La muerte de Josep Cusí, armador del Bribón y amigo íntimo del Rey Juan Carlos, cierra una etapa.
Josep Cusí Ferret nació en Barcelona el 13 de enero de 1934 y falleció a los 92 años tras un largo adiós marcado por un ictus sufrido en 2021. Fue ingeniero electrónico de formación, aunque su trayectoria empresarial permaneció en un discreto segundo plano. Su huella pública quedó ligada a la iluminación de espacios emblemáticos de Barcelona, como la fuente de Montjuïc, Santa María del Mar o la basílica del Tibidabo.
Antes de convertirse en el armador del Bribón, Cusí fue tirador olímpico en los Juegos de México 1968. En esa faceta coincidió con el entonces príncipe Juan Carlos, también instructor de tiro de Franco. Aquella experiencia compartió con el futuro monarca una visión de España y de la Corona que mantendría durante décadas.
Un hombre de mar y de confianza del Rey Juan Carlos
El mar fue su refugio.
La relación con el Rey Juan Carlos se forjó en la mar. Cusí fue el responsable de la saga de los Bribones, los barcos con los que el monarca compitió durante años en aguas mediterráneas. Compartían sastrería de cabecera —Bel, en Barcelona— y, durante los años en que el Rey se mantuvo delgado, bromeaban con que la misma ropa valía para ambos.
La discreción fue su sello. En el texto que recuerda su figura se subraya que jamás utilizó la proximidad con el Rey para sacar provecho. Al contrario, fue un amigo leal y generoso, que llamaba a Don Juan Carlos el jefe y que guardó sus secretos incluso cuando algunos editores le tentaron con jugosas ofertas.
Cusí no era nacionalista, pese a su barcelonismo arraigado. Según el relato periodístico, Franco le advirtió en una conversación privada sobre Jordi Pujol, a quien consideraba un elemento peligroso para la concordia nacional. Aquella advertencia la recordó siempre al Rey Juan Carlos, también cuando se hablaba en España de la supuesta relación privilegiada, entre el monarca y el presidente de la Generalitat.
Su sentido del humor tampoco abandonó en los últimos años. Tras una clase de aquagym, Cusí observó a sus compañeros octogenarios y bromeó: ‘No volveremos’. Acto seguido, tiró el bañador a la basura.
La lealtad de Cusí no se midió en declaraciones públicas, sino en la discreción con la que guardó los secretos de un reinado que hoy se mira con perspectiva.
La discreción como forma de lealtad
Cusí no presumió nunca de su proximidad al poder. Se daba cuenta de que la mayoría de la gente se le acercaba por su familiaridad con el Rey. Aun así, supo vivir al margen de las habladurías que su figura generó en Barcelona. No hubo visita del Rey Juan Carlos a Cataluña en la que no se viera con él, de un modo público o privado.
Su matrimonio con Inés Muíños confirmó su generosidad, al hacerse cargo como propia de la hija de una relación anterior de su esposa. El gesto no fue casual. Reflejaba la misma lealtad que practicaba con el jefe y con sus amigos: discreta, constante y ajena a la notoriedad.
En los años complicados del proceso independentista, Cusí ejerció de puente entre la Corona y algunos periodistas. Facilitó, siempre con extrema reserva, que se pudiera conocer el parecer del Rey sin revelar de forma clara que aquellas palabras provenían de él. Su intermediación fue valiosa, pero nunca la monetizó.
El legado de un círculo íntimo en la monarquía contemporánea
La figura de Josep Cusí sirve para entender el papel de los amigos íntimos en la institución de la Corona. No es un cargo oficial, pero su influencia silenciosa ha sido clave en la estabilidad de la casa del Rey. Cusí pertenecía a un círculo de leales que acompañó a Juan Carlos I en los años de la Transición y en los tormentosos años posteriores. Su muerte, a los 92 años, cierra un capítulo de memoria personal que la propia institución ya no replica de la misma manera.
La monarquía española ha virado hacia la transparencia y la profesionalización de su entorno. Los consejeros actuales de Felipe VI responden a un perfil más técnico y menos personal. En ese contexto, la pérdida de Cusí evidencia el fin de una época en la que la lealtad se expresaba más con gestos que con informes. Zarzuela, sin embargo, no ha emitido ningún comunicado oficial sobre el fallecimiento del armador.
Cabe recordar que Cusí no fue un actor político, pese a su intermediación en los años del independentismo. Su lealtad fue personal, no institucional. Esa distinción, a menudo difuminada en las crónicas, es la que conviene matizar hoy. El Rey emérito ha perdido a uno de sus últimos confidentes de la vieja guardia barcelonesa.
La mar ya no es igual.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: El fallecimiento de Josep Cusí, a los 92 años, cierra una etapa del círculo íntimo del Rey Juan Carlos, marcada por la lealtad personal y la discreción.
- El detalle de protocolo: Cusí nunca ocupó un cargo oficial, pero su papel como armador del Bribón y enlace informal en Cataluña lo convirtió en una figura relevante de la memoria de la Corona.
- Próximos pasos: La Casa del Rey no ha comunicado oficialmente condolencias; habrá que observar si Felipe VI o el Rey emérito se pronuncian en los próximos días.
