Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el centro de Colombia la noche del 11 de agosto de 2026. Apenas horas después, el presidente Abelardo De La Espriella firmó el decreto que declara el desastre nacional en todo el país. La medida, además de movilizar ayudas de emergencia, agiliza los contratos de reconstrucción y despierta el interés inmediato de un sector clave: las constructoras y aseguradoras españolas llevan décadas operando en el país y ahora ven una oportunidad de negocio multimillonario.
El decreto de desastre nacional y lo que cambia para la contratación de emergencia
El texto, difundido por la Presidencia en la madrugada, activa el artículo 46 de la Ley de Gestión del Riesgo, que permite al Gobierno colombiano saltarse los procedimientos habituales de licitación pública. Traducido: los contratos para demoler, retirar escombros y reconstruir infraestructuras se pueden adjudicar de forma directa, sin los plazos de meses que marca la norma en condiciones normales.
El decreto también flexibiliza los traslados presupuestarios y habilita créditos extraordinarios para atender la emergencia. Los subsidios de arriendo y alivios en servicios públicos, confirmados por el Ministerio, son solo el primer paso. La prioridad inmediata es Quindío, la región más afectada, donde el sismo dejó miles de viviendas dañadas, más de 10.000 edificaciones afectadas y a decenas de miles de personas sin servicios básicos. Según detalló La República, el Gobierno ya ha anunciado ayudas directas para las familias damnificadas. Pero la mirada de los grandes grupos empresariales está puesta en lo que viene después: la reconstrucción de carreteras, puentes, hospitales y redes eléctricas.
La oportunidad que se abre para las empresas españolas
Colombia es un mercado natural para las constructoras españolas. ACS, Ferrovial, Sacyr u OHLA llevan años ejecutando obras de infraestructura en el país, desde autopistas hasta plantas de tratamiento de agua. En el seguro, Mapfre y otras aseguradoras españolas tienen cuotas de mercado significativas. La experiencia acumulada en la región convierte a estas compañías en candidatas naturales para las adjudicaciones de emergencia, y el Gobierno colombiano conoce bien su fiabilidad. Ahora, con la declaración de desastre, el volumen de obra previsiblemente se multiplica y la urgencia encaja con la capacidad de estos grupos para movilizar equipos y financiación en tiempo récord.
Para que te hagas una idea: tras el terremoto de México de 2017, las empresas españolas lograron contratos por más de 500 millones de euros en la fase de emergencia, según datos de ICEX. Y en Chile en 2010, la reconstrucción movilizó cerca de 1.200 millones de euros, con una participación notable de filiales españolas. Colombia, con un PIB de unos 330.000 millones de dólares, no es un actor menor. Las constructoras españolas cuentan además con oficinas permanentes y equipos locales, lo que elimina uno de los principales obstáculos para competir en la emergencia: la falta de presencia inmediata. El sector de la construcción colombiano movió en 2025 más de 25.000 millones de euros, y la reconstrucción podría añadir varios miles de millones adicionales.
El sector de la construcción español sostiene más de 1,2 milliones de empleos, y Colombia es su segundo mercado latinoamericano tras México.
Precedentes históricos: cómo los terremotos se convirtieron en una palanca para la internacionalización española
Retrocedamos un momento. La vocación exterior de las constructoras españolas no nació ayer: se forjó en las grandes crisis de los años 80 y 90, cuando España vivió su propia burbuja de obra pública. Luego, a partir de 2000, las empresas dieron el salto a Latinoamérica, donde la combinación de necesidad de infraestructura y cercanía cultural les dio ventaja. Cada gran catástrofe —terremotos en El Salvador (2001), Perú (2007), Chile (2010), México (2017)— ha sido una prueba de fuego que, superada con éxito, ha abierto más puertas. La clave no fue solo la capacidad técnica; fue la rapidez para presentar ofertas y la confianza que genera tener al ICEX y al Gobierno español respaldando con avales y diplomacia comercial.
El decreto de De La Espriella coloca ahora a Colombia en ese mismo carril. Las empresas españolas saben que el que llega primero, se queda. Y no solo por el dinero público de la emergencia: la reconstrucción deja un poso de relaciones con proveedores locales, conocimiento de licitaciones futuras y reputación ante el Banco Mundial y el BID, que suelen financiar parte de la recuperación. El respaldo de la diplomacia económica española —con la Oficina Comercial en Bogotá— será clave para que esas licitaciones no se decidan solo por precio. Por si fuera poco, el desastre también dispara el negocio del seguro: las reclamaciones por daños a viviendas y comercios moverán cientos de millones, y las renovaciones de pólizas incorporarán cláusulas más exigentes que beneficiarán a quien tenga músculo financiero.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: El terremoto de 7,4 que sacudió Colombia el 11 de agosto de 2026 llevó al presidente De La Espriella a declarar el desastre nacional y activar contratos de emergencia.
- Datos importantes: El sector constructor español tiene contratos por más de 500 millones en la región tras sismos anteriores. La reconstrucción colombiana podría superar esa cifra.
- Resumen: La agilización de licitaciones abre una ventana estratégica para las empresas españolas, que competirán por obras de infraestructura y servicios de seguros en un mercado en expansión.

