Alberto Núñez Feijóo ha marcado este sábado la cuenta atrás oficial: al presidente del Gobierno le queda un año exacto de margen legal para convocar elecciones generales si quiere cumplir su promesa de agotar la legislatura. La fecha tope del 22 de agosto de 2027 no es una imposición del PP, sino el resultado de la aplicación estricta de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG). Y eso cambia, desde hoy, la estrategia de Génova ante el calendario político.
Por qué Génova espera a Sánchez en el calendario electoral
La aritmética electoral no deja demasiado margen. Las últimas generales se celebraron el 23 de julio de 2023 y el mandato de las Cortes tiene una duración máxima de cuatro años. La legislatura expiraría, por tanto, el 23 de julio de 2027 si Sánchez no disuelve antes las Cámaras. Pero la LOREG obliga a retroceder en el calendario. Su artículo 42 establece que, cuando no existe una disolución anticipada, el decreto de convocatoria debe expedirse 25 días antes de que termine el mandato. Eso obligaría a Sánchez a firmarlo el 28 de junio de 2027 para que apareciera publicado al día siguiente en el Boletín Oficial del Estado. Y la propia ley determina que las elecciones deben celebrarse 54 días después de esa publicación. La cuenta termina el 22 de agosto.
Desde el PSOE se ha especulado con un “superdomingo” electoral el 23 de mayo de 2027, cuando están previstas las municipales en toda España y las autonómicas en diez comunidades. Sánchez lo ha descartado en varias ocasiones. La fecha de las municipales no depende de Moncloa: deben celebrarse el cuarto domingo de mayo cada cuatro años. Ese mismo día acudirán también a las urnas Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Madrid, Murcia, Navarra y La Rioja, además de Ceuta y Melilla.
La decisión de Sánchez se mueve, por tanto, entre dos grandes escenarios: convocar las generales antes de esa enorme cita electoral o dejar que las municipales y autonómicas midan primero la temperatura política del país y celebrar después las generales. Es en ese escenario en el que aparecen febrero y marzo como posibles ventanas para un adelanto de apenas unos meses. La alternativa sería avanzar hacia el verano, con julio como una opción mucho más manejable que llevar las urnas hasta el límite legal del 22 de agosto.
Génova lee la incertidumbre de Sánchez como un activo: la prórroga presupuestaria no es un problema técnico, sino la evidencia de que su mayoría ya no gobierna.
Presupuestos, socios y la mayoría que se apaga
Antes de resolver el calendario electoral queda otra prueba determinante: los Presupuestos Generales del Estado. Sánchez lleva tiempo defendiendo que las legislaturas duran cuatro años y que la ausencia de nuevas cuentas públicas no obliga constitucionalmente a convocar elecciones. Sin embargo, el pasado junio introdujo por primera vez un matiz relevante. Preguntado en Bruselas por las exigencias del PNV y Coalición Canaria para que convocara elecciones si era incapaz de aprobar unos nuevos Presupuestos, el presidente evitó garantizar que mantendría la legislatura en cualquier circunstancia. “Negociaremos con ellos, y si se tienen que tomar decisiones, pues las tomaremos, efectivamente, cuando se produzcan esas hipótesis”, respondió.
Sánchez dejó una puerta entreabierta. Fuentes gubernamentales trataron después de rebajar el significado de aquellas palabras, pero la precisión fue clara: una convocatoria unos meses antes de la fecha límite podría considerarse un simple “adelanto técnico” y permitiría defender políticamente que la legislatura había quedado prácticamente agotada. Por eso, el próximo movimiento presupuestario será fundamental. El Ejecutivo ha garantizado que presentará un proyecto de Presupuestos para 2027, aunque todavía no ha concretado si respetará el calendario ordinario. Si lo hiciera, las cuentas tendrían que llegar al Congreso antes del próximo 1 de octubre. A partir de entonces comenzaría una negociación parlamentaria que serviría también para medir si la mayoría que permitió investir a Sánchez continúa existiendo.
Los Presupuestos pueden convertirse en la última gran prueba de resistencia de la legislatura. Si salen adelante, Sánchez tendrá argumentos para mantener su hoja de ruta. Si fracasan, volverá a enfrentarse a las exigencias de quienes consideran agotada una mayoría incapaz de aprobar las cuentas del Estado. La lectura estratégica es otra: el Gobierno ya no lidera la agenda, la administra con prórrogas.
El Eje del Poder Popular
En el PP, la cuenta atrás no se recibe como una amenaza, sino como la confirmación de que la legislatura ha entrado en su fase terminal. La dirección nacional de Feijóo trabaja con la hipótesis de un adelanto electoral no anunciado, y los barones territoriales han intensificado su actividad de gestión para llegar al ciclo con resultados comparables. Isabel Díaz Ayuso, con mayoría absoluta en Madrid, y Juanma Moreno en Andalucía encabezan el argumentario popular ante el Gobierno: frente a la inestabilidad de una mayoría fragmentada, las comunidades gobernadas por el PP ofrecen estabilidad, cuentas aprobadas en tiempo y pactos de gobierno cerrados con normalidad. Esa comparación será clave en la campaña.
El Grupo Parlamentario Popular del Congreso ya ha desplegado una estrategia de desgaste selectivo: leyes que muestran las contradicciones del Gobierno y votaciones que obligan a los socios a retratarse. En el Senado, con 120 senadores del PP, la mayoría absoluta popular seguirá funcionando como palanca institucional para frenar o ralentizar los proyectos más controvertidos del Ejecutivo. La legislatura no ha terminado, pero el margen de acción del Gobierno se estrecha de forma proporcional a su dependencia de Junts, ERC y las formaciones vascas.
El precedente es claro: en 2018, la moción de censura expulsó a Mariano Rajoy del Gobierno; ahora la presión no es un desalojo institucional, sino la crónica de una mayoría que sobrevive sin presupuestos, sin relato y sin aliados fiables. La posición de Feijóo es defender que el adelanto electoral no es una hipótesis académica, sino una necesidad democrática para que España recupere la iniciativa política.
El calendario aprieta, y Génova lo sabe. El próximo hito no es el verano de 2027, sino la negociación presupuestaria de octubre, que puede convertir la cuenta atrás en un acelerador inesperado. Para el PP, el mensaje está decidido: la alternativa no es esperar a que Sánchez agote el reloj, es estar preparados para votar mañana si el Gobierno se rompe antes.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: El Gobierno ya no gobierna, administra una mayoría en descomposición sin presupuestos ni horizonte.
- Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del PP).
- Próximo hito: Presentación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2027, antes del 1 de octubre de 2026.
