Trump condiciona la reapertura del estrecho de Ormuz a un acuerdo con Irán y Omán que podría anunciarse hoy

La Casa Blanca ultima un pacto interino de 60 días para reabrir la ruta del 20% del crudo mundial, mientras el presidente amenaza con «el mayor ataque desde 1945» si fracasa la diplomacia.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Donald Trump ha condicionado la reapertura del estrecho de Ormuz a un acuerdo inminente con Irán y Omán, mientras amenaza con una operación militar si fracasa la vía diplomática.
  • ¿Quién está detrás? La Casa Blanca, con el enviado Steve Witkoff como mediador clave, junto a los ministros de Exteriores iraní y omaní. Qatar, Pakistán y Arabia Saudí también participan.
  • ¿Qué impacto tiene? El estrecho canaliza el 20% del petróleo mundial; cualquier bloqueo encarecería la energía en España de forma inmediata. Un acuerdo interino de 60 días despejaría temporalmente el riesgo.

La madrugada del miércoles en Washington ha arrancado con un ultimátum en toda regla.

Donald Trump ha advertido que el estrecho de Ormuz se reabrirá «muy pronto», o Irán recibirá «un golpe muy duro», mientras Estados Unidos, Omán y el régimen iraní ultiman un acuerdo interino que la Casa Blanca espera anunciar hoy. La secuencia es propia del manual Trump: amago de fuerza militar, negociación exprés y un plazo de 48 horas que expira este mismo miércoles.

En una entrevista con Fox News el martes por la noche, el presidente aseguró que el Pentágono había preparado el mayor ataque desde la Segunda Guerra Mundial antes de que Teherán pidiera abrir conversaciones. «Íbamos a lanzar un ataque tremendo, el mayor desde la Segunda Guerra Mundial, y me llamaron y dijeron, muy educadamente: ‘Por favor, ¿podemos hablar?'», relató. La amenaza sigue sobre la mesa: «Si se echan atrás otra vez, recibirán un golpe realmente duro. No tengo elección. No pueden tener un arma nuclear».

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Las tres últimas semanas han demostrado la fragilidad de cualquier entendimiento con Irán. A mediados de julio, Washington y los mediadores regionales creían tener un principio de acuerdo similar, pero Teherán reanudó los ataques contra buques comerciales, desencadenando dos semanas de combates renovados y llevando a las partes al borde de una confrontación mucho mayor. Ahora, la repetición de aquel guion es el principal temor de los analistas.

Los detalles del nuevo marco provisional, adelantados por Axios, dibujan un entendimiento pragmático: durante 60 días, todos los buques que entren en el Golfo Pérsico navegarán por un carril norte bajo control iraní, mientras que los que salgan utilizarán un carril sur en aguas omaníes coordinadas con Irán, sin peajes ni tasas. En paralelo, las partes se comprometen a retirar las minas navales del canal central en un plazo de 30 días; una vez despejado, ese carril servirá para ambos sentidos bajo un acuerdo permanente que negociarán Irán y Omán.

El documento concede a Teherán un papel más relevante en la supervisión del tráfico por el estrecho de Ormuz del que tenía antes del conflicto, pero deja fuera su exigencia de cobrar tasas obligatorias a los mercantes. El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó desde el Departamento de Estado que «ha habido progresos, pero todavía no hay nada definitivo». El secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue aún más optimista: «Es posible que hoy o mañana tengamos un acuerdo para abrir el estrecho».

La amenaza de una operación militar sin precedentes desde 1945 ha forzado a Irán a negociar, pero la confianza es mínima.

El presidente también habló el martes con el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, sobre los esfuerzos para reducir la tensión. Según la lectura oficial catarí, Trump elogió el papel de Doha como facilitador del diálogo, mientras el emir instó a continuar la vía diplomática y respetar el memorando de entendimiento alcanzado en junio.

Para España, el embotellamiento del estrecho de Ormuz es mucho más que una noticia de política exterior. Aunque el país no depende directamente del crudo iraní, cualquier disrupción prolongada en esa ruta dispara los precios globales del petróleo y del gas natural licuado, encareciendo de golpe facturas energéticas, carburantes y costes industriales. El barril de Brent ha cotizado con una prima de riesgo geopolítico desde el inicio de la crisis, y un acuerdo interino de 60 días aliviaría esa presión, pero sin resolver la amenaza de fondo.

La Lógica de Washington

Detrás del ultimátum y la negociación ultrarrápida hay una doctrina que la prensa europea suele malinterpretar. Trump no está improvisando: está aplicando la misma lógica que Ronald Reagan utilizó en 1987-1988 durante la guerra de los petroleros en el Golfo Pérsico, cuando la Armada estadounidense escoltó convoyes y respondió con fuerza a las amenazas iraníes. Entonces, como ahora, la combinación de poder militar abrumador y un canal diplomático discreto —entonces con Omán como intermediario— logró estabilizar temporalmente la principal arteria energética del planeta.

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La Casa Blanca necesita una victoria temprana en política exterior que refuerce su narrativa de «paz mediante la fuerza» ante las elecciones legislativas de noviembre. El Partido Republicano respalda la estrategia de máximos: forzar a Irán a ceder en un asunto concreto —el tráfico marítimo— antes de abordar el objetivo último, la desnuclearización. Es un cálculo de poder, no de confianza. El enviado Steve Witkoff ha hablado varias veces en los últimos días con el ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, y con el omaní Badr al-Busaidi. La cúpula iraní aprobó el marco el martes, según fuentes regionales y un funcionario estadounidense, justo después de que Trump cancelara el ataque masivo que tenía previsto.

El impacto para España es directo y cuantificable. Según datos de la Corporación de Reservas Estratégicas, el país importó en 2025 más de 53 millones de toneladas de crudo; un incremento sostenido de 10 dólares por barril por tensiones en el Golfo añadiría alrededor de 3.000 millones de euros extra a la factura energética anual. Empresas como Repsol —con refinerías en Tarragona y A Coruña— y Cepsa seguirían de cerca la evolución del acuerdo. El Gobierno español, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, apoya la vía diplomática pero observa con cautela, consciente de que un fracaso del pacto volvería a encarecer los mercados.

La proyección inmediata es clara: si el anuncio se materializa hoy, los buques podrían empezar a transitar el canal central minado en un plazo de 30 días, devolviendo cierta normalidad al suministro mundial de crudo. Pero el historial reciente invita a la cautela. Hace tres semanas, Washington creyó tener un acuerdo similar; horas después, los ataques iraníes reventaron el entendimiento. La pregunta no es si Trump está dispuesto a usar la fuerza —ha dejado claro que sí—, sino si Irán aceptará un papel reforzado pero sin cobrar peajes. Cosas que pasan en 2026.

Ficha del Caso

  • El caso: La negociación a tres bandas entre Estados Unidos, Irán y Omán para reabrir el estrecho de Ormuz mediante un acuerdo interino de 60 días, bajo la amenaza de una operación militar estadounidense si Teherán se retira.
  • Datos clave: El estrecho mueve el 20% del petróleo mundial. El marco prevé carriles segregados sin peajes. El Brent cotiza con prima de riesgo. Aprobación iraní recibida el martes 4 de agosto. Anuncio previsto para hoy, miércoles 5 de agosto de 2026.
  • Para España: A corto plazo, el acuerdo aliviaría la presión sobre los precios de la energía. Su ruptura encarecería la factura de crudo y gas, afectando a hogares, transportes y grandes refinerías como Repsol y Cepsa.