Lidl: adiós a los dedos en el caldo, sepáralo con un giro por 4,99 €

El bote de reloj de arena lleva un colador intermedio que deja el caldo abajo y los pepinillos arriba con solo voltearlo. Cuesta 4,99 euros, se lava en lavavajillas y evita el tenedor sucio dentro del líquido.

El tarro para encurtidos de Lidl promete acabar con el gesto de meter los dedos en el caldo de los pepinillos. En mi casa, hasta ahora, los pinchábamos con tenedor, con pinzas o, en el peor de los casos, con dos dedos que acababan oliendo a vinagre toda la tarde.

No es un drama culinario de altura, ya lo sé. Pero cualquiera que haya tenido que escurrir una aceituna a contrarreloj mientras la ensalada se calienta entiende que este pequeño invento ataca una molestia real y doméstica.

Voy a ser claro: no es un colador externo ni otro cacharro que se pierde en el cajón. El propio tarro separa el caldo de los encurtidos con un solo giro. Eso me ha convencido antes incluso de lavarlo por primera vez.

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El secreto del éxito

  • El giro de reloj de arena: el tarro lleva un colador entre dos cuerpos y, al voltearlo, el caldo cae abajo mientras los encurtidos quedan arriba.
  • Base antideslizante de silicona: no resbala sobre la encimera, ni siquiera recién sacado de la nevera.
  • Lavavajillas sin mezclas: se limpia por completo y no arrastra sabores de un encurtido a otro.

Cómo funciona el giro (y por qué me ha convencido)

La mecánica es de una simplicidad casi infantil. Llenas el tarro con los pepinillos y su líquido, lo cierras y lo guardas en la nevera. Cuando llega el aperitivo, le das la vuelta y el caldo atraviesa el colador integrado.

Los encurtidos se escurren solos en la parte superior y el líquido se queda abajo, sin goteos sobre la mesa. Se acabó el tenedor sucio dentro del bote o la cuchara que resbala justo cuando intentas pescar la última cebollita.

El cuerpo es de plástico resistente y la base de silicona mantiene el tarro firme sobre la encimera. No baila, ni siquiera con las manos mojadas o el bote recién sacado de la nevera.

No es un utensilio milagroso: es una pieza barata que evita el gesto más incómodo del aperitivo.

Después de usarlo con pepinillos agridulces y con aceitunas gordales, lo que más agradezco es el lavavajillas. Si hoy toca aceitunas y mañana cebollitas, no hace falta frotar a mano para evitar sabores cruzados.

El precio también acompaña: 4,99 euros. Menos de lo que cuestan dos botes de pepinillos premium y, sinceramente, mucho más útil que algunos accesorios de cocina que solo circulan por TikTok.

También funciona con cebollitas en vinagre, alcaparras o cualquier conserva que viva sumergida en su propio líquido. Basta con voltearlo y esperar unos segundos: la gravedad hace el resto.

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Ojo con un detalle: si llenas el tarro hasta el borde, conviene dejar un par de dedos de aire. Así el caldo fluye sin forzar la tapa y el giro no termina en salpicadura.

¿Se puede usar con líquidos calientes? Mejor no. Está pensado para conservas frías y nevera, no para caldos o aceites muy calientes que podrían deformar el plástico y estropear la junta.

Variaciones y maridaje

Para sacarle partido, piensa en una tabla de embutidos, una ensaladilla o el aperitivo del domingo. Sirves sin goteo y sin dejar la encimera pegajosa de vinagre, porque el tarro va directo de la nevera a la mesa.

En cuanto al maridaje, los encurtidos piden acidez y frescor. Un vermú con hielo o una cerveza bien fría funcionan, y si hay una gilda de por medio, el tarro se convierte en el mejor aliado para colocar la aceituna sin bañar los dedos.

Si buscas una versión exprés, ni siquiera necesitas presentar el bote entero. Pasa los encurtidos al tarro, escúrrelos con el giro y devuelve el caldo a la nevera en el mismo tarro después de servir. Perfecto para no interrumpir la sobremesa.

Por 4,99 euros, cumple su función y se paga solo en un par de aperitivos.