Datacenter Amazon contaminación: su planta de gas de 7,65 GW en Texas, posible mayor foco de CO2 de EE.UU.

La planta de gas de 7,65 GW y 35 turbinas que alimentará el nuevo datacenter de Amazon en Pecos County (Texas) podría emitir tanto CO2 como varias centrales de carbón. El proyecto desafía los compromisos climáticos del grupo y enciende las alarmas entre los inversores ESG y los r

Amazon invertirá en una planta de gas natural de 7,65 gigavatios en Pecos County (Texas) para alimentar su nuevo centro de datos, lo que podría convertir esta instalación en la mayor fuente puntual de emisiones de CO2 de Estados Unidos. La contradicción con sus compromisos climáticos esconde una realidad incómoda: la inteligencia artificial devora electricidad y el gigante del cloud no encuentra alternativas limpias a la altura de su demanda.

Claves de la operación

  • Amazon respalda una central de 35 turbinas que no se conectará a la red. La planta, bautizada como GW Ranch, suministrará energía dedicada en exclusiva al nuevo datacenter de la compañía en el oeste de Texas, evitando el sistema eléctrico estatal.
  • 7,65 GW de capacidad la situarían entre los mayores focos de CO2 del país. El New York Times ya la califica como uno de los proyectos más contaminantes de Estados Unidos, a la altura de las refinerías o las centrales térmicas tradicionales.
  • El proyecto choca frontalmente con el Climate Pledge de Amazon, que prometía cero emisiones netas en 2040. Los inversores ESG y los reguladores europeos seguirán muy de cerca cómo casa este movimiento con los objetivos de descarbonización del grupo.

El movimiento de Amazon no es aislado. La explosión de la demanda de cómputo para entrenar modelos de inteligencia artificial está llevando a los hyperscalers a buscar fuentes de energía firme, y el gas natural es la opción que menos trámites regulatorios encuentra en estados como Texas. Según los datos recabados por Cleanview, firma especializada en el seguimiento de centros de datos y sus proyectos energéticos asociados, GW Ranch ya recibió el permiso de las autoridades texanas para iniciar la construcción.

La planta contará con 35 turbinas de gas y, al menos en su fase inicial, no inyectará electricidad a la red estatal. Toda la producción de esos 7,65 gigavatios se destinará al centro de datos de Amazon, lo que supone una capacidad equivalente al consumo de varias grandes ciudades. En esta redacción nos preguntamos si un esquema tan intensivo en combustibles fósiles puede sobrevivir al escrutinio de los inversores que han apostado por la transformación verde de las grandes tecnológicas.

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El compromiso de Amazon con la neutralidad de carbono en 2040, que incluye la compra masiva de energía renovable y una flota eléctrica de reparto, se topa ahora con un proyecto que emite por sí solo tanto CO2 como varias centrales de carbón. Los analistas ESG empiezan a descontar el riesgo reputacional y regulatorio de este tipo de inversiones, sobre todo cuando la Comisión Europea refuerza las exigencias de divulgación climática bajo la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa.

De hecho, la secuencia resulta paradójica: mientras la UE impone auditorías estrictas sobre las emisiones indirectas de las cadenas de suministro tecnológicas, uno de sus principales proveedores de infraestructura cloud levanta en Texas una central que puede convertirse en el mayor foco puntual de CO2 del país. El dato es contundente y obliga a repensar el modelo de crecimiento de los centros de datos sin un anclaje firme en renovables.

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El apetito eléctrico de los modelos de lenguaje y la computación de alto rendimiento ha disparado las previsiones de consumo energético para el sector tecnológico. Se espera que la demanda mundial de los centros de datos se duplique para 2030, y en regiones con menor disponibilidad de renovables el gas asoma como la solución inmediata. Microsoft y Google también han explorado acuerdos con nucleares y térmicas para garantizar suministro, pero el proyecto de Amazon en Texas marca un salto de escala que pone nerviosos a los reguladores.

planta de gas Amazon

En Europa, la discusión sobre la huella de carbono de la IA apenas ha comenzado. La Comisión Europea ultima un código de buenas prácticas para centros de datos dentro de la Directiva de Eficiencia Energética, y los criterios de elegibilidad para fondos Next Generation ya penalizan las infraestructuras que dependan de combustibles fósiles. Un proveedor que acumule activos tan intensivos en gas podría enfrentar limitaciones en las licitaciones públicas o en los contratos con administraciones sensibles a las métricas ESG.

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Mientras Texas se convierte en un imán para proyectos de energía fósil, la Península Ibérica ofrece la foto opuesta. España ha captado inversiones de AWS, Microsoft y Google para nuevos centros de datos, pero siempre bajo el paraguas de contratos de compra de energía renovable a largo plazo. La planta de gas de Pecos County nos obliga a preguntarnos si el cloud que consumen empresas y administraciones europeas está, en el fondo, alimentado por combustibles fósiles.

Telefónica, a través de su filial de infraestructura, ha pivotado sus centros de datos hacia un abastecimiento mayoritariamente renovable, y compañías como Iberdrola están construyendo hubs digitales conectados directamente a sus parques eólicos. El contraste con el modelo texano es tan evidente que podría convertirse en un arma comercial para los proveedores europeos que sí pueden certificar un origen limpio de la energía. De confirmarse las cifras que apunta el New York Times, el datacenter de Texas se transformará en un caso de estudio sobre los límites de la expansión digital sin una transición energética real.

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