La deuda pública de EE.UU. supera los 40 billones de dólares: récord histórico que presiona los tipos globales

El Tesoro estadounidense acumula un déficit anual de 2 billones y más de la mitad se destina a pagar intereses. El coste de financiación en Washington condiciona los tipos que pagan empresas y hogares en España.

La deuda pública de Estados Unidos ha superado los 40 billones de dólares, un récord histórico que el Tesoro federal asume sin mayor drama político.

El déficit fiscal ronda los 2 billones de dólares anuales y, según los datos del Tesoro, más de la mitad de esa cifra se destina a pagar intereses de la deuda. No a financiar carreteras, defensa o sanidad: a devolver el coste de financiarse.

Hace tres décadas, una cifra así habría desatado un terremoto en Washington. En 1992, el déficit apenas rozaba los 290.000 millones de dólares, récord de entonces, y fue uno de los ejes de la campaña presidencial que enfrentó a Bill Clinton, George H. W. Bush y Ross Perot. El debate fiscal tenía consenso bipartidista.

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Hoy no existe esa coalición. El último presupuesto federal equilibrado data de 1998. Desde 2015, el déficit anual no baja de 500.000 millones. Y desde la pandemia de 2020, ni un solo año ha cerrado por debajo de 1,3 billones.

El proyecto político de disciplina fiscal —el que encarnaron el senador demócrata Paul Tsongas y la Concord Coalition— ha quedado al margen. El Tea Party, la corriente de base aritméticamente conservadora que hace una década consideraba a Paul Ryan un derrochador, se ha disuelto en la nueva política republicana.

Hace 35 años, el déficit estadounidense movilizaba campañas electorales; hoy, 40 billones de deuda no generan ni un comité de urgencia.

La tolerancia al déficit no es exclusiva de un partido. Con Joe Biden en la Casa Blanca, el desequilibrio anual nunca bajó de 1,3 billones; con Donald Trump en su segundo mandato no consecutivo, aún no baja de 1,8 billones. La pandemia y la crisis financiera de 2008 explican parte del salto, pero no la ausencia de respuesta política.

Por qué el déficit de 2 billones ya no moviliza al Congreso

La respuesta no es ideológica: es estructural. El déficit no se combate porque ya no duele. El rojo actual ronda los 2 billones, el doble del presupuesto federal de 1987, cuando todo el Gobierno alcanzaba por primera vez el billón. Se normaliza, se financia y se olvida.

La Seguridad Social, el mayor programa de gasto del país, proyecta su insolvencia para 2032 sin que la fecha genere un plan legislativo serio. En el Senado, la reconciliación presupuestaria —el procedimiento que permite aprobar leyes fiscales con solo 51 votos, esquivando el filibusterismo— se utiliza para bajar impuestos, no para reducir gasto.

El Banco de España sigue de cerca esos movimientos. El coste del dinero en Washington fija el suelo de los tipos globales. Si el Tesoro paga más por sus bonos, los inversores exigen más rentabilidad al resto de emisores. La conexión con Madrid es directa.

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El coste del dinero cruza el Atlántico: España paga por la deuda americana

El canal más visible es el mercado de deuda. Los tipos del bono americano a diez años marcan la referencia del ahorro mundial, y la deuda española se mueve en simpatía con él. Un Tesoro estadounidense endeudado hasta los 40 billones, sostiene la financiación global. No es neutral para España.

Las empresas españolas con negocio en Estados Unidos —Iberdrola, Santander, Ferrovial— financian sus operaciones con dólares. Cada punto básico adicional en el coste del dinero americano se traduce en mayor presión sobre sus presupuestos de capital y, a medio plazo, sobre el crédito a familias y pymes en España.

No se trata solo de grandes corporaciones. La hipoteca media española, referenciada al euríbor, responde también al ciclo americano. Cuando la Reserva Federal endurece sus condiciones, el Banco Central Europeo pierde margen para ser laxo. El coste de la deuda de Washington es, en parte, el coste de la hipoteca en Madrid.

La Lógica de Washington

Washington ha llegado a los 40 billones por una combinación de tres camisas de fuerza: la crisis financiera de 2008, la pandemia de 2020 y los estímulos fiscales de las dos últimas administraciones. En este punto, el déficit no es un accidente: es una elección.

La lógica electoral del Partido Republicano actual entiende que los recortes de impuestos generan más rédito político que la erosión gradual de la solvencia fiscal. Fue Dick Cheney quien lo verbalizó con George W. Bush: ‘los déficits no importan’. Ronald Reagan demostró que se puede bajar impuestos sin recortar gasto y salir airoso.

El electorado que sostiene a Donald Trump no castiga el endeudamiento porque no lo experimenta de forma inmediata. La inflación de 2022, la más alta en 41 años, no enfrió el entusiasmo por la expansión monetaria y el gasto. Los ciudadanos sienten los precios; la deuda, no.

Para España, la lectura estratégica es clara: mientras la deuda americana crezca más rápido que la economía, los tipos globales tendrán un suelo estructuralmente alto. La proyección a tres años invita a pensar en una financiación soberana más cara, no más barata. Las empresas lo descontarán; las familias también.

Ficha del Caso

  • El caso: La deuda pública de Estados Unidos rebasa los 40 billones de dólares y el déficit anual ronda los 2 billones, de los que más de la mitad se destina a intereses. La tolerancia política ha crecido al ritmo del endeudamiento.
  • Datos clave: Deuda a 40 billones, déficit de 2 billones, sin presupuesto equilibrado desde 1998. La Seguridad Social proyecta insolvencia en 2032.
  • Para España: El coste de financiación del Tesoro americano presiona los tipos a largo plazo y encarece el crédito y la deuda pública española, con especial impacto en sectores intensivos en capital.