Los programas especiales de Defensa que marcarán el futuro del Ejército español tras la reprogramación

La actualización de los Programas Especiales de Modernización redefine las prioridades de Defensa con nuevas inversiones, capacidades estratégicas y un fuerte impacto sobre la industria militar española.

La reprogramación de los Programas Especiales de Modernización (PEM) aprobada por el Gobierno supone el mayor impulso a la inversión en Defensa de las últimas décadas en España. El nuevo calendario financiero, vinculado al Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa, permitirá movilizar cerca de 34.000 millones de euros hasta 2037, consolidando una cartera de más de treinta grandes proyectos estratégicos destinados a renovar los ejércitos y reforzar la industria nacional.

La revisión de estos programas responde tanto al compromiso adquirido con la OTAN para elevar el gasto en defensa como al deterioro del escenario geopolítico tras la guerra de Ucrania y el incremento de las tensiones en distintas regiones del mundo. El objetivo no consiste únicamente en adquirir nuevo material, sino también en garantizar que España mantenga capacidades industriales, tecnológicas y militares propias durante las próximas décadas.

Blindados, aviación y sistemas terrestres concentran buena parte de la inversión

Uno de los pilares fundamentales de la nueva programación continúa siendo el VCR 8×8 Dragón, considerado el principal vehículo de combate del Ejército de Tierra para sustituir a los veteranos BMR. El programa contempla centenares de vehículos en distintas configuraciones, desde transporte de tropas hasta reconocimiento o zapadores, con una inversión que supera ampliamente los 2.000 millones de euros.

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Su principal ventaja reside en que proporciona mayor protección balística, mejor movilidad táctica, sensores de última generación y una arquitectura completamente digital que facilita futuras modernizaciones. Además, el programa genera una importante carga de trabajo para la industria española mediante el consorcio Tess Defence.

Sin embargo, también acumula algunas desventajas. Los retrasos sufridos durante los primeros años de desarrollo, el incremento de costes y la elevada complejidad tecnológica han obligado al Gobierno a adaptar el calendario de entregas, integrándolo dentro de la nueva planificación presupuestaria.

Otro de los grandes protagonistas es la evolución del Eurofighter, tanto mediante el programa Halcón como a través de futuras modernizaciones del sistema de combate. La incorporación de nuevos radares AESA, mejoras en guerra electrónica y nuevos misiles permitirá mantener al Ejército del Aire entre las fuerzas aéreas más avanzadas de Europa durante las próximas décadas.

Paralelamente continúa el desarrollo del FCAS (Future Combat Air System), el futuro sistema europeo de combate aéreo liderado por Alemania, Francia y España. Aunque su entrada en servicio no llegará antes de la década de 2040, representa uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos jamás emprendidos por la industria española, con la participación destacada de Airbus e Indra.

En el ámbito terrestre también destacan nuevos programas relacionados con la artillería autopropulsada, radares contrabatería, vehículos de movilidad táctica, lanzapuentes, capacidades de ingenieros y sistemas logísticos que permitirán incrementar la movilidad y supervivencia de las unidades desplegadas.

Blindados construidos por Indra (Fuente: Agencias)
Blindados construidos por Indra /Fuente: Agencias

La Armada apuesta por fragatas, submarinos, guerra digital y espacio

La Armada Española concentra igualmente una parte muy importante de los nuevos Programas Especiales de Modernización.

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Las fragatas F-110, construidas por Navantia, constituyen probablemente el proyecto naval más relevante de la actualidad. Estos buques incorporarán sistemas completamente digitales, inteligencia artificial para apoyo a la decisión, sensores de última generación y capacidades avanzadas de guerra antisubmarina.

Su principal ventaja consiste en aumentar considerablemente la supervivencia del grupo naval español frente a amenazas modernas, además de reforzar el liderazgo tecnológico de Navantia en el mercado internacional.

Junto a ellas continúa el desarrollo del programa S-80, cuyos submarinos representan un salto tecnológico histórico para España al tratarse de unidades diseñadas y construidas prácticamente de forma íntegra por la industria nacional.

No obstante, ambos programas también han evidenciado algunos inconvenientes. Los sobrecostes acumulados durante el desarrollo del submarino S-80 y los retrasos experimentados en diferentes fases del proyecto han obligado a reajustar calendarios y financiación, algo habitual en programas militares de elevada complejidad tecnológica.

La reprogramación también incluye inversiones en capacidades espaciales, satélites militares, sistemas de mando y control, comunicaciones seguras, guerra electrónica, ciberdefensa y nuevas tecnologías digitales. Buena parte de estos proyectos poseen además aplicaciones civiles, motivo por el que el Gobierno destaca su carácter de tecnologías duales.

Precisamente este enfoque dual constituye uno de los argumentos utilizados para justificar la inversión pública, ya que muchas innovaciones desarrolladas para defensa terminan aplicándose posteriormente a sectores industriales civiles, telecomunicaciones, inteligencia artificial o aeronáutica.

Exterior del submarino S-81, a 12 de febrero de 2025, en Cartagena, Murcia (España). El Isaac Peral (S-81) es un submarino de ataque SSK-AIP de la clase S-80 perteneciente a la Armada, construido por la empresa española Navantia en Cartagena (Fuente: Agencias)
Exterior del submarino S-81, a 12 de febrero de 2025, en Cartagena, Murcia (España). El Isaac Peral (S-81) es un submarino de ataque SSK-AIP de la clase S-80 perteneciente a la Armada, construido por la empresa española Navantia en Cartagena (Fuente: Agencias)

Las ventajas económicas contrastan con el enorme esfuerzo presupuestario

Uno de los aspectos más destacados de la reprogramación es su impacto industrial. Según los datos oficiales, los Programas Especiales de Modernización movilizarán 34.000 millones de euros, implicarán a más de 300 empresas españolas y podrían generar alrededor de 96.000 nuevos empleos entre directos e indirectos durante los próximos años.

Empresas como Indra, Navantia, Airbus España, Santa Bárbara Sistemas, Escribano, Sapa, Tess Defence o decenas de pequeñas y medianas compañías tecnológicas serán algunas de las principales beneficiadas por esta carga de trabajo, fortaleciendo una base industrial considerada estratégica por el Ejecutivo. El fuerte crecimiento de la cartera de pedidos de Indra durante 2026 refleja el impacto económico de estos programas.

Otra ventaja importante consiste en reducir la dependencia tecnológica exterior. España pretende desarrollar capacidades propias en inteligencia artificial, sensores, vehículos terrestres, sistemas navales, guerra electrónica, satélites y comunicaciones seguras, disminuyendo la necesidad de adquirir determinados equipos fuera de Europa.

No obstante, también existen importantes desafíos. El primero es el enorme compromiso financiero que supone mantener inversiones plurianuales durante más de una década, especialmente en un contexto económico cambiante. Además, los programas militares suelen estar expuestos a incrementos de costes derivados de la inflación, la evolución tecnológica o modificaciones en los requisitos operativos.

A ello se suma la dificultad de coordinar decenas de grandes contratos simultáneamente. Actualmente el Ministerio de Defensa gestiona alrededor de 79 programas de modernización y obtención de capacidades, lo que ha llevado incluso a crear una nueva estructura administrativa específica para supervisar su ejecución económica y contractual.

Pese a estas dificultades, la última reprogramación confirma que los Programas Especiales de Modernización se han convertido en la piedra angular de la política de defensa española. Su éxito no dependerá únicamente del cumplimiento de los calendarios o de las cifras presupuestarias, sino también de la capacidad para transformar esa inversión en unas Fuerzas Armadas más preparadas, una industria tecnológica más competitiva y una mayor autonomía estratégica en un escenario internacional donde la seguridad vuelve a ocupar un lugar prioritario.