Así respondería el Ejército español ante una incursión masiva de drones rusos

Sistemas de guerra electrónica, cazas Eurofighter y misiles NASAMS: las Fuerzas Armadas despliegan un escudo en capas frente a las nuevas amenazas asimétricas.

La alerta lanzada por los servicios de inteligencia aliados ha situado el foco geoestratégico en las costas mediterráneas. El escenario sobre la mesa contempla la utilización de aeronaves no tripuladas tipo Gerbera o Shahed, camufladas en buques mercantes con pabellón de conveniencia que navegarían en medio del tráfico marítimo comercial habitual para realizar un ataque en las costas mediterráneas de España, Francia e Italia.

Esta estrategia de guerra híbrida busca recortar los tiempos de reacción de las defensas europeas y testear la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas en territorio continental. Sin embargo, la cúpula del Ejército del Aire y del Espacio, junto a la Armada Española, mantiene desplegado un abanico operacional diseñado en capas para neutralizar cualquier incursión aérea de baja cota.

El primer elemento diferenciador en este tipo de conflictos no es la capacidad de disparo, sino la detección temprana. En aguas del Mediterráneo, la vigilancia recae en los sensores del Mando de Operaciones Marítimas, estructurado desde la base de Cartagena, que monitoriza de manera ininterrumpida el tránsito de buques mediante inteligencia de señales e imágenes de satélite.

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La clave para abortar un ataque procedente del mar reside en identificar comportamientos anómalos antes de que las plataformas despeguen. Si un dron logra elevarse desde un contenedor adaptado, entra en juego el Sistema de Mando y Control Aéreo, una red integrada de radares Lanza de Indra que barren permanentemente el espacio aéreo nacional. Estos equipos identifican la firma de eco de los vectores no tripulados para ofrecer una traza clara en tiempo real a los centros de operaciones.

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Camión portando el espectacular Lanza LTR-25. Fuente: IA

La muralla electrónica que inhabilita los vectores antes del disparo

Una vez detectada la amenaza en aproximación, la primera línea de contención no utiliza fuego real, sino guerra electrónica. Los ataques masivos con drones de bajo coste están diseñados para saturar las defensas convencionales, por lo que emplear misiles antiaéreos contra cada aparato resulta insostenible desde el punto de vista económico y logístico. Es aquí donde destacan sistemas como el C-UAS de fabricación nacional, capacitado para interrumpir las frecuencias de guiado por radiofrecuencia y las señales de navegación electromagnética de los artefactos enemigos.

Mediante técnicas avanzadas de inhibición de señal (jamming) y de engaño de geolocalización (spoofing), las Fuerzas Armadas pueden neutralizar en bloque escuadrones enteros, forzando la caída de los aparatos o provocando que pierdan el rumbo antes de alcanzar sus objetivos estratégicos en la península.

En el supuesto de que las aeronaves hostiles superen la barrera de distorsión electromagnética, el mando militar activa el paraguas de artillería de defensa de costa y antiaérea. El país cuenta con un escudo multinivel altamente coordinado que combina tecnología nórdica y estadounidense. A media y corta distancia, los sistemas NASAMS, operados por el Ejército de Tierra, ofrecen una cobertura rápida y precisa frente a objetivos volando a baja altitud.

Para la última capa de protección sobre instalaciones críticas, como bases navales, refinerías o nudos de comunicación, entran en juego los puestos de tiro Mistral, capaces de reaccionar en cuestión de segundos mediante guiado infrarrojo de gran efectividad. Todo este entramado terrestre está coordinado para garantizar que no existan puntos ciegos en la franja costera.

Vehículo lanzador Nassams español (Fuente: Outisnn)
Vehículo lanzador Nassams español (Fuente: Outisnn)

El rol determinante de los cazas de combate en la interceptación lejana

El tiempo de respuesta es el factor más crítico en la neutralización de un enjambre no tripulado. Por este motivo, la Servicio de Alarma de la Defensa Aérea (Quick Reaction Alert) mantiene de forma continua unidades de interceptación preparadas para despegar en menos de quince minutos. Las bases aéreas de Torrejón de Ardoz, Zaragoza y Morón de la Frontera albergan las alas de combate equipadas con los aviones EF-18 Hornet y Eurofighter Typhoon.

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Estas aeronaves, dotadas con radares de última generación y cañones de tiro rápido, pueden ser guiadas directamente hacia los blancos marinos mediante la información de los aviones de alerta temprana y control aéreo. Su misión prioritaria en este escenario es destruir los vectores en el espacio marítimo internacional, destruyendo las amenazas mucho antes de que pongan un pie en el litoral peninsular.

A nivel defensivo, España no actúa de manera aislada dentro del teatro operacional. La protección del flanco sur forma parte del esquema global de Defensa Colectiva de la OTAN, cuyo Mando Aéreo Aliado centraliza la información de todos los radares situados en el sur de Europa. Esta integración operativa permite que los datos captados por buques de países aliados que patrullan el Mediterráneo se viertan instantáneamente a los centros de mando españoles.

Gracias a esta interoperabilidad total, cualquier movimiento sospechoso detectado a cientos de millas náuticas activa un protocolo de alerta temprana unificado, garantizando una capacidad de respuesta contundente ante las nuevas tácticas de la guerra asimétrica.

Eurofighter Halcón en unas maniobras (Fuente: Airbus)
Eurofighter Halcón en unas maniobras (Fuente: Airbus)

El desafío de la protección a infraestructuras críticas continentales

La experiencia acumulada en los conflictos del este de Europa ha puesto de manifiesto que las agresiones con drones no buscan únicamente objetivos puramente militares. La doctrina enemiga prioriza el desgaste psicológico y económico mediante el sabotaje de la red eléctrica, las plantas de regasificación o los centros logísticos clave.

Por ello, el Ministerio de Defensa y el Ministerio del Interior mantienen protocolos conjuntos de seguridad nacional para desplegar capacidades antidrón adicionales en los grandes núcleos urbanos y puntos neurálgicos del Estado. Estos sistemas portátiles de neutralización electromagnética, junto con el refuerzo de la vigilancia en los puertos comerciales de Barcelona, Valencia y Algeciras, aseguran la protección integral del territorio ante cualquier intento de desestabilización a través del mar.