Bruselas prepara su arsenal para la batalla comercial China-UE

Bruselas combina herramientas antidumping, salvaguardias y un fondo de compensación para mantener unida a la UE si Pekín responde con represalias. España figura entre los socios más reticentes, por miedo a las consecuencias sobre sus sectores exportadores.

La Comisión Europea afina su arsenal para la batalla comercial China-UE mientras las negociaciones con Pekín encaran octubre como mes decisivo.

El plan de contingencia se mueve en dos direcciones

El dato que explica la urgencia es estructural: en 2025 el déficit comercial con el gigante asiático superó 370.000 millones de euros y, al ritmo actual, este año apunta a ser todavía mayor. Detrás de esa brecha, un informe del FMI de finales de 2025 situaba los subsidios de China en el 4,5% del PIB, frente al 2,2% de la UE. La OCDE añadía en junio que Pekín ayuda a su industria entre tres y ocho veces más, contando subvenciones, deducciones fiscales y préstamos baratos. Goldman Sachs calculaba en 2025 que la moneda china está artificialmente devaluada en torno al 25%, lo que abarata las exportaciones y encarece las importaciones.

Bruselas ya intentó el diálogo bilateral en 2008 y lo abandonó en 2023 por falta de resultados. Desde que el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, se reunió con el ministro chino del ramo, Wang Wentao, hay contactos técnicos regulares. Fuentes comunitarias admiten que eso no ha frenado el avance del plan de contingencia.

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La primera vía del arsenal europeo es usar herramientas que ya existen y encajan en las reglas de la OMC: investigaciones antidumping, procedimientos antisubvenciones y mecanismos de salvaguardia frente a importaciones masivas que distorsionan el mercado interior. En 2023, una investigación de este tipo acabó con aranceles adicionales a los coches eléctricos chinos. El problema es que las salvaguardias no permiten discriminar por países y pueden golpear a socios como Corea, Canadá o Japón. La propia Comisión lleva abiertos decenas de expedientes contra China: 79 en 2022, 82 en 2023 y 85 en 2024, cerca del 60% del total de investigaciones comunitarias.

La segunda vía pasa por crear herramientas nuevas. Una anima a empresas, sectores y Estados a diversificar proveedores en nodos críticos de las cadenas de valor, sin prohibir la dependencia china: la doctrina que Ursula von der Leyen resume en inglés como derisking, no decoupling. La otra es un fondo de compensación para que Pekín no pueda romper la unidad interna si responde de forma desigual contra países o sectores concretos. En Bruselas se mira de reojo a España, probablemente el socio más reticente a medidas contra Pekín por miedo a las consecuencias.

Por qué octubre es una trampa negociadora

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, recordó en junio que Europa ha creado herramientas defensivas en los últimos años y que ahora debe usarlas ‘de manera más proactiva. El giro alemán es significativo: hace solo dos años Berlín se resistía a aranceles adicionales a los coches eléctricos chinos, y ahora hasta el consejero delegado de Volkswagen, con fuertes inversiones en China, ha pedido tasas para los híbridos enchufables importados del gigante asiático.

Bruselas no prepara un divorcio comercial con China: prepara una red de solidaridad interna para que ningún socio rompa filas cuando Pekín responda.

La apuesta negociadora es frágil porque Pekín ya demostró, cuando la UE sancionó a catorce empresas chinas vinculadas con Rusia, que responde de inmediato. Jakob F. Kirkegaard, investigador de Bruegel, lo resume así: la Comisión se ha dado de plazo hasta octubre, pero será muy difícil porque Pekín reaccionará de forma agresiva y tiene capacidad para hacerlo con minerales críticos y otros medios. Solo cabe esperar, añade, que los chinos consideren el acceso al mercado europeo lo bastante valioso como para hacer concesiones.

Sander Tordoir, economista jefe del Centro para la Reforma Europea, cree que China está aplicando una táctica dilatoria para ganar cuota de mercado mientras crea un grupo de consumidores adictos a sus productos baratos. El informe que publicó en mayo sobre el impacto de las exportaciones manufactureras chinas en la industria alemana ha contribuido al cambio de postura de Berlín.

Comisión Europea China

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El Eje del Poder Europeo

La geometría interna de esta batalla es doble. Por un lado, Berlín y París buscan una respuesta común que evite el colapso de la industria europea del automóvil y la maquinaria. Por otro, los socios del sur, con España a la cabeza, miran con recelo un choque frontal que podría afectar a sus exportaciones agroalimentarias y a inversiones chinas sensibles. La mayoría de los Estados miembros se muestra reticente a dar el paso si no hay red de seguridad financiera.

Ese es el verdadero propósito del fondo de compensación que baraja Bruselas: replicar el mecanismo de solidaridad que se utilizó durante las negociaciones del Brexit para repartir el coste entre los socios. El precedente importa porque muestra que la UE solo se atreve a golpear a un socio comercial enorme cuando consigue blindarse por dentro. Sin esa cohesión, cualquier represalia china —ya sea con minerales críticos, licencias o compras públicas— se convierte en una crisis interna más rápida que la exterior.

La lectura a cinco años es incómoda. Si las empresas y los Estados europeos no se coordinan, Pekín tiene margen para dividir al bloque usando precios bajos y dependencia selectiva. El siguiente examen llega en octubre: sin resultados tangibles, la Comisión ya tendrá sobre la mesa el plan B.