La atención primaria rural —el primer escalón del sistema sanitario en los pueblos— vuelve a tambalearse este verano por la escasez de médicos, según ha denunciado el Colegio de Médicos de Zaragoza.
José Manuel Cucalón, vocal de Atención Primaria Rural del colegio, ha sido claro: «No ha cambiado nada desde los años 2023-2024». Con el mes de julio casi concluido, los facultativos de las zonas rurales han tenido que doblar turnos y reorganizar sus agendas para tapar los huecos de las vacaciones. Y la solución provisional se ha convertido en norma.
Un rompecabezas que se monta cada verano
El ritual se repite. Los médicos de los centros de salud comarcales se multiplican para que ningún paciente quede desatendido. Las distancias, el envejecimiento de la población y la falta de sustitutos convierten cada jornada en un encaje de bolillos. Los pueblos más pequeños son los que más sufren: en muchos solo hay un médico de cabecera que debe atender a varias localidades.
«Como siempre digo, la conciliación de uno es la desconciliación del otro», resume Cucalón. El sobreesfuerzo no es nuevo, pero este verano la presión ha vuelto a dispararse. No es solo una cuestión de vacaciones: es la manifestación estacional de un déficit estructural.
Las medidas que no terminan de arrancar
El Gobierno de Aragón, con Jorge Azcón al frente, ha lanzado en los últimos años programas de incentivos económicos, complementos de ruralidad y convocatorias específicas para fidelizar médicos en el medio rural. Sin embargo, los resultados no han logrado revertir la tendencia. La falta de vivienda asequible, la sobrecarga asistencial y la sensación de aislamiento profesional siguen alejando a los recién titulados de los consultorios pequeños.
La demografía tampoco ayuda. En muchas comarcas aragonesas, más de un tercio de los pacientes supera los 65 años y las patologías crónicas engrosan las consultas. El relevo generacional de los médicos es otro quebradero de cabeza: casi la mitad de los facultativos rurales está a menos de diez años de la jubilación, según estimaciones del propio colegio zaragozano.
Mientras los médicos doblan turnos para apuntalar la atención primaria, las políticas de fijación de profesionales no logran resultados tangibles en Aragón.
El Pulso Territorial
La situación sanitaria del medio rural es una de las patas más sensibles del Gobierno de Aragón. Jorge Azcón gobierna en coalición con Vox tras las autonómicas de 2023, y la oposición, encabezada por el PSOE, no ha dejado de señalar la falta de un plan estructural para la primaria rural. Cada verano, las denuncias del Colegio de Médicos ponen al Ejecutivo contra las cuerdas, como ocurrió ya durante el mandato de Javier Lambán.
El problema no es exclusivo de Aragón. Comunidades como Castilla y León o Castilla-La Mancha sufren apuros similares. Sin embargo, Aragón arrastra un hándicap adicional: es la cuarta comunidad con mayor dispersión geográfica, con casi la mitad de sus 731 municipios por debajo de los 500 habitantes. Esa orografía penaliza el acceso a la salud de forma más aguda que en ninguna otra autonomía, salvo las del entorno cantábrico.
Las próximas cuentas autonómicas para 2027 incluirán, previsiblemente, nuevas partidas para sanidad rural. Pero mientras el presupuesto no vaya acompañado de un cambio en las condiciones laborales y de vivienda, los pueblos aragoneses seguirán dependiendo de la buena voluntad de los médicos que se quedan. La conciliación de uno, como dice Cucalón, se sostiene sobre la desconciliación de quien no llega.
Ficha Autonómica
- El caso: La atención primaria en el medio rural aragonés repite este verano el colapso de 2023 y 2024 por falta de médicos, según denuncia el Colegio de Médicos de Zaragoza.
- Datos importantes: El vocal de Primaria Rural, José Manuel Cucalón, alerta del doblaje de turnos y reorganización de agendas para cubrir vacaciones. La situación afecta a todo el territorio rural de la comunidad.
- Resumen: El colegio profesional advierte de que sin medidas estructurales, el déficit de facultativos se cronifica cada estío, dejando a los pacientes con una atención precaria y a los profesionales al límite del agotamiento.

