Los bancos contra Apple Pay han puesto cifra al pulso: el 0,15% de cada compra con tarjeta de crédito. Un juez federal estadounidense certificó el pasado 23 de septiembre la demanda colectiva que permite a miles de entidades litigar juntas contra ese peaje. La banca europea no ha esperado a la sentencia y ha construido por su cuenta la alternativa que Bruselas le exigió a Apple.
Claves de la operación
- Quince céntimos por cada 100 dólares. El banco emisor abona a Apple el 0,15% del importe en tarjetas de crédito y medio céntimo por operación en débito. Los demandantes calculan que la compañía ingresa hasta 1.000 millones de dólares al año por esta vía.
- Europa ya forzó la apertura del chip NFC. Bruselas aceptó en julio de 2024 los compromisos de Apple para abrir el NFC a terceros durante diez años, con multas de hasta el 10% de su facturación global si los incumple.
- España funciona como laboratorio europeo. BBVA lanzó su cartera NFC en octubre de 2025, Santander la integró en su aplicación y Bizum Pay aterrizó en iOS en julio de 2026. Cada pago que no pasa por Apple Pay es una comisión que el banco no paga.
El pleito que convierte a miles de bancos en demandantes
La historia arranca en 2022, cuando tres cooperativas de crédito estadounidenses —Affinity Credit Union, GreenState Credit Union y Consumers Co-op Credit Union— denunciaron a Apple por bloquear la competencia en los pagos con iPhone. Su tesis: al impedir que otras carteras usaran el chip NFC, Apple Pay quedaba como única opción para pagar acercando el móvil al datáfono, y esa exclusividad le permitía cobrar a los emisores de tarjetas. En 2023 la jueza mantuvo vivo el cargo de monopolización y la compañía no logró archivar el caso.
El juez Jeffrey White certificó la demanda como colectiva el 23 de septiembre. La resolución no declara que Apple haya vulnerado la ley de competencia ni fija indemnización alguna: abre la puerta a que cualquier entidad estadounidense que haya emitido una tarjeta compatible con Apple Pay y haya pagado comisiones pueda sumarse al litigio. Se calcula que serán miles de bancos y cooperativas de crédito.
Los números que sostienen la reclamación son sencillos. En una compra de 100 dólares con crédito, el banco paga 15 céntimos a Apple; en una de 1.000 dólares, 1,50. Los demandantes sostienen que la compañía ingresa hasta 1.000 millones de dólares anuales por estas comisiones y comparan con Android, donde conviven varias carteras y ninguna cobra al emisor por los pagos contactless. Si Apple hubiera competido con otras carteras dentro del iPhone, argumentan, no habría podido mantener ese precio.
Bruselas ya abrió el NFC y España es el laboratorio
La Comisión Europea abrió expediente en junio de 2020 y concluyó que excluir a los rivales de Apple Pay limitaba la innovación. En julio de 2024 aceptó los compromisos de la compañía para abrir el chip a terceros durante diez años, con la amenaza de sanciones de hasta el 10% de su facturación anual global. Desde iOS 18.1 los desarrolladores ya pueden ofrecer pagos contactless fuera de Apple Pay, siempre con aprobación de la compañía y un acuerdo comercial con comisiones propias, distintas de las que se discuten en el pleito estadounidense.
El acceso al NFC está disponible en Estados Unidos, Canadá, Australia, Brasil, Japón, Nueva Zelanda, Reino Unido, y el Espacio Económico Europeo, entre otros mercados. En España el resultado tiene nombres propios: BBVA fue el primer banco español en lanzar una cartera NFC en octubre de 2025, Santander integró la suya en la aplicación y Bizum Pay llegó a iOS y Android en julio de 2026 como cartera independiente que carga el pago sobre la cuenta bancaria asociada. Una alianza de hecho que no necesita despacho de abogados.
Apple no ha perdido cuota en España: ha perdido la exclusividad, y con ella la capacidad de fijar el precio de un peaje que hasta ahora nadie discutía.
En la práctica, el funcionamiento es casi idéntico al de la cartera de Apple. Se elige la aplicación predeterminada en Ajustes, se hace doble toque en el botón lateral y salta el lector NFC sin abrir nada. No es tan rápido ni tan vistoso, pero cumple. La diferencia real no está en la experiencia del usuario, sino en quién paga a quién.
El pulso que BBVA y Santander libran sin romper con Apple
Conviene mirar el mapa español con calma. BBVA y Santander compiten en el IBEX 35 por el mismo cliente digital, y ambos mantienen activa la cartera oficial de Apple Pay mientras desarrollan la propia. La razón es puramente comercial: renunciar a Apple Pay cuesta más clientes de los que ahorra en comisiones, y ninguna entidad quiere ser la primera en comprobarlo. Bizum, lanzado en 2016 por la propia banca española, es el precedente más claro de que el sector sabe coordinarse cuando el incentivo es lo bastante grande. Entonces se trataba de recuperar los pagos entre particulares que se escapaban al sistema financiero. Ahora, de recuperar el peaje del pago móvil.
El riesgo está en el otro lado de la balanza. Apple podría reaccionar cobrando por asociar la tarjeta o modificando las condiciones de su cartera, y la investigación europea mantiene abierta la vigilancia sobre los compromisos, que siguen vigentes hasta 2034. Si la demanda estadounidense prosperase, un banco podría plantearse dejar de ofrecer Apple Pay o trasladar el coste al cliente. Es una hipótesis, y cada entidad tendría que valorar si le compensa perder volumen de pago para ganar margen por operación.
La próxima cita no tiene fecha pública. El tribunal estadounidense debe fijar el calendario procesal del litigio ya certificado, mientras la Comisión Europea mantiene abierta la vigilancia sobre el cumplimiento de los compromisos del NFC. En ese intervalo, la pregunta que sobrevuela el sector español es sencilla: qué entidad se atreverá a apagar Apple Pay primero, y cuántos clientes está dispuesta a perder para averiguarlo.

