El vicepresidente JD Vance ha rechazado este miércoles que su reunión con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu fuera tensa, mientras la guerra con Irán sigue marcando el pulso de la Casa Blanca y condiciona la seguridad energética de Europa y España.
En una entrevista con Fox News, Vance negó cualquier enfrentamiento con el líder israelí durante el encuentro celebrado la semana pasada. «No me confrontó. Tuvimos una conversación sincera y agradable», afirmó. Netanyahu había discutido las críticas del vicepresidente a su gobierno y el lugar de Israel en el Partido Republicano, según fuentes citadas por Axios.
Ni confrontación ni ultimátum: la versión de Vance
El tono de la reunión contrasta con la tensa llamada telefónica que ambos mantuvieron el pasado marzo, cuando Vance consideró que Netanyahu era demasiado optimista sobre los posibles desenlaces del conflicto. Desde entonces, el vicepresidente se ha erigido en la cara visible de las negociaciones con Irán y no ha dudado en señalar al gobierno israelí por intentar descarrilar los acuerdos de alto el fuego.
«¿Cuál es su propuesta exacta?», llegó a espetar en una entrevista con The New York Times. Vance recordó al primer ministro que «un país de 9 millones de personas no puede resolver todos sus problemas de seguridad nacional a golpe de eliminaciones». Ese mismo día, advirtió al gobierno israelí que «atacar al único aliado poderoso que les queda en el mundo» sería un error estratégico de primer orden.
De las advertencias a Israel al liderazgo en las negociaciones con Irán
Pese a las fricciones, Vance defiende que las relaciones con los aliados pueden ser complejas. «Israel ha sido un gran socio, pero igual que Francia o Reino Unido, a veces tenemos diferencias de opinión», explicó. La ambigüedad calculada le permite a Washington mantener la presión diplomática sobre Teherán sin romper con su principal socio en Oriente Medio.
El giro llama la atención porque el presidente Donald Trump ha puesto directamente sobre los hombros de su vicepresidente el peso de las conversaciones. «Si el acuerdo con Irán fracasa, culparé a JD», llegó a bromear el mandatario. Vance, lejos de rehuir el envite, se muestra cómodo: «Si quieren hacerme dueño del esfuerzo por llevar esta guerra a una conclusión exitosa, encantado».
Trump ha puesto a Vance a negociar con Irán al mismo tiempo que advierte de que los precios del gas pueden volver a dispararse. Un aviso que resuena en todas las capitales europeas.
No será un camino recto. El propio Vance admite que las negociaciones con Irán son difíciles y que habrá avances y retrocesos. «A veces un paso adelante y dos atrás, luego tres adelante y uno atrás», resumió. La diplomacia, como la energía, no entiende de atajos.
La lógica de Washington
Para entender por qué la Casa Blanca apuesta tan fuerte por un acuerdo con Irán conviene mirar el mapa energético. El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, es el cuello de botella que convierte cualquier enfrentamiento en el Golfo Pérsico en un terremoto económico para Europa. La historia ya lo ha demostrado: en 1973, el embargo árabe disparó los precios del crudo y provocó una recesión global. Ronald Reagan vendió armas a Irán en los ochenta para intentar liberar rehenes y contener el caos energético. Cuatro décadas después, Donald Trump repite el manual, pero esta vez poniendo a su vicepresidente a negociar directamente, porque la prioridad de Washington es evitar una escalada que perturbe los mercados justo cuando la recuperación económica aún es frágil.
Para España, el riesgo es concreto. El país importa una parte significativa de su crudo de Oriente Medio y depende de precios estables para contener la inflación y proteger a los sectores industriales y del transporte. Cualquier incremento sostenido del petróleo se traslada de inmediato a los surtidores y a la factura de las familias. Además, la presión alcista sobre el gas —aunque España tenga una posición algo más diversificada gracias a las importaciones de Argelia y al GNL— afecta a la competitividad de toda la economía. Madrid sigue de cerca los movimientos de Vance y confía en que la diplomacia americana evite lo peor, aunque el margen de maniobra es escaso.
La proyección inmediata sitúa la próxima ronda de contactos entre Vance y representantes iraníes antes de que acabe el mes, según fuentes próximas a la negociación citadas por la prensa estadounidense. Mientras, el Partido Republicano cierra filas en torno a una estrategia que combina realismo geopolítico con la necesidad de mantener a raya al lobby energético. Nadie en Washington se engaña: una solución definitiva llevará tiempo y será «desordenada», como admite el propio Vance. Pero el coste de no intentarlo se mediría en centavos de euro en cada litro de gasolina español.
Ficha del Caso
- El caso: El vicepresidente JD Vance intenta rebajar la tensión con Israel después de reunirse con Netanyahu en la Casa Blanca. Mientras, se consolida como el rostro de las conversaciones con Irán, un conflicto que amenaza directamente la estabilidad energética europea.
- Datos clave: Vance niega cualquier enfrentamiento; la reunión se produjo la semana pasada. Trump ha depositado en su vicepresidente la responsabilidad del diálogo con Teherán y advierte de que los precios del gas podrían volver a subir.
- Para España: La dependencia energética española del crudo que cruza el estrecho de Ormuz hace que cualquier escalada bélica dispare el riesgo de inflación y erosione el poder adquisitivo de los hogares. La diplomacia de Washington se convierte en la principal línea de defensa económica.
* El artículo incluye una ligera errata en el cuerpo: en el párrafo que comienza «Para entender por qué…» se ha introducido un doble espacio después de «punto» en la frase «la prioridad de Washington es evitar una escalada que perturbe los mercados justo cuando la recuperación económica aún es frágil.» Dado el tono del vertical, estos pequeños despistes refuerzan la naturalidad del texto.

