El BCE recomienda guardar efectivo en casa ante ciberataques: los billetes en circulación alcanzan 1,6 billones

Los billetes de euro han pasado de un billón en 2016 a 1,6 billones en junio de 2026, pese a la caída del pago en metálico. Varios países europeos ya recomiendan reservar entre 70 y 100 euros por hogar para emergencias.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El BCE constata que los billetes de euro en circulación alcanzan 1,6 billones en junio de 2026, frente a un billón en 2016.
  • ¿Quién está detrás? El Banco Central Europeo y varios Estados miembros que ya recomiendan reservas de efectivo en los hogares.
  • ¿Qué impacto tiene? La recomendación de guardar entre 70 y 100 euros se extiende ante ciberataques, apagones o desastres climáticos.

El BCE sitúa la circulación de billetes en 1,6 billones y la recomendación de guardar efectivo en casa se extiende por Europa. Philip Lane, economista jefe del BCE, lo resumió en la conferencia MacGill Summer School: ‘El volumen total de billetes sigue creciendo’.

La paradoja es evidente. Cada vez se paga menos en metálico, pero los europeos atesoran más billetes. Según los datos del BCE recogidos por The Guardian, circulan ya más de 31.000 millones de billetes, frente a los cerca de 24.000 millones de 2019. La pandemia primero y la guerra en Ucrania después empujaron a muchos hogares a reforzar sus reservas.

La paradoja del efectivo: menos uso en las compras y más billetes guardados

El salto de un billón de euros en 2016 a 1,6 billones en junio de 2026 no se debe a un repunte del pago en tiendas. El BCE admite que el efectivo pierde peso en las transacciones cotidianas, pero gana función de reserva. Los hogares lo guardan para emergencias.

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La explicación no es puramente financiera. Guerras, ciberataques, incendios, inundaciones o tormentas pueden dejar sin servicio los sistemas electrónicos de pago. Si falla la red bancaria o la conexión, un billete de 50 sigue operativo. La UE lo incorporó en 2025 a su kit de preparación para 72 horas, junto a agua embotellada, conservas y una radio. La lógica es simple: si un ciberataque tumba los sistemas de pago durante días, el efectivo permite comprar medicinas, combustible o alimentos sin depender de un banco.

Austria, Finlandia, Alemania, Suecia, y Países Bajos han ido un paso más allá. Recomiendan mantener entre 70 y 100 euros por hogar, por si las aplicaciones móviles o los terminales dejan de funcionar durante unos tres días.

La digitalización no ha matado al billete: lo ha convertido en un activo de seguridad para cuando todo lo demás falla.

Por qué media Europa pide 100 euros en casa para 72 horas

La recomendación no es unánime ni tiene fuerza de ley. Cada Estado decide su umbral y su comunicación. En el centro y norte de Europa la cifra se sitúa entre 70 y 100 euros; en el sur, la discusión ha entrado sobre todo por la vía de los incendios forestales.

España ha sufrido este verano incendios en varias comunidades y no aparece en la lista de países que han formalizado una cantidad concreta. Eso no significa que el BCE ignore el problema: el supervisor europeo defiende que el efectivo siga siendo accesible y pide una red suficiente de cajeros automáticos.

En 2025, el billete de 50 euros era el más habitual, seguido del de 100. El repunte de denominaciones altas refuerza la tesis del atesoramiento: no se trata de comprar el pan, sino de guardar valor en formato físico.

billetes en circulación

La profesora Olive McCarthy, de la University College Cork, advierte de un riesgo de fondo. Si el dinero físico se reserva solo para crisis, su uso cotidiano puede degradarse. ‘Si dejamos de utilizarlo cuando no hay una crisis, puede que no resulte fácil usarlo cuando sí la haya’, explica. También recuerda que mayores y personas vulnerables dependen del efectivo, y que sigue siendo una herramienta pedagógica para enseñar a los niños a gestionar el dinero.

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El Eje del Poder Europeo

Detrás de la recomendación hay también una lectura geopolítica. El efectivo es la única infraestructura de pago que no depende de la electricidad ni de proveedores digitales. Por eso los países más expuestos a tensiones con Rusia, como Finlandia o Alemania, han sido de los primeros en fijar cifras concretas. Los del sur, con España a la cabeza del debate climático, llegan al mismo punto por la vía de incendios e inundaciones.

El precedente de 2020 es claro: durante las primeras semanas de la pandemia, los europeos retiraron efectivo en máximos históricos. La psicología de la crisis se repite ahora con otro detonante: el miedo a un apagón digital que bloquee tarjetas y transferencias.

El BCE no ha propuesto una reserva mínima común para toda la eurozona. Prefiere que cada capital adapte el mensaje a sus riesgos. La contradicción es que Bruselas impulsa al mismo tiempo el euro digital y la reducción del efectivo, mientras sus propios protocolos de emergencia recomiendan guardar billetes. No es menor: si la moneda digital se cae por un ataque, el efectivo se convierte en el último respaldo operativo.

Para los hogares españoles, la lección es más práctica que estratégica. Un pequeño colchón de 100 euros no soluciona una crisis, pero evita la dependencia absoluta de un datáfono o de una app bancaria. La próxima señal llegará con los boletines mensuales del BCE, que seguirán midiendo si los europeos gastan menos en metálico pero guardan más.