Rabat estudia suspender el acuerdo de extradición con España mientras Vox agita la ‘sumisión’ de Sánchez ante la nueva crisis migratoria. El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, ha confirmado que su departamento debate la suspensión de la entrega de reclamados.
El anuncio, recogido por la prensa nacional tras las declaraciones del ministro a la agencia EFE, no está aún formalizado. Marruecos vincula la posible suspensión a la política migratoria española: Rabat asegura que impide la salida de migrantes, mientras España, a su juicio, los acepta y regulariza. El ministro ha admitido que, cuando Marruecos impide la entrada de migrantes, España adopta la posición contraria, un choque que se arrastra desde hace años. El desencuentro se produce tras la avalancha registrada en Ceuta el 30 de julio.
Qué plantea Vox y con qué argumentos
Para Vox, el anuncio de Rabat confirma una tesis que la formación viene sosteniendo desde hace meses: la política migratoria del Gobierno de Pedro Sánchez ha erosionado la soberanía nacional y ha convertido a Marruecos en un actor que impone condiciones a España. La dirección del partido considera que la regularización masiva produce un efecto llamada que desborda los controles en Ceuta.
El argumentario de Vox no es nuevo. La sentencia del Tribunal Supremo de 8 de julio, que excluye las devoluciones en caliente para las personas interceptadas en el mar, es, según el partido, el detonante de la crisis de finales de julio. En aquel episodio, decenas de miles de personas entraron en Ceuta, un dato que Vox vincula directamente con la política de brazos abiertos del Ejecutivo.
En línea con esa tesis, Vox ha reclamado en el Congreso de los Diputados un endurecimiento de la normativa de extranjería y la devolución de todos los migrantes irregulares, incluidas las personas rescatadas en el mar. El grupo parlamentario ha insistido en que la política de regularización incentiva la llegada de menores no acompañados y debilita la posición española ante Rabat. La dirección ya ha situado la defensa de la soberanía como eje de su oposición al Gobierno.
El partido no ahorra críticas al Ejecutivo. Según su análisis, las palabras del ministro marroquí —cuando reprocha que ‘cuando nosotros impedimos la entrada, ellos aceptan a los inmigrantes’— describen con precisión la descoordinación bilateral. Para Vox, no se trata de un conflicto entre dos políticas legítimas, sino de la consecuencia lógica de una cesión de soberanía que deja a España sin capacidad de respuesta frente a un socio que utiliza la presión migratoria como herramienta diplomática.
El anuncio de Rabat no es solo un gesto diplomático: deja al Gobierno ante una disyuntiva que Vox lleva meses señalando.
Impacto y reacciones: la presión de Rabat sobre el Gobierno
El acuerdo de extradición entre Marruecos y España tiene implicaciones jurídicas directas. El ministro marroquí ha explicado que, en ocasiones, cuando Rabat solicita la entrega de una persona, España la detiene inicialmente pero no llega a completarse el traslado. A esto se suma la reclamación de que Madrid devuelva a los menores marroquíes antes del inicio del curso escolar. El Gobierno no ha respondido formalmente, según la información disponible.
La presión no se limita a la extradición. Ouahbi ha reclamado la devolución de los menores marroquíes que permanecen en Ceuta y en el resto de España: ‘Queremos que nos devuelvan a todos nuestros niños’, ha dicho. También ha asegurado que Marruecos ha recibido denuncias de violaciones y desapariciones de algunos de ellos, una afirmación que el Gobierno español no ha confirmado. El ministro ha planteado, además, una disyuntiva incómoda: o ambos países aceptan de forma concertada los flujos migratorios, o los rechazan también de forma coordinada.
La estrategia de Vox: un flanco contra Sánchez
A nuestro juicio, esta crisis entrega a Vox un flanco nítido contra el Ejecutivo. La dirección del partido, con Santiago Abascal al frente, ve reforzado su discurso sobre la cesión de soberanía y la debilidad de la diplomacia española frente a Rabat. El movimiento marroquí coloca al Gobierno en una posición incómoda: o responde con firmeza y gestiona la crisis migratoria, o asume un nuevo capítulo de presión exterior que Vox capitalizará como prueba de sumisión.
En paralelo, la crisis tensiona también al Partido Popular (PP). Los de Alberto Núñez Feijóo han tratado de marcar distancias con Vox en inmigración sin romper del todo el espacio de la derecha. La formación de Abascal lleva meses reclamando una política migratoria de máximos; el pulso actual puede obligar al PP a posicionarse con claridad. Ese es el terreno que Vox busca dominar antes del próximo ciclo electoral.
