La noticia llegó con una embestida inesperada: Jaume Giró, ex conseller d’Economia y uno de los rostros más reconocibles de Junts, anunció su baja del partido apenas unas horas antes de que Carles Puigdemont culminara la mayor operación diplomática del independentismo en Bruselas desde 2017. El contraste no pudo ser más elocuente. Mientras un sector del espacio posconvergente se desangraba en discrepancias internas, el liderazgo en Waterloo sellaba su ingreso en el Partido Demócrata Europeo (PDE) con la vista puesta en Renew Europe, el grupo liberal de la Eurocámara.
La incorporación de Junts al PDE, presidido por François Bayrou, rompe ocho años de aislamiento en las instituciones comunitarias. La expulsión del antiguo PDeCAT del grupo ALDE en 2018, forzada por Ciudadanos bajo el argumento de los casos de corrupción del legado de Jordi Pujol, había dejado al independentismo sin andamiaje europeo en plena crisis del procés. Ahora, la maniobra devuelve a Puigdemont a una familia política con proyección y, sobre todo, con capacidad de interlocución en los pasillos del Parlamento Europeo.
La travesía del desierto: de la expulsión de ALDE al salvavidas de Bayrou
Para entender el alcance del movimiento hay que rebobinar hasta 2016, cuando el PDeCAT heredó el escaño de Convergència en ALDE. La presión de Ciudadanos, que entonces compartía espacio liberal con los nacionalistas catalanes, acabó en expulsión fulminante tras el referéndum del 1-O. “Es un error estratégico que los españoles pagaremos caro”, lamentan ahora desde la formación naranja al ver cómo Junts se cuela por la puerta trasera del Partido Demócrata Europeo.
El PDE, integrado en Renew junto a otros 77 eurodiputados, recibe a Junts con un mensaje de respeto a la “diversidad nacional, cultural y lingüística”, según el comunicado difundido por la formación de Puigdemont. En la práctica, eso significa que los neoconvergentes compartirán espacio con el PNV —que ya está en Renew— y con Coalición Canaria, socios en la coalición CEUS que obtuvo un escaño en las últimas europeas.
La clave táctica es evidente: si Toni Comín, el eurodiputado electo que sigue en Bélgica sin haber jurado la Constitución, logra tomar posesión de su acta —gracias a la más que probable aplicación de la Ley de Amnistía por el Tribunal Supremo—, Junts sumaría un voto que permitiría a Renew igualar el peso de los Conservadores y Reformistas de Giorgia Meloni. O sea, los liberales darían un paso al frente en la geometría parlamentaria de Estrasburgo.
Puigdemont logra lo que el independentismo no consiguió en 2017: una familia política europea que le abra las puertas en lugar de cerrarlas.
El escaño fantasma de Comín y el enésimo desafío al Supremo
Toni Comín permanece en Bélgica desde hace más de ocho años, procesado por el Tribunal Supremo por su participación en la declaración unilateral de independencia. La reciente sentencia del TJUE sobre la aplicación de la amnistía allana el camino, aunque el desenlace final depende de la Sala de lo Penal del alto tribunal. Si el Supremo levanta la orden de detención, Comín podría regresar a España sin ser arrestado y realizar el trámite de acatamiento constitucional necesario para ocupar su escaño.
El calendario es difuso, pero el horizonte de otoño de 2026 se perfila como el más probable para que el ex conseller de Salut se siente por fin en el hemiciclo europeo. Un escenario que, además de reforzar la posición de Junts, tensaría aún más el debate sobre la amnistía en el Tribunal Constitucional y reavivaría las críticas de PP y Vox.
Lectura política: ¿un giro pragmático o un nuevo frente contra el Gobierno?
El ingreso en Renew abre una doble vía para Puigdemont. Por un lado, le proporciona una plataforma institucional que llevaba años reclamando; por otro, le obliga a modular un discurso que en ocasiones choca con los principios liberales del grupo. No es casual que el PDE subraye valores como la descentralización y la democracia federal, conceptos que encajan de forma incómoda con el maximalismo independentista.
En clave española, la jugada tiene lecturas contrapuestas. Para el Gobierno de Pedro Sánchez, la entrada de Junts en la familia liberal europea legitima a un interlocutor con el que ya negocia cada semana en el Congreso. Pero también otorga a Puigdemont una vitrina internacional desde la que elevar sus exigencias, ya sea en materia de financiación singular o en el reconocimiento del catalán en la UE.
Lo que observamos es un paso adelante en la maduración estratégica del independentismo. Después de años de marginalidad, Junts apuesta por una normalización que, sin renunciar a sus postulados, busca influir desde dentro en las decisiones comunitarias. La maniobra, no exenta de riesgos, podría redefinir el papel de Cataluña en el tablero europeo si Comín logra superar el último escollo judicial.
