EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Israel ha llevado a cabo el mayor bombardeo en el sur del Líbano desde el alto el fuego del 3 de junio, alcanzando Tibnin, Al-Mansouri y Burj el-Shamali, con al menos un muerto y 12 heridos.
- ¿Quién está detrás? Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) responden a lo que califican de «violación flagrante» de la tregua por parte de Hezbolá, tras informes de que dos soldados israelíes murieron en un edificio con trampa explosiva.
- ¿Qué impacto tiene? La escalada ha interrumpido las negociaciones en Roma y amenaza la frágil tregua, con el retorno de más de 820.000 desplazados libaneses y la presencia de cascos azules de la ONU, incluido el contingente español, en riesgo.
Israel ha ejecutado este miércoles la mayor ofensiva aérea sobre el sur del Líbano desde la entrada en vigor del alto el fuego el pasado 3 de junio, tras acusar a Hezbolá de una «violación flagrante» de la tregua. Según el Ministerio de Salud libanés, un proyectil impactó en el tejado de una sala de oración en un cementerio de Tibnin, dejando un fallecido y doce heridos.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) aseguraron que los bombardeos respondían a «una violación flagrante» del alto el fuego por parte de Hezbolá, sin dar más detalles. Poco antes, varios medios israelíes informaron de la muerte de dos soldados por la explosión de un edificio con trampas en la localidad libanesa de Majdal Zoun. La IDF emitió además su primera orden de desplazamiento en dos meses, instando a los residentes de Burj el-Shamali, en las afueras de Tiro, a abandonar la zona.
El ataque sobre Tibnin, a unos 30 kilómetros de la frontera, fue especialmente cruento. De acuerdo con el Ministerio de Salud libanés, el proyectil israelí golpeó el techo de una sala de oración del cementerio local, matando a un hombre e hiriendo a otras doce personas. Las imágenes difundidas en redes mostraban columnas de humo y ambulancias trasladando a los heridos a hospitales cercanos.
Simultáneamente, la aviación israelí bombardeó Al-Mansouri y, más tarde, Burj el-Shamali, una localidad en el extrarradio de Tiro considerada un bastión de Hezbolá. Fue el primer ataque de esta envergadura en la zona desde junio, lo que subraya el quiebre de la calma relativa que se había mantenido durante las últimas semanas.
El incidente de Majdal Zoun y la justificación israelí
El detonante de la ofensiva fueron los informes —no confirmados oficialmente por el Estado Mayor israelí— sobre dos soldados muertos en Majdal Zoun. Según estos reportes, los militares entraron en un edificio que resultó estar preparado con cargas explosivas. Si se confirma, se trataría de una de las mayores bajas para Israel en territorio libanés desde 2006. La IDF no ha revelado las identidades ni ha detallado la misión en la que participaban.

Las conversaciones indirectas entre Israel y el Líbano, mediadas por Estados Unidos en Roma, se suspendieron el miércoles por la tarde a petición israelí. El embajador de Israel en Washington, Yechiel Leiter, acusó a la delegación libanesa de filtrar «información falsa» repetidamente a la prensa. Se espera que las negociaciones se reanuden este jueves, según fuentes citadas por el Times of Israel y Al-Monitor.
La tregua del 3 de junio nunca fue un alto el fuego definitivo, sino un armisticio precario que Hezbolá rechazó desde el primer día.
El alto el fuego alcanzado hace dos meses establecía la retirada gradual israelí de las «zonas piloto» que ocupa en el sur del Líbano y su transferencia al ejército libanés, siempre que Hezbolá dejara de lanzar ataques desde el área. Sin embargo, la milicia chií ha rechazado el acuerdo, exige una retirada total y se niega a desarmarse. Mientras tanto, la ONU estima que más de 820.000 desplazados internos han comenzado a regresar a sus hogares, una operación humanitaria que ahora se ve comprometida por la nueva oleada de violencia.
Equilibrio de Poder
La escalada del miércoles tensa aún más los frágiles equilibrios de la región. La administración estadounidense se encuentra en una posición delicada: actúa como mediadora mientras Israel actúa por su cuenta. Las conversaciones de Roma se presentaban como la última oportunidad para consolidar el alto el fuego, pero la acción militar israelí y la retirada temporal de la mesa de negociación ponen en duda la capacidad de Washington para controlar a su principal aliado en Oriente Próximo.
Para la Unión Europea, y en particular para España, la situación tiene implicaciones directas. El contingente español desplegado en la misión de Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) se ubica precisamente en la zona de operaciones, con el general español al frente de la fuerza. Cualquier escalada que implique combates o ataques aéreos cerca de las posiciones de UNIFIL pondría en riesgo a los soldados españoles y exigiría una respuesta política inmediata desde Moncloa. Además, una nueva guerra en el sur del Líbano podría desestabilizar aún más el Mediterráneo oriental, con consecuencias para la seguridad energética y los flujos migratorios hacia Europa.
El precedente de 2006, cuando Israel libró una guerra de 34 días contra Hezbolá, recuerda que los conflictos asimétricos en esta zona tienen un coste humano y político muy alto. Entonces, como ahora, la comunidad internacional presionó por un alto el fuego que nunca logró erradicar la amenaza. Hoy, la negativa de Hezbolá a desarmarse y la doctrina israelí de «disuasión mediante la fuerza» chocan de nuevo, y la contención se presenta más difícil que hace dos décadas.
La reanudación de las conversaciones mañana jueves será el primer termómetro. Pero con la confianza por los suelos, el riesgo de que la tregua de junio se convierta en papel mojado es real. Para Europa, y en especial para España, la prioridad es evitar que sus cascos azules se vean atrapados en un cruce de fuegos que, por ahora, nadie quiere detener.

