España, con alta presencia de autónomos y pequeñas consultoras que usan MacBook Air como herramienta diaria, acusaría la demora.

Mantenemos la mirada en dos datos: las próximas decisiones de asignación de chips de los grandes fabricantes de memorias —Samsung, SK Hynix y Micron— y las cifras de distribución de Apple en el canal europeo durante agosto. Si los tiempos de entrega se replican en la Apple Store española, estaremos ante un síntoma de que la fiebre de la IA no solo encarece el presente, sino que alarga también el futuro de la espera.